LOS RETOS DE LA ADMINISTRACIÓN MACROECONÓMICA

El dilema del gasto público

El Gobierno concentra un amplio poder de dirección sobre la demanda productiva de un país, lo cual genera la necesidad de definir cuál es el gasto más apropiado.

Desde un punto de vista sistémico, la economía de un país podría parecer inclusive un organismo vivo.

Un país, por medio de sus habitantes, consume recursos y materia prima, los transforma dependiendo de sus necesidades e intereses y genera nuevos recursos utilizados por otras naciones.

A diferencia de un organismo vivo en el sentido que conocemos, una economía es altamente variable, ya que está compuesta de individuos que responden a sus propios intereses y metas, los cuales pueden cambiar de momento en momento.

Por este motivo, es difícil hacer que una economía responda de forma predecible a eventos controlados.

Este tema ha sido desarrollado con profundidad por el asesor del Fondo Monetario Internacional Nassim Taleb, quien menciona en su popular libro El cisne negro: El impacto de lo altamente improbable, que “la predicción realizada por burócratas tiende a ser más para el alivio de su ansiedad, que para la elaboración de políticas públicas adecuadas”.

Uno de los factores que aporta de forma directa a este problema de coordinación económica es que la información sobre fenómenos económicos está dispersa.

Por ejemplo, el precio de un alimento puede ser menor en un minorista más distante a nosotros, pero para obtener esa información debemos ir al espacio físico y consultar el precio.

En otras palabras, no tenemos un acceso inmediato a la totalidad de la información de una economía.

Inclusive, cuando se realizan censos masivos, la información base ha cambiado de forma sustancial entre el período del censo y el de publicación.

Esta falta de centralización de la información fue estudiada a fondo por el economista Friedrich Hayek, como parte de una investigación mayor que lo hizo merecedor del premio Nobel en 1974.

Hayek desarrolla esta idea en su comentado ar-tículo El uso del conocimiento en la sociedad, en el que establece que “el carácter peculiar del problema de un orden económico racional, proviene del hecho que el conocimiento de las circunstancias [...] nunca existe de forma concentrada o integrada”.

“Es un problema de la utilización de conocimiento, el cual nadie tiene de forma completa”, termina diciendo Hayek.

Por estas razones, la economía se debe entender, de forma científica, como un proceso altamente complejo, que depende de una infinidad de variables, las cuales no pueden ser conocidas en su totalidad por un grupo de planificación social.

Es por esto que varios economistas, entre ellos Hayek, y otro ganador del premio Nobel, Milton Friedman, han discutido sobre el peculiar problema de centralizar una amplia porción del gasto y la demanda de una economía en un actor central, en muchos casos, un gobierno.

La economía entiende al gobierno como un actor político, que debe efectuar e implementar decisiones en base a la popularidad y aceptación pública de ellas.

Estas decisiones, al ser políticas y no reflejar y responder de forma directa a la información que provee el mercado, destinan recursos económicos a proyectos que pueden no tener una demanda importante.

Esto se suma al hecho de que el capital no es homogéneo, es decir, no puede ser convertido inmediatamente de una forma a otra.

Por ejemplo, la construcción de un edificio gasta recursos que no pueden ser transformados en enfermeros, profesores de escuela o computadoras.

El gobierno, entonces, dispone de un gasto acumulado y centralizado, que no disfruta de información completa, el cual se destina a proyectos políticos que pueden no estar ligados a una demanda de mercado.

El componente de gasto público en Panamá, en relación al tamaño de la economía, ha aumentado de forma visible en los últimos años de los cuales tenemos datos completos.

Para 2007, un año anterior a la crisis mundial, el gasto público en Panamá, es decir, el gasto que respondía al diseño de una política pública y no a las fuerzas de oferta y demanda del mercado, representaba un 37.2% de la economía local.

Al cierre de 2011, en comparación, el gasto público representaba de forma agregada un 42.4% de la economía.

La pregunta que analistas y economistas consideran es cómo administrar mejor este gasto de forma que no genere distorsiones en la economía donde se desarrolle.

Una respuesta radical ha sido propuesta por la economista, también ganadora del Nobel, Elinor Ostrom, quien indica que los sistemas pequeños, pero parte de una red mayor de sistemas, tiene la función de generar esquemas de orden funcionales.

Esto se puede lograr mediante la descentralización del gasto público para que responda a necesidades locales y directas, de forma que no se generen inversiones sin sustento que luego puedan perjudicar la economía nacional.

Gasto público en la economía

36.1%

Participación del gasto público en el PIB de 2008.

40.4%

Participación del gasto público en el PIB de 2009.

39.7%

Participación del gasto público en el PIB de 2010.

42.4%

Participación del gasto público en el PIB de 2011.

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