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PLANO URBANO

PLANO URBANO: Desapariciones que duelen;apariciones que alegran

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PLANO URBANO: Desapariciones que duelen;apariciones que alegran

Rodrigo Mejía-Andrión

OPINIÓN

El año pasado sufrí la pérdida de varias personas de mi afecto. La primera fue la de Alberto W. Osorio, distinguido arquitecto con posgrados en planificación urbana y en vivienda, quien, por sus últimos 12 años fue socio de nuestra firma de asesoría urbana.

Lo conocí como activo estudiante cuando en la Facultad de Arquitectura hacíamos los famosos bailes de disfraces de “Los perros de Arquitectura”. Mas tarde admiré los hermosos e intrincados dibujos de “El Complejo Penitenciario”, su tesis de graduación.

Ya graduado lo trataba frecuentemente, él como director de Urbanismo del Instituto de Vivienda y Urbanismo (IVU) y yo como administrador de la Cámara Panameña de la Construcción (Capac), cuando asistía a investigar o presenciar las continuas licitaciones del IVU. Ambos fuimos muy activos, ocupando todos los cargos. Igualmente fuimos fundadores de nuestra cooperativa y del movimiento cívico Alianza Pro Ciudad, presidente de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA) en los momentos de la invasión, cooperó con funcionarios del Ministerio de la Vivienda (MIVI) para ofrecerles oficinas debido al saqueo de su edificio. En mi oficina hoy hace falta su orden y disciplina.

Otra ausencia que deploro es la del caballeroso amigo Jimmy Ford, distinguido ciudadano que trabajó arduamente en su nativa Colón.

Le preocupaba permanentemente su galopante decadencia. Con su conversación amena me llamaba para comentar noticias, o mostrarme algún problema del barrio o sus alrededores.

La última vez que compartí con él su destacada cordialidad fue cuando me llevó a que viéramos el avance de la ampliación del Canal, y luego llevarme a conocer la hermosa barriada de los árabes de Colón, donde se destaca la hermosa Ermita musulmana.

Almorzamos en el Club Náutico entre preciosas embarcaciones de gran tamaño y exuberante lujo. De esa excursión resultaron dos interesantes citas con su nieto, cuando ocupaba el cargo de ministro de Obras Públicas, de enorme interés para conocer las actividades de su Dirección de Valorización.

Otra triste muerte que me afectó fue la del arquitecto Hugo Navarro, expresidente de la SPIA, desaparición que la Sociedad no destacó oportunamente. Amigo desde mis tiempos de estudiante, me invitó a ser su asistente tan pronto me gradué. Con él aprendí las primeras lecciones de construcción.

Cuando en la SPIA logramos la aprobación de la Ley 15 del 26 de enero de 1959, que creó la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura, Hugo Navarro fue elegido presidente de la SPIA y por tanto, presidente de la Junta Técnica.

Me llevó como administrador de la Junta Técnica, reguladora del ejercicio de la ingeniería y la arquitectura y de las empresas constructoras.

Como presidente, tanto de la SPIA como de la Junta Técnica, era mi jefe inmediato.

Admiré su absoluto orden y puntualidad y con ello logramos el registro de todos los ingenieros y arquitectos y las empresas de construcción existentes y preparamos un plan de acción para cumplimiento de las metas.

Estuve tres años como funcionario y luego varias veces como representante de mi Colegio.

Como nuestra facultad carecía de estudiantes femeninas, poco antes de graduarme tuvimos una sorpresiva “avalancha de chicas” cuando entraron tres muchachas, entre las que destacaba Daisy Sánchez, preciosa y alta, con una simpatía que cautivaba. Enredado en la tesis de graduación pocas fueron las oportunidades de tratarla. Por los amigos que aún estudiaban conocía más de su vida y admiradores. Finalmente se perdió en el espacio.

Hace como dos años recibí un correo de ella, donde me explicaba que en un periódico panameño que le llevaron a México, donde desarrolló su vida, había encontrado un artículo mío con dirección y me escribió.

Preguntó si recordaba aún mis tiempos de estudiante y su nombre. Muy contento con esa “aparición”, iniciamos el cruce de mensajes por internet, relatando cada uno los sucesos más importantes de nuestras vidas, como matrimonios, cónyuges, hijos, nietos, lugar de residencia.

La incluí entonces en mi lista de lectores y casi siempre ella me comenta mis artículos.

Supe que un mexicano despierto logró enamorarla y “secuestrarla” para siempre en su país.

Ahora debe ser una bella viuda, en Panamá, donde espero volverla a ver, hoy viernes, cuando escribo estas notas.

Tenemos mucho que recordar de las vivencias de la facultad, ya que me comentaba que sí logró disfrutar las famosas fiestas de “Los perros de Arquitectura”. Quiere conocer a mi esposa, ya que le he contado que “la secuestré” de la Facultad de Educación para atraparla en nuestros bailes, reinados y mi vida. Dios sabe compensar nuestros tristes momentos.

Alegre Aparición

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