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PLANO URBANO: Ricardo J. Bermúdez, verdadero maestro

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PLANO URBANO: Ricardo J. Bermúdez, verdadero maestro

Rodrigo mejía-andrión

OPINIÓN

Tras variados y diferentes actos celebrados en reconocimiento del destacado, polifacético y ejemplar ciudadano Ricardo J. Bermúdez, los cuales comenzaron con el centenario de su nacimiento, quiero narrar unas vivencias suyas seguramente desconocidas por amigos y familiares. Sucesos vitales para nuestra profesión y para mí por haber estado involucrado en ellos.

Mis relaciones con este insigne caballero se iniciaron con mis estudios de arquitectura y el reconocido arquitecto como mi profesor de diseño arquitectónico, relación que fui afianzando a medida que avanzaban mis estudios.

En sexto año el profesor Bermúdez, asignado como asesor de tesis de graduación, recibió a los cuatro alumnos que queríamos trabajar juntos en nuestro tema propuesto “Plan Piloto para la Ciudad de Panamá” que él apoyó con entusiasmo y nos permitió obtener el premio de mejor tesis presentada.

Ya siendo miembro de la SPIA me enteré de que el trabajo profesional de los arquitectos no estaba protegido. Celebré reuniones con el Colegio de Ingenieros para definir los respectivos campos de acción, pero el asunto se enredó al solicitarle al decano de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura la definición de cada especialidad, este estableció en su sentencia que “Únicamente el campo de la Vivienda corresponde al arquitecto. Todo lo demás pertenece a la Ingeniería”.

Busqué al arquitecto Bermúdez para comentarle tan sesgado fallo y nos sentamos a discutir las acciones que pudiéramos adelantar. Le propuse que nosotros mismos preparáramos nuestra ley y él decidió apoyar la idea si yo estaba dispuesto a fajarme. Él se comprometió a conseguir que el presidente de la SPIA me nombrara en una comisión de ingenieros y arquitectos para redactar el anteproyecto de ley regulatoria pero el ingeniero presidente de la Sociedad por dos años no se interesó. En 1957 los arquitectos logramos elegir presidente de la SPIA a Ricardo J. Bermúdez, quien en su primera Asamblea General nombró la comisión con los ingenieros Ricardo Arosemena y Óscar Paz Arias y los arquitectos J. Arias y quien esto les relata.

La comisión recogió leyes de los países con desarrollo profesional, para analizarlos y compararlos y sacar conclusiones. Esta tarea nos llevó más de un año de arduos trabajos, incluyendo consultas con profesionales de gran prestigio y experiencia, Luego vino el trámite interno en la Sociedad y ya aprobado buscamos a un ingeniero diputado para prohijarlo y obtener su aprobación. El prestigio del arquitecto Bermúdez fue un factor determinante en todo el proceso.

Aprobada la ley y creada, como mecanismo de control, la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura, fui llamado por el nuevo presidente arquitecto Hugo Navarro para administrar la junta técnica, labor que realicé por tres años. Los dos primeros años conté con el apoyo invaluable de Ricardo J. Bermúdez como representante de los arquitectos. Esta junta ha garantizado la labor profesional de los arquitectos e ingenieros y es admirada por otras profesiones en Panamá y otros países.

En 1962 Ricardo J. Bermúdez alentaba mi lucha para que no se destruyera el edificio del hotel Tívoli, lindo ejemplo de la atinada arquitectura norteamericana para el trópico, ubicado en la hoy avenida de los Mártires, que considerábamos parte del patrimonio panameño. En 1964 conocí en Bogotá al presidente de la Federación Panamericana de Asociación de Arquitectos, Arq. Samuel Irman Cooper, reconocido arquitecto norteamericano, y conseguí traerlo a Panamá para conocer el hotel Tívoli y cooperar en su conservación. Posteriormente, en Washington me acompañó ante el secretario de Estado para Latinoamérica, con el mismo fin. No logramos conservar el edificio pero me queda la satisfacción de haber intentado su conservación.

En 1964, como director del Colegio de Arquitectos, recibí del Instituto Americano de Arquitectos la solicitud de enviarle la hoja de vida del arquitecto Ricardo J. Bermúdez, tarea que me apresuré a cumplir. En una siguiente nota el instituto pidió que también enviara mi hoja de vida. La grata sorpresa fue recibir posteriormente la notificación de que ambos, el arquitecto Bermúdez y su exalumno Rodrigo Mejía-Andrión habían sido nombrados miembros honorarios de The American Institute of Architects.

Esta investidura se celebró en una cena de gala donde estuve rodeado de grandes personajes de la arquitectura y el urbanismo. Recibí humildemente el galardón que no se ha repetido para otros panameños, pese a la fama internacional que lograron otros arquitectos como Octavio Méndez Guardia, lo que comentaba luego con mi eterno consejero: Ricardo J. Bermúdez, quien vivía a pocos pasos de mi casa. En no pocas ocasiones renové el placer de participar de sus valiosas charlas. ¡Más que conocimiento tenía sabiduría!

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