JÓVENES DE ÉXITO

Modelando un mundo a tres dimensiones

LA PRENSA/Roberto Cisneros. LA PRENSA/Roberto Cisneros.
LA PRENSA/Roberto Cisneros.

Mientras el mundo se encarga de debatir sobre los beneficios y temores en la impresión en tres dimensiones, Panamá va entrando poco a poco en la etapa de implementación y asombro.

Hace unos días BBC Mundo reportaba sobre la misión espacial que llevaría una máquina de estas fuera de órbita para fabricar las cosas que los astronautas hubiesen dejado fuera de su “maleta de viaje”.

En otros momentos se ha reportado de las creaciones con dudosos fines, desde un arma de fuego hasta una violación por derecho de autor.

Buena suerte la panameña al contar con Ángel Alvarado y Jonathan Guerra, los encargados de traer un universo de posibilidades gracias a una de las últimas creaciones de este siglo que ha estado a la altura, incluso del primer CPU.

En el despacho de Jonathan encontramos pequeñas figuras de Star Wars y hasta una réplica del Trump Tower de Punta Pacífica en versión miniatura, todas hechas en los tiempos de ocio de este ilustrador panameño de 29 años.

Como animador licenciado en tres dimensiones, Jonathan llegó hace algunos meses a DominoBox, empresa local con un año de haberse formado, para hacer junto con su colega cualquier cosa posible en plástico.

¿Cómo empezaste con la impresión en 3D?

Esto lo inició Ángel Alvarado que se compró las impresoras 3D en primera instancia. Empezó a mover su marca de DominoBox como un desarrollador de prototipos y productos. Él estaba ofreciendo unos talleres de impresión en 3D y un amigo que sabía que esos son temas de mi interés me invitó. Como él no tenía un background (antecedentes) en 3D se le dificultaba mucho hacer las cosas. Luego de ese taller empezamos a trabajar juntos.

¿Cómo te involucraste con la impresión en 3D?

No sabía mucho de la impresión en 3D hasta que llegué a este taller. Pero quedé sorprendido de todo lo que se puede hacer: si lo puedes modelar, se puede imprimir.

¿Qué utilidades han encontrado acá en Panamá con esto?

Me llegó un cliente con una impresora fiscal. Estas máquinas tienen un CPU para grabar las transacciones de las ventas que envía luego a la Dirección General de Ingresos. Tenían un problema con una pieza protectora de metal que se podía desatornillar para que no se registraran las transacciones. Nos pidieron que diseñásemos una cajilla de plástico que aguantase los golpes y se pudiera saber si se intentaba dañar la máquina. Luego de 17 versiones, lo logramos con todos los requerimientos que pedía la Autoridad Nacional para la Innovación Gubernamental.

¿Y qué otro tipo de proyectos pueden hacerse ?

A mí me apasiona la utilidad que tiene esto. No discrimino ningún proyecto porque todos tienen su lado bueno. Hace poco vi un video de prótesis de manos. Se trataba de un chico que nació con una malformación en su mano, y con una versión creada con impresión 3D el niño podía abrirla y cerrarla hasta cierto punto, y sin la necesidad de pagar decenas de miles de dólares, sino unos $50 apenas. Si se le dañaba, se buscaba el modelo y se volvía a imprimir.

¿Has pensado en hacer una pistola con tu impresora?

(Risas) Un amigo me dijo que tenía el archivo del modelo, y de inmediato le dije que yo no quiero esa vaina... que capaz llega el FBI pateándome la puerta al día siguiente (risas). La verdad es que esos archivos se pueden rastrear.

¿Qué tipo de percepción has visto en el país sobre esto?

Muchas personas me dicen que la impresión en 3D, como parece sencilla, piensan que es económica. A otros apasionados les encanta y quieren hacer todo tipo de cosas.

¿Cómo ha sido emprender con DominoBox?

Es como aquel que está sentado en una acera y se salta al carril rápido. Mientras te esperaba resolvía cotizaciones, presentaba modelos. Ya en lo que se empiece a correr la voz vamos palante.

Falta un buen tiempo para que todos tengamos en nuestras casas una de estas impresoras, ¿no?

Sí. Aunque ya muchas compañías están empujando esa idea. Yo diría aún que faltan unos 15 años cuando ya la impresión en 3D sea totalmente distinta. Porque eventualmente, esto estará desfasado, ya que las impresoras y cada trabajo requieren de mucho cuidado.

Animador (no tan) empírico

Entre Panamá y Buenos aires

Jonathan Guerra viene de una familia de arquitectos, por lo que empezó estudiando estas artes en Panamá, sin los frutos que le daría la animación años después. Ya el diseño y animación en 3D lo empezó estudiando empíricamente hasta que llegó a Buenos Aires (Argentina). En esa cosmópolis estudió durante tres años animación 3D en la Nueva Escuela de Diseño y Comunicación hasta graduarse de ello.

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