PLANO URBANO

PLANO URBANO: Apuntes variados

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OPINIÓN

Me envían unas dolorosas fotos del arboricidio cometido en Obarrio, árboles localizados en la servidumbre de las vías y no dentro del área utilizable para el desarrollo de obras. Es increíble que en esta ciudad, que el gobierno pregona como de Primer Mundo, se den situaciones como las que sufrimos. Cada vez soportamos más acoso de los promotores que consideran que una fachada lucirá más si se eliminan los árboles cercanos.

Como arquitecto estoy convencido de que ningún diseño, por precioso que sea, supera en belleza a cualquier árbol de la infinidad que posee nuestra tierra. Una mujer hermosa cuando va para una fiesta se engalana para lucir más bella, ya que a lo que aspira es que todo el conjunto se vea atractivo. Cada árbol de la ciudad tiene un valor de muchos miles de dólares que se pierden cada vez que uno de ellos es derribado.

El día lunes leía con atención un mensaje impactante de Alida Spadafora, la siempre activa directora de ANCON, asociación que defiende nuestra naturaleza de los embates de promotores inescrupulosos y los del gobierno, aún más constantes y peligrosos. Alida hace allí un destacado y valioso panegírico del magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Víctor Leonel Benavides, por su fallo que declara legal la resolución que designó área protegida al humedal Bahía de Panamá.

He seguido la trayectoria del magistrado Benavides –a quien no tengo el gusto de conocer– pero me había llamado la atención por su continua participación en actos importantes, eventos relacionados con su profesión y cargo, ya sea representando a la Corte o por iniciativa propia, además de variados actos cívicos, obtención de nuevas especializaciones, títulos honorarios y actividades de la sociedad civil. La reciente elección del nuevo presidente de la Corte, que en su segunda votación obtuvo la mayoría de los votos, nos permitió confirmar el valor moral del magistrado Benavides. Alida, honrar honra, no hay dudas.

Durante el prolongado período en que estuvo levantada la protección del humedal, se hicieron numerosos rellenos para la ejecución de proyectos inmobiliarios que han venido causando cuantiosas inundaciones a viejas barriadas que jamás se habían afectado con las lluvias. Igualmente, se construyeron barriadas nuevas, permitiéndole al gobierno pasado que las aguas lluvias desembocaran en lotificaciones vecinas, formándoles insalubres lagunas donde se crían bandadas de mosquitos, muy saludables ellos. Esto en mi presencia y ante mi oposición por la afectación a vecinas fincas.

He notado en los últimos seis u ocho meses una proliferación de avisos de consultas públicas del Miviot para cambios de zonificación, donde abundan los “generosos” aumentos de densidad y áreas comerciales donde solo se permitían viviendas. Veo también mucho cambio propuesto en Chitré, Monagrillo, y por supuesto, aterradora cantidad en la ciudad de Panamá. Creo que es Black Friday del Miviot, donde el negociado está en pleno apogeo. Leí en un periódico que un grupo de comerciantes de Las Cumbres que había construido galeras donde no se permitían, y eran molestados por las quejas de vecinos, por la noche gritaban “¡Aquí nos quedamos, ya pagamos la coima”.

En días pasados leí en el periódico El Capital que “una característica del panameño es la cordialidad con que recibimos al extranjero”, pensando donde sucederá eso, porque la falta de cortesía que encuentra quien nos visita es la tónica general. Ni en el aeropuerto ni con los maleteros, taxis, manejo de coches, almacenes, y tampoco en oficinas públicas encontramos a gente amable. Bueno, hay excepciones.

Nos correspondió recibir y atender a los tres matrimonios jóvenes, hijos de un compadre colombiano muy querido, y acompañarlos a hacer compras en almacenes diferentes, y en todas partes notamos la absoluta displicencia con que los vendedores tratan al cliente. Ninguno llevaba al interesado donde estaba el producto, solo decía “allá hay” señalando con la mano.

Les comentaba cómo disfruto en su país, de la cordialidad del vendedor colombiano, siempre dispuesto a atender y a buscar la mercancía sin rendirse nunca.

Aquí solo en los restaurantes encontramos camareros atentos y solícitos, todos colombianos, En una fiesta de fin de año, en un grupo grande de amigos estaba nuestro excelso pianista Jaime Ingram, y al tocar alguien el tema de la descortesía general, el maestro explicó: La escasa cortesía que tenemos en Panamá no es herencia de los colombianos, porque la vulgaridad y chabacanería que tenemos nos las trajeron los gringos y los caribeños. Otro añadió después: esas cultas maneras colombianas se saltaron a Panamá y cayeron en Costa Rica. Que lastimosa realidad.

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