Leyenda panameña

La última lucha

Estaría dispuesto a enseñar a los niños a luchar como una retribución a un deporte que le dio fama.

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Espinosa se mantiene en forma levantando pesas en el gimnasio Yuyín Luzcando de Betania. Espinosa se mantiene en forma levantando pesas en el gimnasio Yuyín Luzcando de Betania.

Espinosa se mantiene en forma levantando pesas en el gimnasio Yuyín Luzcando de Betania. Foto por: Ana Rentería

Quiere enseñarle su deporte a los niños de Panamá. Quiere enseñarle su deporte a los niños de Panamá.

Quiere enseñarle su deporte a los niños de Panamá. Foto por: Ana Rentería

A sus 71 años de edad está seguro de que puede luchar. A sus 71 años de edad está seguro de que puede luchar.

A sus 71 años de edad está seguro de que puede luchar. Foto por: Archivo

Las cicatrices en el cuerpo de Osvaldo Espinosa delatan que fue un guerrero en el ring. Su rodilla, rostro y brazos son fieles testigos de ello, el hombre apodado Sandokan tiene 71 años de edad y todavía se atreve a saltar de la tercera cuerda.

El luchador de mil y una historia luce fuerte, tanto así que lo han invitado a regresar a los tinglados, una solicitud que ha rechazado varias veces porque no cree que haya buenas intenciones de los promotores.

Sandokan es celoso con su nombre y con su leyenda, ambos aspectos le costaron sangre forjarlos en los mejores ensogados del mundo.

De aquellos llenos completos en la ahora Arena Roberto Durán, donde el público lo vitoreaba, ha pasado a un mundo silencioso, en el que solo se escucha el traquetear de las pesas.

Son pocos los que se acuerdan de sus espectaculares combates contra el mexicano Aníbal y mucho menos los que van a visitarlo al gimnasio Yuyín Luzcando de Betania, donde intenta florecer este marchitado deporte. Allí entrena Espinosa, en un humilde local ubicado debajo de la gradería que da frente al estadio de béisbol.

Hay muchas máquinas de hacer ejercicios, muchas pesas, muchos recuerdos.

El luchador añora los viejos tiempos en que los promotores se esmeraban por hacer un buen espectáculo, y menciona como referencia los años entre 1980 y 1990. A Sandokan no le cuesta retroceder a esos episodios, le traen gratos momentos “porque los luchadores de ese entonces eran dedicados y valientes”, señala.

A eso atribuye que la lucha profesional en Panamá estuviera en todo su apogeo en ese momento, incluso a veces era preferida sobre el boxeo, asegura. “Nosotros llegamos a tumbar el boxeo”, lo dice espontáneamente.

¿Sandokan está preparado para luchar 15 minutos? ¡Más!, responde sentando en una máquina de pesas desde donde señala una vieja lona. La gruesa tela es parte de un cuadrilátero que está desarmado y tirado en una esquina, esperando podrirse o ser rescatado.

Legado

Espinosa tiene la esperanza de que algunos de los tantos jóvenes que visitan el Yuyín Luzcando le toquen su puerta, la cual siempre permanece abierta, pero nadie llega.

En su mente le sobran las ideas para rescatar la lucha libre profesional, incluso estaría dispuesto a ofrecer sus servicios gratis. Él se siente recompensado con lo que obtuvo de este deporte y quiere enseñarlo como parte de su legado.

Por esa puerta, señala, han entrado personas que se dicen luchadores y que después de 11 minutos quedan sin aire, exhaustos, lejos de las condiciones necesarias para combatir.

“Eso es una burla. Y así quieren que me suba al ring, para qué. Para que el público se decepcione más. Yo cuido mi nombre y el espectáculo”, destacó.

Sandokan menciona que en el gimnasio aparecen personas barrigonas que quieren ser luchadores. “Los acepto, pero después de un par de días de exigencia física, abandonan. También vienen promotores que no quieren invertir, solo ganar. Qué pena por ellos, los rechazo tan pronto conozco sus intenciones”.

“Mi lucha o apuesta será por los niños, por los jóvenes. Este es un deporte que necesita crecer y ellos son el principal caudal”, aunque reconoció que en la actualidad hay algunos buenos luchadores, pero no quiso mencionar nombres. Criticó que hoy en día los atletas quieran luchar y además ser empresarios.

Secreto y origen

El hombre que comenzó a luchar profesionalmente en 1966 aseguró que para triunfar y tener un nombre que sea recordado toda la vida se debe ser un “birrioso” de los gimnasios.

Espinosa vuelve a señalar la posibilidad de enseñarles a los niños como una alternativa para rescatar por medio del deporte a la juventud, alejarlos de los vicios y de los malos caminos.

Sandokan fue un luchador que inició su carrera usando una máscara de color rojo y dorado. Su apodo estuvo inspirado en un rey hindú que peleaba por los ideales de su país.

Llegó a ser un ídolo de multitudes. No olvida una pelea en Costa Rica cuando fue cargado en hombros desde el ring hasta el camerino. “Nunca toqué el suelo”.

Nada comparado con su actualidad. En el pequeño gimnasio lo acompaña Ricardo Díaz, otro veterano luchador, con quien azotó a muchos rivales.

“Todo lo que ves aquí ha sido comprado o construido por nosotros, fue un esfuerzo de muchos años y de varias personas que han puesto su granito de arena”, señaló.

Uno de sus secretos mejores guardados lo reveló como una recomendación: “para los principiantes de este deporte, primero deben practicar la lucha olímpica, así comencé en 1965”.

Además, dijo que para ser un buen peleador hay que aprender desde chico la gimnasia, sus técnicas y entenderla.

Un ‘show’

En sus mejores momentos en este deporte, asegura el peleador, los empresarios “obligaban a los luchadores a entrenar. Ellos tenían gimnasios y se preocupaban por el espectáculo”.

Hablas de espectáculo, ¿la lucha es un show’? “Si fuera así estas heridas no existieran (muestra cicatrices en su cuerpo), tampoco me hubiesen quebrado un vaso en la frente. La sangre fluyó como agua”, señaló.

“Tal vez las personas vean el deporte como un espectáculo, porque en algunos momentos los luchadores toman el micrófono y se insultan entre sí. Hasta allí es el show, después debes estar bien preparado o entrenado para combatir”, sentenció.

Los luchadores de la Wlive que vienen a Panamá la próxima semana hacen sus presentaciones de esta manera, “pero a la hora de pelear saben hacerlo, se nota que son unos profesionales”, comentó.

Sandokan está jubilado, tiene 12 hijos y ve la lucha como un pasatiempo de la que no piensa retirarse.

“Aquí podemos hacer bastante para la juventud, solo necesitamos el apoyo de los gobiernos, de alguna autoridad o de la empresa privada que se conduela con la lucha libre profesional y nos apoye, todo en beneficio de los jóvenes, yo lo haría gratis porque me gusta”. “Esta es mi última pelea, ya sabes, enseñarles a los niños”, concluyó mientras volvía a retomar el trabajo de pesas.

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