¿Por qué no jugamos sin árbitros?

El 8 de julio de 1982 el estadio Ramón Sánchez Pizjuán, en Sevilla, se quedó mudo. Yo que lo miraba por televisión quedé estupefacto. Corría el minuto 62 de la semifinal entre Francia y Alemania Federal, y el jugador francés Patrick Battison entraba el área para alcanzar un pase magistral de Michel Platini con posibilidades de gol. El portero alemán Harold Schumacher salió como un tromba con sus 1.86 metro de estatura buscando al jugador, lo arrolló salvajemente con la rodilla y la cadera. Battison quedó inconsciente y así se fue del estadio, con la mandíbula fracturada, los dientes rotos y lesiones en las vértebras.

El mediocre árbitro holandés Charles Corver no pitó el penal ni la expulsión como correspondía, ¡no pito nada! Francia sería eliminada del Mundial de España y vería frustrada la posibilidad de llevar a la final a una de las generaciones más brillantes del fútbol galo. Esta es una de las tantas barbaridades que podrían ilustrar algo así como el llamado ´Libro negro de las grandes injusticias arbitrales´.

De chicos discutíamos, peleábamos, nos retirábamos del juego, pero todo era momentáneo, al final se regresaba a jugar y terminábamos los partidos. Si se ganaba había revancha, si se perdía también. Todo llegaba a feliz término y no se necesitaba árbitro. Pero ese era un estado anterior a la pérdida de la inocencia total.

Concebidos para actuar con equidad, los árbitros no están aislados en una ´burbuja impoluta´, ello los hace receptores de una enorme presión y manipulación que se ejerce en un mundo en el que el fútbol ocupa un lugar con trascendencia económica, social, política, etc. Decir que todos los árbitros son malos es una falacia. Hay árbitros muy buenos que marcaron historia, por nombrar solo uno para el recuerdo, el italiano Pierluigi Collina.

Los árbitros son parte del juego y sin ellos un torneo sería una guerra no declarada. Así que la mejor actitud que puede tener un equipo es el de no olvidar de incorporarlo en la estrategia de juego. El excapitán de la selección nacional Percival Piggott, que enseña a los niños a jugar fútbol, tiene una frase recurrente durante las prácticas, cuando los niños le reclaman: ´profe, pite´, ´fue mano´, ´fue off side´, ´fue gol´.

Piggott les responde tajante “el árbitro es malo, sigan jugando”. En nuestro fútbol, como en el próximo Mundial, quien quiera ganar debe jugar superando al árbitro como al rival.

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