LUNES CON EL PIE DERECHO

El río hirviente de la Amazonía

El río hirviente de la Amazonía El río hirviente de la Amazonía
El río hirviente de la Amazonía

Stefy Cohen

OPINIÓN

Cuando Andrés era un niño en Perú, su abuelo le contó una leyenda acerca de un río que hervía en la mitad de la Amazonía. La leyenda contaba que en venganza de la avaricia de los conquistadores, un líder inca los envió en búsqueda de este río bajo la falsa pretensión que escondía kilos de oro dentro. Esta, en realidad, era una trampa para enviar a los conquistadores a las fatales temperaturas de este río.

Como ocurre con la mayoría de los cuentos y leyendas que uno escucha de niño, Andrés olvidó este relato de su abuelo hasta años más tarde cuando se había convertido en geólogo y exploraba fenómenos de termofísica. Fue entonces cuando recordó la leyenda de su abuelo y regresó a Perú con una pregunta: ¿será cierto que existe un río que hierve en la mitad de la Amazonía?

Lo curioso de esta pregunta no es la cuestión acerca del río, sino acerca del lugar donde está. Existen ríos hirvientes en el mundo, producto de que están ubicados sobre volcanes que calientan la temperatura de sus aguas. Sin embargo, si no existen volcanes en la Amazonía, ¿por qué o cómo habría un río hirviente ahí?

Andrés consultó con las autoridades peruanas y todos le aseguraron que no existía un río hirviente en esa zona. Desilusionado con esa respuesta, él dudó por un momento la relevancia de su viaje hasta Perú siguiendo una antigua leyenda. Pero comentándoles a sus familiares acerca de su desilusión, una de sus tías lo desmiente. Ella le cuenta que sí existe el río hirviente, que ella lo ha visto, que está protegido por un chamán, y que ella además es amiga de su esposa.

Con esta información y guiado por el chamán, Andrés Ruzo —geólogo latinoamericano— llegó al río hirviente de la Amazonía. Sin una clara ni directa explicación científica, este río hierve a cien grados, sin estar sobre un volcán, y su agua es caliente pero potable. Allí Andrés descubre que los habitantes de los pueblos cercanos utilizan esta agua para cocinar y bañarse. Además, que cientos de turistas ya se habían maravillado ante su presencia.

Andrés no descubrió el río hirviente, sin embargo, su proyecto es líder en su investigación. Porque se hizo una pregunta. Aunque él no fue el primero en ver el río, fue el primero en preguntarse: ¿por qué existe? ¿cómo existe? y, ¿cómo allí? Hacerse una serie de preguntas llevará a Andrés Ruzo a encontrar su respuesta.

El hacernos preguntas es la herramienta mental que necesitamos para repensar el mundo en el que vivimos. Solo cuando cuestionamos el porqué de lo que nos rodea podemos descubrir por qué las cosas son como son, desde cuándo están así y cómo podríamos readaptarlas al ahora. Sin embargo, creo que hay una diferencia entre la curiosidad libre y la curiosidad estructurada o con un propósito.

La curiosidad libre es el hacernos preguntas en búsqueda de una respuesta. Es como “jugar” en Wikipedia a buscar: “Napoleón”, “Segunda Guerra Mundial”, o “La invención del telégrafo”, (por ejemplo) para aprender acerca de distintos temas. La curiosidad libre inmediatamente nos sirve para informarnos y a la larga nos provee distintas nociones/conceptos que eventualmente podemos unir para utilizarlos con fines creativos.

La curiosidad estructurada, en cambio, es hacernos preguntas para diseñar nuestra propia respuesta. Es hacernos preguntas como exploraciones mentales que se traducen a exploraciones reales. La curiosidad estructurada nos sirve para transformar nuestras ideas en un proyecto tangible a través del cual podamos darle nuevos significados a nuestras preguntas o descubrir nuevas maneras de hacer las cosas.

Para emprender e innovar necesitamos combinar épocas de curiosidad libre con épocas de curiosidad estructurada; de tal manera que creemos un repertorio de conceptos con los cuales luego podríamos experimentar. El primer paso hacia un descubrimiento es hacernos una pregunta. Si no sabemos qué estamos buscando, no sabríamos aunque lo hubiéramos encontrado.

Hoy, pregúntate ¿cuál pudiera ser tu río hirviente? ¿Qué ha visto otra gente pero no ha cuestionado su existencia? Y ¿cómo pudieras tú descubrir o diseñar una nueva respuesta?

PD. Si quisieras conocer más acerca del río hirviente, te recomiendo que veas el video de Andrés Ruzo en TED (www.ted.com).

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