desarrollo económico

Un país emergente con vocación global

Panamá puede convertirse en un centro de movimiento de carga y pasajeros para toda la región, obteniendo muchos beneficios.

¿Cuál es el destino de Panamá? Es una pregunta radicalmente difícil de contestar, pero la periodista de CNN, Claudia Palacios, recientemente propuso un término que sintetiza efectivamente los pronósticos y evaluaciones de la comunidad global hacia Panamá.

Palacios comentó, en su discurso de apertura del foro “Invertir en Panamá” que se celebró la semana pasada en la ciudad capital, que el país se prestaba para convertirse en un “centro neurológico” para la región. La analogía con el sistema nervioso podría ser la indicada cuando se toma en cuenta el rol y las responsabilidades que la industria nacional cada día continua desarrollando.

El sistema nervioso de América Latina es un complejo, compuesto por el movimiento diario de una cantidad impresionante de contenedores, personas, información y recursos físicos de consumo. Esta masiva actividad de movimiento dentro del continente y hacia afuera del mismo debe ser mediada por una cantidad igualmente masiva de personas dedicadas a administrar esa sustancial red de movimiento.

Panamá bien podría estar desarrollándose para ser un punto clave de toma de decisiones y de control administrativo en esa red encargada del movimiento de la producción mundial hacia América y la producción americana hacia el mundo.

El director del diario español El País, Javier Moreno, resaltó esta realidad al decir que Panamá se está consolidando durante el siglo XXI con la vocación de ser “centro global”. En este sentido, se resalta también los beneficios sustanciales que obtendría el país por servir como un centro global, muchos de los cuales serían financiados por inversión de capital extranjero. Estos beneficios incluyen una mejor calidad de vida, un mejor sistema institucional por ser parte de un monitoreo global y la aplicación efectiva de leyes a lo largo del país.

Panamá, no obstante su desarrollo de las últimas décadas, continua siendo uno de los países a nivel mundial más deficientes en provisión de justicia.

El país aparece en la posición 132 de 144 países de todo el mundo, en cuanto a independencia del sistema judicial según el Reporte de Competitividad Global del Foro Económico Mundial. Este es un elemento considerado clave en garantizar justicia rápida y efectiva.

Pero el reconocimiento de retos no afecta la visión optimista de la comunidad global para Panamá, que incita constantemente al país a despertar su capacidad de pensamiento sobre el desarrollo nacional. Moreno establece el tono del diálogo entre las dos fuerzas, al resaltar el foro como una oportunidad para salir “no con soluciones, sino con buenas ideas”.

Parte fundamental de estas nuevas ideas son los beneficios que puede proveer Panamá a la región. “El principal activo del país,” comentó el profesor Edwin Cabrera en su discurso, “no es el Canal, sino la situación geográfica”.

El tránsito por Panamá se vuelve clave durante un siglo marcado por nuevas tendencias globales, desde desarrollos avanzados en tecnología de transporte y movimiento de carga hasta el alza de China y otras potencias de Asia que ven con enorme interés a las poblaciones y recursos de América Latina.

De hecho, durante la semana pasada, China firmó 24 acuerdos de cooperación mutua con la región, buscando incrementar su participación en el desarrollo político y social americano. La región parece estar respondiendo positivamente. Bolivia, por ejemplo, no dudó en profundizar durante el último año su programa de intercambios educativos con China, mientras que se nota una mayor participación de empresas del continente asiático en licitaciones gubernamentales latinoamericanas.

Dentro de esta coyuntura, Panamá se posiciona para disfrutar de un sustancial empuje en su crecimiento, siendo considerado, junto a Chile, uno de los pocos países en la región con la posibilidad de hacer un pronto salto al codiciado estatus de ser una economía de primer mundo.

Una preocupación importante es elevada por el analista Edwin Cabrera. “No solo es el crecimiento, sino cómo va a suceder y si estamos preparados. Hay mucho por hacer y mucho por decir”.

Existe una preocupación importante por la estabilidad y solidez del marco institucional del país, reflejado no solo por estudios como aquel del Foro Económico Mundial, sino por los apuntamientos de varios grupos locales, incluyendo la Cámara de Comercio .

Un enorme empuje de crecimiento mediado a través de instituciones débiles puede devenir de forma rápida en un marco inestable de crecimiento, ejerciendo presiones económicas que resultan en mayor desigualdad social, una distribución no efectiva del crecimiento y un alza en tensiones sociales.

El mecanismo de resolución a estos problemas dentro del país, visto en las recientes protestas en dos provincias, Bocas del Toro y Colón, es uno de imposición y no de mediación.

Este tipo de instituciones de diálogo social generan un fenómeno excluyente, lo cual empuja más las presiones sociales generadas por el cambio económico.

Panamá está posicionada para hacer un salto importante, pero será necesario recalibrar su marco institucional de tal forma que pueda aprovechar estas ventajas sin sufrir los dolores que puede causar un crecimiento acelerado.

El país fue caracterizado durante el foro como “propenso a la paz y amigo de todos”, una idea que hila cierta desde que fue desarrollada por los estudiosos que dieron forma a la visión de país mundial que tenemos, como Justo Arosemena.

La formulación de Cabrera podría ser un llamado a la atención de diferentes sectores de la economía y la sociedad nacional, solicitando no el cierre de una discusión, pero sí el inicio de una búsqueda de consenso.

Presión sobre la capacidad de financiamiento del país

El proyecto de ley del diputado Yassir Purcait, que buscaría restringir la provisión de servicios auxiliares marítimos a empresas con capital predominantemente panameño, podría poner una fuerte presión sobre la capacidad de financiamiento del país al excluir inversión extranjera.

El cierre de puertas hacia inversionistas en materia de provisión de servicios entra en conflicto con intereses regionales que buscan invertir y desarrollar la infraestructura logística del país. Sin esa entrada de capital, Panamá se vería forzado a financiar su propio desarrollo logístico de forma interna, a través de deuda, lo cual pondría una mayor presión inflacionaria sobre los precios o a través de una mayor recaudación tributaria.

Distintos grupos internacionales, entre ellos McKinsey & Co., han indicado las enormes oportunidades que Panamá tiene disponible para su desarrollo logístico y social, las cuales se podrían ver en jaque de ser aprobada la ley y publicada en Gaceta Oficial. La clausura del mercado de servicios auxiliares iría contra el grado de la apertura progresiva del país desde hace varias décadas atrás.

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