DETALLES DEL NUEVO SISTEMA

Urge repensar el diálogo educativo

Es necesario comenzar a discutir cómo se verá un mejor sistema educativo para poder comenzar a trabajar hacia el.
De acuerdo al Censo de Población de 2010, un 56% de las personas de 15 años y más no tiene títulos y 28.4% solo el de secundaria. LA PRENSA/Archivo. De acuerdo al Censo de Población de 2010, un 56% de las personas de 15 años y más no tiene títulos y 28.4% solo el de secundaria. LA PRENSA/Archivo.
De acuerdo al Censo de Población de 2010, un 56% de las personas de 15 años y más no tiene títulos y 28.4% solo el de secundaria. LA PRENSA/Archivo.

Como sociedad, ¿en qué gastamos más nuestra energía? ¿En discutir y reformar el sistema educativo? O, ¿en promocionar la relevancia que tiene reformar el sistema? Ambas son tareas necesarias, pero existe una posibilidad de que el debate sobre mejorar la educación en Panamá está más centrado en enfatizar lo relevante que es la educación en vez de experimentar con nuevos modelos que puedan trascender el presente.

Puesto en otras palabras, el primer ejercicio es necesario, ya que crea conciencia sobre la necesidad de reformar el sistema, pero también es necesario comenzar a discutir los detalles de cómo se vería un mejor sistema.

La tarea no podría ser más urgente. Según Damian Olive, administrador de Inversiones Educativas para la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), las sociedades de América Latina están bien posicionadas para aprovechar sus niveles actuales de acceso a la educación y usarlos para empujar sus procesos de innovación al próximo nivel. Pero se debe actuar rápido.

La IFC es un brazo del Banco Mundial dedicado a promover el desarrollo del sector privado en los países para los cuales consulta, así que no debe sorprender que sus sugerencias y metas de inversión tengan un giro empresarial. Según Olive, hay tres elementos claves que los países como Panamá deben incluir en su radar de atención. La primera idea es persuadir a más gente a buscar una educación universitaria.

Las cifras más recientes indican que, si una mayor exposición a la educación universitaria es positiva, Panamá está en territorio precario. De acuerdo al Censo de Población de 2010 citado en la undécima carta económica de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (Apede), “el 56% de las personas de 15 años y más no tiene títulos y 28.4% solo el de secundaria”, números que inspiran a “tomar consciencia al respecto de la baja calidad del producto educativo”, según esta entidad.

La realidad es innegable, solo un cuarto de la población tiene acceso a las herramientas de una educación secundaria y un número mucho más pequeño disfruta de los beneficios de una educación universitaria, cifra que ronda el 15%.

Un incentivo negativo a mejores participación en la educación universitaria es la percepción de que la misma no ayuda a la persona a obtener un mejor estado de vida. Para que esto pueda cambiar, los sistemas universitarios deben comenzar a educar a sus estudiantes no solo en la sustancia de sus profesiones, sino también en todas las otras herramientas accesorias que puedan proveer para lograr que puedan desarrollarse más allá de su nivel actual.

La segunda idea de la IFC es moverse hacia abrir canales de diálogo entre el sector privado y los centros universitarios de forma permanente y recurrente para que pueda haber una actualización constante entre las necesidades del sector laboral y las herramientas que los centros educativos otorgan.

En Panamá, no existe una estructura diseñada para realizar esta labor, ni pública ni privada y bajo este modelo, su creación debe ser una prioridad.

En América Latina, la predominancia de estos diálogos es del 1 al 10, 5, según Olive. El especialista describe el camino que falta por recorrer.

“¿Cuál es el ideal? Que las universidades se sienten con los empresarios de un grupo, por ejemplo turismo y logística y pregunten: ¿Qué es lo que se necesita?”.

“Si lo haces de forma consistente, las universidades pueden recibir esa información, llevarse eso y construir un mejor currículo. Es un tipo de ingeniería en reversa. Cuando los jóvenes egresados vayan al sector laboral, se puede medir si se está cumpliendo con las expectativas y así se genera un proceso de feedback continuo”.

“Con esta retroalimentación, se genera una mejoría continua. Ese sería el ideal y lo vemos muy poco”.

¿No pondría esto a las universidades al servicio de las empresas? ¿Qué pasaría con la educación por su propio mérito, sin la búsqueda de una recompensa laboral o monetaria?

La IFC no es tan radical en su postura. Según Olive, “nuestra filosofía es que haya diversidad y cada país debe determinar sus necesidades en base a sus culturas. Hay un rol para el sector privado, pero no tenemos una receta privada, solo sabemos que la educación debe ser accesible y de calidad”.

Olive añade, “lo ideal sería que los alumnos sigan su pasión y puedan canalizar sus intereses, sus curiosidades y sus pasiones en un escenario que beneficie al país”.

La tercera idea de la IFC es aprovechar las ventajas ya existentes. Olive se describe como un “optimista” en su postura sobre la educación en la región de América Latina, particularmente por su posición aventajada y un enorme potencial.

Veamos los números. El promedio de participación en educación superior –la cantidad de personas con títulos universitarios– en países desarrollados en el sentido moderno de esa palabra es alrededor de 60%. En América Latina está entre el 30% y el 35%. Esto implica un trayecto importante que recorrer para el 15% de Panamá, pero no deja a la región en desventaja. En comparación, Asia tiene una mayor tarea con un 20% a nivel regional.

La razón detrás de empujar este indicador es sencilla: más graduados universitarios implica en promedio una mejor calidad de vida para todos.

¿El incentivo para atraer a más personas al sistema universitario? Según Olive, se necesita más infraestructura para acomodar a los nuevos estudiantes, además de empujar por obtener mejores índices de desarrollo laboral posterior a la graduación.

Si las personas tienen un alto nivel de confianza de que conseguirán un mejor estilo de vida con un título, naturalmente lo buscarán.

Por esto, un paso clave en la estrategia de financiamiento de la IFC y que Panamá se vería beneficiada de replicar, es buscar formas de medir la realidad educativa del país en términos de desarrollo laboral y personal.

“Midiendo es que uno puede saber dónde está parado y cómo evoluciona”, concluye Olive. En un país cuyo sistema educativo todavía está fundamentado en los prejuicios del siglo pasado, una medición que permita trascender esta realidad se hace notable de forma importante.

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