ENFOQUE

De formalidad, o formalmente hablando

opinión. Ahora que celebramos el XIV congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, es oportuno tomar en serio las palabras que usamos y abusamos; así, aprovecho la ocasión para reflexionar sobre el vocablo “formal”.

“Formal” es una palabra preñada en significados, como, por ejemplo, la de algo que tiene apariencia pero no substancia: como aquellos cristianos que van el domingo a misa para mostrar sus nuevas ropas. Igual la economía formal puede tener mucha vanidad; palabra que viene de “vano,” que se refiere a las cosas faltas de realidad, sustancia o entidad.

Del mismo modo, la crítica que hacen los gobiernos a la economía ´informal´ es vana, ya que economía es economía a pesar de la calificación gubernamental. Más todavía, en muchos casos la economía informal es más sustentable y productiva que la formal ya que los abusos y extralimitaciones gubernamentales en la mal llamada economía formal la recargan con un lastre entorpecedor e insoportable. Ahora que los países más “formales” –lo cual no implica que guarden buenas formas- se están ahorcando en sus propios lazos, es oportuno ver qué los llevó a eso. Para muestra un botón. En Europa, por ejemplo, quienes eran despedidos o perdían sus empleos reciben beneficios iguales a la mitad de sus salarios por dos o tres años o, peor, que se extienden de manera indefinida. Como resultado son menos los que encuentran trabajo y el período de cesantía se prolonga dolorosamente. Ahora resulta que los politicastros de este mundo nos están pasando las cuentas de todos esos regalitos que han venido repartiendo de manera “magnánima”, ya que en la época de las vacas gordas es fácil repartir lo que no es tuyo. Ahora ninguno de esos politiqueros quiere sacar la cara y buscan desesperadamente seguir ordeñando las pobres vacas flacas a pesar de sus tetas secas.

Pero existe un remedio –¡Gracias a Dios!–, aunque pocos lo reconocen y menos lo aceptan. Es la “economía informal,” o subterránea, que cada día crece más, en relación directa a las dificultades del sector formal. En los países “PIGS” –Portugal, Italia, Grecia y España– la informalidad promedia un 21.7%. En Panamá es más del 40%.

La informalidad es promovida por la expoliación fiscal; las aberrantes normas de producción y calidad; los extorsionantes obstáculos de los funcionarios corruptos, y leyes laborales que favorecen a los sindicados mientras excluyen a los más pobres.

Los informales son gente normal como las demás. En gran medida producto de las deformaciones educativas y sociales que hemos sembrado en el tiempo. No son más que una respuesta empresarial a las normas laborales rígidas y al exceso de leyes y malísimos reglamentos.

Los informales usan los dineros que no se birla el gobierno para mover la economía. Y mientras tanto vemos a los desesperados funcionarios de países en apuros, afanados en ver cómo hacen más auditorías y ponen más trabas para atajar a los informales; pero lo único que logran es estancar más la economía.

El camino de la prosperidad es la facilitación y agilización del impulso empresarial y creativo de los hombres libres.

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