PLANO URBANO

Filtraciones en las esclusas

GUPC informa que continúa el período de pruebas en todas las fases del proyecto, incluso la condición de la filtración en una pared de las nuevas esclusas del Pacífico. Tomado de internet GUPC informa que continúa el período de pruebas en todas las fases del proyecto, incluso la condición de la filtración en una pared de las nuevas esclusas del Pacífico. Tomado de internet
GUPC informa que continúa el período de pruebas en todas las fases del proyecto, incluso la condición de la filtración en una pared de las nuevas esclusas del Pacífico. Tomado de internet

Como expresidente de la SPIA participé en la reunión de la Junta Directiva de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos celebrada esta semana, donde se discutió como único punto la filtración producida en las nuevas esclusas de nuestro Canal, suceso que ha traído grandes preocupaciones a la sociedad civil, repercusiones en el extranjero y seguramente gran preocupación a los navieros.

En el citado evento, además de la Directiva en pleno, participamos algunos arquitectos y un significativo grupo de ingenieros expertos en hormigón y otros avezados técnicos con experiencias en las mayores represas levantadas en el país, además de destacados consultores panameños que trabajan en Panamá y en el exterior.

De las intervenciones anotadas, la Junta Directiva preparó una prudente declaración que básicamente indica que como ente apolítico y con experiencia de un siglo en la observación de las más importantes obras del país, sólo se permite asegurar a la sociedad civil que se mantendrá atenta ante la ejecución y oportuna terminación de las obras de la ampliación.

Resulta oportuno informar a la ciudadanía que desde el traspaso del Canal a Panamá se formó una Comisión SPIA-ACP, que durante muchos años incluyó a la Cámara de Construcción. Allí los más altos técnicos de las entidades intercambian información y opiniones sobre las más importantes obras que el canal pudiera realizar para impulsar su eficiencia y productividad.

Es por ello que durante todo el largo proceso de estudio del tipo de obra que la industria marítima necesitaría para permitir el paso de los grandes barcos, se mantuvo el análisis conjunto de los modelos, su concepción, el dimensionamiento de las obras iniciales, confección de planos y especificaciones, selección de las firmas consultoras de experiencia mundial, preparación del concurso-licitación final, sus contratos y luego el seguimiento de la construcción. La SPIA ha seguido manteniendo viva la Comisión SPIA-ACP, lo que no significa de ninguna manera una inspección técnica, pero sí visitas programadas para procedimientos u obras especiales de interés científico.

Otros temas repetitivos tratados en el pasado por la SPIA-ACP, han sido los volúmenes de agua del lago Gatún para el paso de barcos, el régimen de lluvias, el consumo de agua potable para las ciudades de Colón, Panamá y los sectores Este y Oeste, así como la generación de energía eléctrica desde los lagos Alajuela y Gatún. Ese contacto permanente debe dar tranquilidad a la comunidad.

Nadie sabe en Panamá donde queda un restaurante nuevo, un hotel, un edificio, un parque, el banco X y el hospital Y. Es increíble la historia de la nomenclatura panameña. Primero fueron los españoles quienes pusieron sus nombres de santos o cosas parecidas. Después llegaron los colombianos y cambiaron los nombres para poner los suyos. Con Belisario Porras se corrigieron algunas discrepancias y se numeraron las calles del Casco Antiguo, como también las de esa aldea de pescadores que creó y hoy es llamada San Francisco de la Caleta con una numeración aparte. En el Casco Antiguo las calles quedaron numeradas a partir del mar, la calle 1, donde están los restos del Club Unión. Esto sirve de valioso apoyo a los turistas.

En el año 1954 el Municipio celebró un contrato con un nicaragüense de apellido Lacayo para poner una nomenclatura completa que le daría un número a cada puerta que se abriera a la calle y pidieron consejos al presidente de la SPIA, quien entonces era el ingeniero Tomás Guardia Jr. (Tommy Guardia), profesor de mi grupo de arquitectura, a quien acompañé a la reunión del Municipio para proponer la efectiva nomenclatura colombiana que había utilizado en los cinco años de bachillerato que hice en Bogotá. Esa nomenclatura fue aprobada y comenzó a colocarse a partir de la calle 1, hasta que la Asociación de Propietarios de Inmuebles puso un amparo porque sus propiedades tenían “demasiadas” puertas sobre la calle y tendrían que pagar por cada placa, que no era barata. Allí trabajé como año y medio.

Después en el año setenta el Municipio nombró una comisión, que presidía el ingeniero y arquitecto Hipólito González, para proponer una nueva y completa nomenclatura y corrí a inscribirme para cooperar. Allí trabajamos como un año y el grupo se dividió para presentar tres propuestas diferentes; ganó la mía que era de solo números y se descartaron las de flores y las de ciudades que nadie recordaría, ni los autores.

En mi próximo artículo volveré a machacar. Me extraña que el Municipio ni siquiera informe si tenemos algunos puntos de referencia para que la comunidad se oriente.

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