bienes raíces

Estornuda el Trump, ¿se resfría el sector?

Los aprietos financieros del desarrollador del Trump Ocean Club se suman a fracasos como Los Faros de Panamá o El Palacio de la Bahía.

Nadie pensó que la inundación que se produjo en Punta Pacífica el día de la inauguración del Trump Ocean Club se convertiría en una suerte de premonición del futuro del proyecto.

No es el mismo edificio el que está con el agua al cuello, sino sus promotores, la empresa Newland International Properties, que no pudo cumplir el primer pago a los inversionistas que financiaron parte del proyecto a través de una emisión de bonos de $220 millones.

El edificio, que se promovió como uno de los más lujosos de América Latina, llevaría el sello del magnate estadounidense Donald Trump. Sería el primer hotel de su cadena en la región. Un negocio redondo, pensarían los inversionistas.

“La estructura financiera y el modelo de negocio son únicos en el caso del Trump Ocean Club. No se trata de un proyecto de desarrollo inmobiliario tradicional en el que hay un nivel de preventas antes de iniciar la construcción, para después canalizar esfuerzos de venta y obtener entonces repago del préstamo interino de construcción con hipotecas de largo plazo que apoyan las compras de individuos, ya sea para efectos de la residencia principal o de una inversión”, explicó el economista Carlos Araúz.

Con ese esquema de la emisión de bonos el proyecto superó el obstáculo en el que cayeron otros edificios de características similares que nunca se construyeron por falta de financiación.

Pero las ventas no terminaron de brindar los resultados esperados y el 15 de noviembre, cuando estaba previsto el primer pago de la amortización de los bonos, es decir, cuando los inversionistas que apoyaron el proyecto debían empezar a recuperar su inversión, Newland Properties anunció que las ventas no habían generado “la suficiente liquidez para financiar el pago de la amortización”.

¿Qué falló? “No creo que sea mala administración ni nada por el estilo. Las condiciones del mercado inmobiliario cambiaron abruptamente con el colapso de los mercados”, dijo una fuente conocedora del proyecto.

La misma empresa reconoció que entre los factores que derivaron en el incumplimiento está la crisis económica mundial, que hizo que algunos compradores que habían hecho sus abonos se abstuvieran de cerrar la compra. Y eso generó un hueco en las cuentas de la empresa.

Newland también adujo que se dieron retrasos en la construcción y, en algunos casos, una reducción en la cantidad de financiamiento disponible para hipotecas previamente aprobadas por los bancos locales.

Tampoco les gustó a los clientes que la prometida vista al océano haya sido parcialmente cubierta por otras torres de concreto.

En cualquier caso, la empresa dice estar comprometida en solventar la situación financiera.

“La administración de Newland está tomando todas las medidas apropiadas, en un esfuerzo para financiar este pago a la mayor brevedad posible”, dijo la firma.

efecto en el sector

El Trump Ocean Club no es un edificio cualquiera. Aunque su ubicación y el desorden que caracteriza al desarrollo inmobiliario panameño hicieron que la torre no luzca como se había promocionado, el Trump Ocean Club se convirtió en el símbolo del boom inmobiliario que vivió Panamá durante la segunda mitad de la pasada década.

Un boom desinflado por los problemas financieros del desarrollador del Trump Ocean Club, que se unen a sonados fracasos previos como el Palacio de la Bahía, Los Faros de Panamá, Ice Tower, Panorama Bay o las Torres Planetarium, por mencionar solo algunos.

¿Hay riesgo de un estallido inmobiliario, como sucedió en España o Estados Unidos?

Por el momento, la principal preocupación entre promotores y economistas locales es la imagen que se pueda proyectar fuera de Panamá, pero no se percibe temor por el sector en su conjunto.

El incumplimiento “lanza señales de alerta sobre el nivel de inversión en este sector, especialmente de extranjeros. Nos pone en el mapa mundial por un tema algo negativo, pero lo seguimos viendo como algo aislado”, dijo Araúz.

Iván Carlucci, promotor inmobiliario y expresidente de la Asociación Panameña de Corredores y Promotores de Bienes Raíces, dijo estar confiado “en que de alguna otra manera ese tema [el incumplimiento de Newland] se va a solventar.

Más allá de la imagen negativa puntual que se pueda generar, “yo no creo que la afectación en este momento va a ser muy grande”, añadió.

El promotor explicó que ese proyecto sirvió como ancla para atraer a inversionistas extranjeros, pero con el cambio de la situación económica mundial, y con la crisis que afecta especialmente a Estados Unidos y España, “ya no estamos recibiendo la misma cantidad ni el mismo tipo de inversionista que recibíamos antes, que se movían en función a un producto de moda que era Panamá”.

Actualmente, asegura, es el mercado local, tanto de panameños como extranjeros residentes, el que mueve el sector, dijo Carlucci.

El impulso de oficinas y hoteles también ha mantenido el dinamismo en la construcción.

Solo el tiempo definirá si estos fiascos inmobiliarios son, en efecto, aislados o si, por el contrario, son la punta de un iceberg en etapa de deshielo.

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