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PUNTO DE VISTA

La selección se nos escapó de las manos

LUIS BURÓN-BARAHONA lburon@prensa.com

OPINIÓN

Una de las máximas más respetadas en el fútbol es “equipo que gana no se cambia”. Es lógico no mover las fichas de un esquema que consigue su objetivo cada vez que pisa la cancha. Prudente también es –o debería ser- que si el plantel no gana en 12 partidos, algo hay que cambiar.

Aparece entonces otra máxima: “el sentido común es lo menos común”. Por ejemplo, lógico hubiese sido sacar del plantel a un jugador rebelde, que no hace caso a la dirección técnica, que siente que cualquier crítica es personal, como es el caso de Armando Cooper. Pese a que fue separado por un tiempo, el director Hernán Gómez, temeroso quizás, lo llamó y lo cambió de posición.

La decisión no solo muestra la ligereza con la que se maneja nuestra selección, si no que crea un antecedente a que cada uno juegue donde le guste y no donde lo manden.

Por otra parte, sería inteligente que el volante de contención fuera un jugador de marca, con garra y físico, que no dé ningún balón por perdido. Y, contra cualquier sentido común, ahí está Gabriel Gómez.

Durante el último partido contra México, Gómez caminó casi que durante todo el segundo tiempo. La falta de marca en el medio es un problema muy serio. El juego de Gómez no le hace honor a su apodo, Gavilán, un ave de presa que rastrea y caza a otros animales, que vuela a altas velocidades hasta conseguir su objetivo sin piedad. Gómez, más bien, es como un pingüino: elegante y de poca movilidad.

Gómez se considera un referente del fútbol nacional. Y lo es; con méritos de sobra, además. Por eso se molestó cuando por las redes sociales le criticaron su estilo de juego. Su reacción, sin embargo, no fue defender su estilo, sino atacar a la “nueva generación del periodismo”. Extraña posición de alguien que compartió con periodistas jóvenes cuando apareció de comentarista en una televisora. Al parecer, la nueva generación es buena a conveniencia.

Lógico también sería que tras 12 partidos sin ganar, el responsable del equipo diera la cara. Pero El Bolillo ha optado por esconderse con la excusa de que fue contratado para las eliminatorias.

Quizás el técnico se olvida de que la selección no es de los jugadores y de la Federación Panameña de Fútbol (Fepafut). Es de todos, y con los impuestos de todos. Igual vale la opinión de un conocedor como de un inexperto. Es como que la corrupción del país se discuta solo por quienes hayan estudiado administración pública.

Hay que dejar de actuar como víctimas que solo se sienten a gusto con apoyo. Menos lágrimas y más ímpetu. Que lo digan los de las disciplinas menos “consentidas”.

Lógico sería que todo se corrigiera. Pero no sucederá. Como en otras instituciones del país, en la selección de fútbol –y mayormente en la Fepafut- hacen lo que les da la gana. Se nos escapó de las manos y nadie tiene el valor de siquiera dar la cara.

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