VENTANA FISCAL

Venta de acciones - juego peligro

Durante la sequia el ganado pierde peso. LA PRENSA/ Archivo. Durante la sequia el ganado pierde peso. LA PRENSA/ Archivo.
Durante la sequia el ganado pierde peso. LA PRENSA/ Archivo.

OPINIÓN

Veamos una vez más el peligroso juego de venta de acciones al margen de la Ley 18 del 19 de junio de 2006, promulgada un día después. Antes de la Ley 18 las operaciones de venta de acciones, bonos y demás valores emitidos por las personas jurídicas estaban sujetas a las normas generales del Código Fiscal, salvo ciertas excepciones muy puntuales. Las ganancias eran gravables y las pérdidas eran deducibles. Un balance justo.

A partir de la referida ley, la enajenación de valores emitidos por las personas jurídicas quedó enmarcada dentro del concepto de ganancias de capital, y las ganancias quedaron sujetas a la tasa de 10% de impuesto sobre la renta (ISR). La misma norma introdujo la obligación de pagar un anticipo de 5% sobre el valor de la transferencia, sin importar el resultado económico de la transacción, pues las pérdidas no eliminan dicho adelanto.

No todo es malo. Cuando el adelanto del 5% es superior al 10% sobre la ganancia, el contribuyente puede solicitar la devolución del excedente en efectivo o para pagar otros tributos propios administrados por la Autoridad Nacional de Ingresos Públicos (ANIP). Véase artículo 3 de la Ley 28 de 2012.

A todos aquellos que creen que la ANIP no tiene forma de detectar estas operaciones, les recomiendo no jugar con el fuego. Quien compra acciones, bonos u otros valores emitidos por personas jurídicas sin cumplir con las disposiciones fiscales sobre retención y pago del adelanto del ISR compra un problema, pues existen elementos para comprobar la compraventa. Veamos las reglas del juego:

En el negocio de venta de valores emitidos por las personas jurídicas existen tres personajes: el comprador (el agente del fisco), obligado a retener el monto del impuesto (5%) al vendedor y pagarlo al Fisco nacional dentro de los 10 días siguientes a la transacción a nombre del vendedor (el contribuyente), quien a su vez tiene el derecho de decidir si el 5% retenido es el impuesto único y definitivo que ha de pagar sobre tal transacción. Un tercer jugador es el emisor de los valores transferidos (la sociedad), pues la Ley 18/2006 señala en forma terminante que en caso de no cumplirse con la retención y pago de ese 5% de adelanto al ISR, la sociedad emisora queda responsable solidaria del impuesto, con el agravante de tener que pagar 10% de recargo más los intereses por morosidad. En caso de que el comprador haya realizado la retención y no haya entregado el impuesto al Fisco, le cae el peso de las sanciones por defraudación fiscal. (Numeral 3 del artículo 752 del C.F.).

La referida Ley 18/2006 establece un régimen impositivo especial al indicar que las ganancias producto de la enajenación de valores no son acumulables a otros ingresos gravables, como tampoco son deducibles las pérdidas, pues califican como ganancias de capital y no se consideran para los efectos del cálculo alternativo del impuesto sobre la renta (CAIR).

Algo para no olvidar. Si el enajenante es una sociedad, deberá tener presente que las ganancias producto de la enajenación de bonos, acciones o cuotas de participación estarán sujetas al impuesto de dividendos con cargo a sus accionistas o al impuesto complementario por cuenta de la sociedad cuando esta no haya distribuido por lo menos el 40% de las utilidades netas después de impuestos. También se deberá tener presente el posible efecto en el impuesto aviso de operación.

La ley en comento fue finalmente reglamentada, después de cinco largos años, con el Decreto Ejecutivo 135 de 2012, que adicionó siete artículos al Decreto Ejecutivo 170 de 1993. Al decir de algunos estudiosos de la materia tributaria, los artículos adicionados por medio del Decreto 135 introducen elementos que no pueden legalmente aplicarse por aquello de la jerarquía de las normas. Ya nos tocará en otra ocasión tratar la reglamentación de la ley que en su momento se le llamó maliciosamente “ley Banistmo”.

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