ENFOQUE

¿Por qué hacemos intercambios?

Opinión. Las metáforas deportivas en la economía suelen llevar a malas interpretaciones, sobre todo porque el deporte competitivo es un juego de suma cero.

Hay un ganador y un perdedor. Alguien se lleva todo el beneficio y alguien toda la pérdida.

Esto suele utilizarse para decir que el mercado también es un juego de suma cero en el que en un intercambio libre y voluntario siempre hay un ganador y un perdedor. Pero esto está lejos de la realidad.

Hay que preguntarse: ¿Por qué hay tanta gente dispuesta a intercambiar si siempre hay un perdedor? ¿Somos tontos? Por supuesto que no.

Pensemos en las situaciones en las que vamos a realizar un intercambio: Cuando compramos una empanada, cuando entramos en un contrato de trabajo, cuando vamos al cine, etc.

En todas estas situaciones, antes de realizar el intercambio, pensamos que nos vale más realizar el intercambio que no realizarlo y por eso lo llevamos a cabo.

Por eso mismo, pensemos en todas las veces que hemos tenido intención de hacer un intercambio, pero no lo hacemos: Cuando posponemos la compra de un electrodoméstico, cuando preferimos esperar otra oferta de trabajo, cuando desistimos de cenar en un restaurante al ver los precios, etc.

No realizamos el intercambio porque pensamos que no nos vale la pena; nos cuesta demasiado.

Solo realizamos el intercambio cuando sentimos que estaremos mejor al hacerlo.

Por supuesto, la vida es un proceso de aprendizaje, de prueba y error, de tener objetivos y cambiarlos, hacer planes y ajustarlos a medida que van transcurriendo los eventos y cambiando las circunstancias. Puede ser que nos equivoquemos, pero hemos aprendido y habremos adquirido experiencia.

Pero cuando se trata del comercio internacional, esta forma de ver el mundo se reemplaza por la idea del juego de suma cero característico del deporte. Un país gana y el otro pierde. ¿Es esto así?

Cuando adquirimos una computadora fabricada en Japón, lo hacemos como persona. Es decir, solo la compramos si consideramos que nos merece la pena el esfuerzo, el tiempo y el costo en relación a los beneficios que esperamos. Ambas partes salen ganando. Si no, no se realizaría el intercambio. El mercantilista diría que por culpa tuya el país ahora ha perdido. El dinero ha salido del país.

Pero, ¿acaso no está mejor el país ahora que una persona más cuenta con un equipo con el que podrá realizar muchísimas actividades?

Siempre somos personas las que intercambiamos y, a priori, solo lo realizaremos si consideramos que salimos ganando (si no, nos retractamos).

El intercambio aumenta la riqueza de ambos, ambos participantes consiguen algo que querían más que lo que tenían, algo que les servirá para poder perseguir sus distintos fines y ejecutar sus planes.

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