JÓVENES DE ÉXITO

El milagro musical de La Feria de Colón

Los primeros instrumentos de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Colón fueron comprados con fondos aportados por los hermanos de La Salle. El mantenimiento corre por cuenta de Fundación Proa, asociación creada para dar respuesta a la necesidad de una educación de calidad en áreas vulnerables. Los primeros instrumentos de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Colón fueron comprados con fondos aportados por los hermanos de La Salle. El mantenimiento corre por cuenta de Fundación Proa, asociación creada para dar respuesta a la necesidad de una educación de calidad en áreas vulnerables.

Los primeros instrumentos de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Colón fueron comprados con fondos aportados por los hermanos de La Salle. El mantenimiento corre por cuenta de Fundación Proa, asociación creada para dar respuesta a la necesidad de una educación de calidad en áreas vulnerables. Foto por: LA PRENSA/Eric Batista

El milagro musical de La Feria de Colón El milagro musical de La Feria de Colón

El milagro musical de La Feria de Colón Foto por: LA PRENSA/Eric Batista

Fundación Proa y la orquesta reciben donaciones de particulares para compra de instrumentos, repuestos y salarios de los profesores. Fundación Proa y la orquesta reciben donaciones de particulares para compra de instrumentos, repuestos y salarios de los profesores.

Fundación Proa y la orquesta reciben donaciones de particulares para compra de instrumentos, repuestos y salarios de los profesores. Foto por: LA PRENSA/Eric Batista

Así ensaya la Orquesta Sinfónica Juvenil de Colón Así ensaya la Orquesta Sinfónica Juvenil de Colón

Así ensaya la Orquesta Sinfónica Juvenil de Colón Foto por: LA PRENSA/Eric Batista

Colón tiene, por momentos, un aura grisáceo y acuoso, que colisiona con los colores palidecidos de los multifamiliares que, como bloques de hielo, dan la impresión de derretirse bajo la humedad que provoca la lluvia.

Para llegar al barrio de Los Lagos, desde el camino que se adentra hacia las entrañas de Colón, se debe contar una cantidad ­imprecisa y confusa­ de puentes elevados, antes de doblar a la derecha. De equivocarse, habrá que volver a empezar desde el inicio del camino, ya que tampoco se sabe con certeza cuál era el primer puente.

Pero, a pocos metros de la entrada a Los Lagos ­también conocido popularmente como La Feria­ se encuentra el San Miguel Febres Cordero, un colegio que sirve como techo para lo que actualmente es la Orquesta Sinfónica Juvenil de Colón, integrada por instrumentistas de distintos colegios de la provincia, en edades de entre 10 y 17 años.

“La mayoría de estos niños es de este colegio”, expresa el director de la orquesta, el viola Luis Morales. “Viven en el área de Los Lagos, mejor conocido como La Feria, un lugar de riesgo social en Colón”.

Según el músico, en La Feria se puede encontrar tanto a una persona con una pistola apuntando, como a otra, tocando un violín.

“Hay diversidad de gente: entre pastores, pandilleros y músicos”, dice.

El San Miguel Febres Cordero es un plantel con un amplio patio central y es la casa de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Colón. Expandir Imagen
El San Miguel Febres Cordero es un plantel con un amplio patio central y es la casa de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Colón. LA PRENSA/Eric Batista

Ese domingo, la calle estaba tranquila, quizás porque estaba lloviendo y la gente ­como expresa Víctor Alarcón, profesor de vientos metales y percusión­“está guardada”, entre construcciones inconclusas, matorrales, basureros atiborrados, calles agrietadas, la “chacalería” y la “demencia”, aunque no todo es malo, a pesar de que algo que parece predominar en La Feria es la “maleantería”, describe Alarcón.

La condición del clima atrasó la llegada puntual de los cerca de 55 jóvenes instrumentistas del colectivo, que en 2005 inició con 15, por iniciativa del profesor Arsenio Vargas y llevado a cabo gracias al apoyo de la Fundación Proa.

Antes de la creación del San Miguel Febres Cordero, “no se podía entrar a La Feria”, recuerda Natalia Ramos, flautista de 16 años, miembro de la orquesta desde hace tres años y medio y residente de La Feria.

“Era una zona roja para todo el mundo, pero cuando se creó la escuela y luego la orquesta, los jóvenes abandonaron las pandillas. Ya no hay tanta balacera como antes”, describe Natalia, quien recuerda que debía estar tras la puerta de su hogar a las 4:00 p.m.

El San Miguel Febres Cordero es un plantel con un amplio patio central, ese domingo, bataneado por una lluvia voraz. Frente a él, un edificio principal de tres pisos, y a una ladera, un pasillo con aulas de puertas de hierro negras que parecen ser de grados de primaria.

Al final de ese pasillo se encuentra una biblioteca, donde los maestros Morales, Alarcón y el violinista Darnell Hall se encargan de acomodar las sillas para los ensayos de acuerdo a la ubicación de los instrumentistas.

Advertidos de mantener el orden mientras el espacio es habilitado, se aprovecha el tiempo en ensayar, afinar, o repasar partituras, sentados en unos banquillos de madera vieja y tambaleante frente a la lluvia arrasadora.

Adentro, un aula con estantes de acero donde se encuentran libros de materias de grados, es utilizado como sala de ensayo en horas extracurriculares y los fines de semana.

En el fondo, y aledaño a la pizarra, se ubica un pequeño altar que consta de un crucifijo, una imagen de la Virgen del Carmen, unas flores y, a un lado, una foto de San Juan Bautista, que le dan a la biblioteca un aire de aula de religión.

Fundación Proa y la orquesta reciben donaciones de particulares para compra de instrumentos, repuestos y salarios de los profesores. Expandir Imagen
Fundación Proa y la orquesta reciben donaciones de particulares para compra de instrumentos, repuestos y salarios de los profesores. LA PRENSA/Eric Batista

“¡Quiero un ensayo perfecto! Como debe ser”, exclama Morales, abriendo los brazos para hacer sonar a la orquesta con Ayalada, una alegre mezcla de varios temas del interprete del folclore Osvaldo Ayala, y Scottish Fantasy (1880), una pieza para violín y orquesta de Max Bruch que tuvo como concertino al violinista Edgardo Delgado.

A los 11 años, Edgardo escuchó por primera vez cómo sonaba el instrumento de cuerdas y madera.

Estaba en sexto grado de esta escuela cuando un día anunciaron en su salón que una orquesta estaba por crearse. Ese mismo día, Edgardo inició su investigación de “qué era una orquesta y sus instrumentos”, dice.

“Cuando tuve el instrumento por primera vez en mis manos fue un momento muy feliz en mi vida”, cuenta el violinista, hoy con 16 años de edad. “Fue un sentimiento inigualable. La música es una parte de mí, de mi cuerpo y si me desprendo de ella, es como si me quitaran un brazo”.

Hay un tema de Kenny G que, “además de poseer una tranquilidad que llena de paz, tiene unos registros increíbles”, describe el saxofonista Dionel Vargas, de 15 años, sobre el reconocido tema Going home, de 1989.

“La música es algo que llena a uno, y puede cambiar la vida en muchos sentidos. Lo puede sacar del mal camino, siempre y cuando ponga 100% de sí mismo”, afirma Dionel.

Con su instrumento descansando en sus piernas, una camisa crema y un pantalón chocolate, Dionel confiesa considerarse “un joven violento”, pero, que cuando toma su saxofón se adentra en un ambiente de paz, en el que puede demostrar que se puede vivir de la música.

“Es algo que me lleva lejos. Estoy aquí pero en un mundo diferente”, dice con una sonrisa que transporta a cualquiera al lugar que describiese tras un solo de su saxofón.

Al reflexionar sobre si es posible ser músico en Colón, el director Luis Morales enciende una linterna en el túnel, aunque “todavía falte mucho desarrollo”, afirma.

“El problema más grande que puede tener un músico en Colón es que no se imponga metas”, agrega, pero, “el día en que esta sinfónica llegue a dar un testimonio de haber tocado en los mejores escenarios de Panamá y del exterior, entonces, la gente sabrá que esta orquesta es de La Feria y muchas mentalidades cambiarán”.

La música como oportunidad, los héroes de la 'feria'

Los jóvenes Luis Morales, Víctor Alarcón y Darnell Hall, Ángel Bonilla y Pablo Atkins, maestros del colectivo musical se iniciaron en la música en 1998 con el profesor Felipe Hudson, quien tuvo la visión de que en Colón existiera una orquesta sinfónica. Hoy, dos de los cinco maestros son remunerados por la Fundación Proa y los otros están en la planilla del colegio San Miguel Febres Cordero.

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