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El problema de las noticias falsas

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El problema de las noticias falsas

El 30 de octubre de 1938, Orson Welles causó pánico nacional en los Estados Unidos cuando narró una adaptación de “La Guerra de los Mundos” en su programa dominical de radio.

Welles contaba cómo los marcianos estaban invadiendo la Tierra; aniquilando a 7 mil hombres de la guardia nacional; y liberando gas venenoso en el aire. Su intención jamás fue engañar a alguien pero cuando la mayoría de las personas sintonizaron el programa unos 12 minutos tarde, no escucharon que esta era una obra de ficción. Se estima que hasta un millón de personas creyeron que la invasión marciana de hecho estaba ocurriendo en ese momento. Esto no quiere decir que un millón de personas escucharon el programa de Welles, pero entre los reportajes de pánico hubo el caso de una señora en Indianápolis quien entró a una iglesia gritando “Nueva York ha sido destruido. El mundo se está acabando. Vayan a sus casas y prepárense para morir”. Hacia el final de la programación, Welles se enteró del pánico que se había causado y recordó a los radio-escuchas que todo era ficción. Este incidente estableció un precedente para que los medios de comunicación tuvieran cuidado al compartir información para que no se volvieran a confundir las noticias falsas con reales.

78 años más tarde, las noticias falsas vuelven a ser una preocupación. Esto no significa que en estos 78 años no haya habido noticias falsas sino que la sociedad, en general, aprendió a filtrar suficientemente bien entre medios de comunicación de reputación seria o dudosa. Hoy en día y en parte por el declive de los medios tradicionales de comunicación, todo el mundo (de alguna manera) se ha vuelto un corresponsal. Las prioridades comerciales y el modelo de negocio publicitario de los medios tradicionales abrieron el espacio para confiar e incluso buscar el reportaje independiente. Aunque este era un golpe/protesta necesaria en contra de los medios tradicionales, ahora ya no es tan obvio qué medio de información es confiable y cuál no. Ya no es tan obvio qué significa confiable ni en quién queremos confiar.

Solo la semana pasada, Adam Saleh posteó un video “reportando” cómo lo bajaron de un avión de Delta Airlines por estar hablando en árabe por teléfono con un amigo. El video rápidamente se hizo viral con más de 730 mil likes o “me gusta”, 1 millón de veces compartida, y 160 mil comentarios criticando la islamofobia. Yo vi los posts de amigos que también compartieron la información y nunca consideré que podría ser falsa hasta que vi un video de Phillip DeFranco exponiendo a Adam Saleh.

En su video, DeFranco expone a Saleh como un youtuber con un historial de creación de noticias falsas a las que llama “experimentos sociales”. DeFranco demuestra incongruencias del video de Saleh y declaraciones posteriores por Twitter. Videos como el de Phillip DeFranco deberían ser un llamado de atención no solo para Saleh sino para cualquier persona que tenga una audiencia online, a tener cuidado con lo que publican, ya que pueden tener un impacto mucho más trascendental en la opinión popular de lo que pudieran imaginar.

Las noticias falsas están plagando el internet y debemos preguntarnos qué tan susceptibles somos a ellas y qué tan cómplices también.

Para hacerlo, hay que tener claro de dónde estamos sacando nuestra información. ¿Estamos suscritos a fuentes confiables de información para recibir nuestras noticias diariamente o leemos la mayoría de la información en Facebook? Si es así, ¿estamos analizando con detenimiento cuál es la fuente? ¿Verificamos los hechos e investigamos más antes de compartir? ¿Leemos más allá del titular antes de compartir?

Estas preguntas pueden parecer ridículas para algunas personas pero es un modus operandi popular para muchos consumidores de noticias digitales.

Antes, unos cuantos medios tradicionales tenían que ponerse de acuerdo para regular su contenido editorial. Hoy en día, la humanidad entera tiene acceso a crear y difundir información y es mucho más difícil asegurarnos que todos estemos en la misma página.

Debemos tomar conciencia acerca del rol que tenemos todos como individuos y creadores oficiales/no-oficiales de contenido para asegurarnos de que predomine la información y no la desinformación.

Si te parece interesante o preocupante este tema, no me creas. No compartas este artículo antes de haber investigado más al respecto. Investiga acerca de las noticias falsas o de Phillip DeFranco vs Adam Saleh.

Empecemos nuestras prácticas de consumo y difusión de contenido conciente, para regresar de la postverdad a la verdad. ¡Feliz inicio de 2017! Hagamos de este, un año verdaderamente bueno.

La autora es promotora de emprendimiento

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