ANÁLISIS SOCIOECONÓMICO

$620, el salario promedio del país que más crece

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) hizo un cálculo halagador para la economía panameña. La nación habrá de alcanzar este año el producto interno bruto (PIB) per cápita más alto de América Latina y el Caribe, desplazando a Chile, que lo ha mantenido por los últimos 16 años.

La bandera de orgullo fue levantada por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) cuando rindió cuentas de su gestión ante la Asamblea Nacional este mes. El ministro de Economía, Dulcidio De La Guardia, habló de los logros y el crecimiento económico de 5.4% al cerrar 2017.

El ingreso per cápita (por cabeza) es definido como el ingreso promedio anual que recibiría un ciudadano , siempre y cuando el ingreso nacional sea repartido de manera equitativa.

En el caso de Panamá, ese PIB per cápita, según el FMI, sería de $25,712 para el año 2018, es decir, $2,142.66 al mes. Pero todos saben que este indicador no guarda relación con el salario promedio, que a agosto de 2017 fue de $690 al mes.

Las estadísticas de la Contraloría General de la República indican que dos de cada tres trabajadores ganan menos de $800.

Sobre este tema, la literatura siempre ha advertido de que en todos los países hay desigualdades entre sus individuos, y el problema principal es que el PIB no lo contabiliza. Dividir el PIB de una nación entre el número de habitantes da por sentado que todos tienen el mismo nivel de riqueza, cuando no es así.

De allí que cuando el aparato estatal expresa la bonanza económica, muchas personas no sienten que las cifras de crecimiento se reflejen en sus vidas y menos en su economía doméstica.

La data laboral, el termómetro más cercano a la realidad, indica que 190 mil 255 panameños con empleo formal tienen salarios inferiores a $399 al mes.

El salario promedio en las actividades agropecuarias es de solo $292. Para algunos es inimaginable vivir con esa ínfima cantidad de dinero. Es un pago ridículo frente a los gastos que hay que enfrentar cada mes.

Un trabajador de esta rama genera ingresos por $3,504 al año, muy lejos de los $25,712 que plantea el PIB per cápita del FMI. El dinero alcanza a duras penas para cubrir necesidades básicas de alimentación.

Con un costo mensual de la canasta básica de alrededor de los $316 al mes, es poco lo que le quedaría a estos panameños que, teniendo trabajo, viven en el filo de la exclusión.

En los últimos 10 años la inflación acumulada del país ha sido de 38.4%.

La pérdida adquisitiva de dinero imposibilita afrontar ciertos gastos, y menos el ahorro.

En el comercio, el salario promedio es de $622, mientras que en la industria manufacturera es de $620. Un privilegiado 2.9% de los trabajadores en el país devenga más de $3 mil, según la Contraloría.

La riqueza está entre pocos, los precios suben y muchos pierden calidad de vida por tratar de generar los ingresos que necesitan sus familias.

¿Qué puede hacer el país para que sus índices económicos lleguen a todos los panameños?

Hace poco, Ricaurte Catín Vásquez, exministro de Economía, matemático y estudioso de temas sociales, habló al respecto.

Expresó que, sin duda, la educación es un elemento vital para generar capital humano que pueda competir, generar trabajo y bienestar personal.

El caso panameño, dijo, tiene serias deficiencias en este sentido que datan de varias décadas. Una de ellas es que el conocimiento que se imparte es obsoleto.

Además, el problema del capital humano panameño va más allá de la educación: “sus raíces tenemos que buscarlas en la cultura y los valores. En este sentido, Panamá y otros países han desarrollado una cultura de mendicidad, un patrón cultural que desvaloriza el trabajo a la espera de que alguien nos resuelva.”

“Por supuesto, el empleo es la mejor manera de distribuir la prosperidad económica y evitar el conflicto social. El empleo tiende a desarrollar un sentido de pertenencia que no sucede cuando las personas reciben subsidios, por ejemplo. Para ello, hay que mejorar la capacidad productiva del panameño...”.

Las realidades del trabajo son otras en la sociedad del conocimiento. “Son totalmente diferentes al trabajo de fábrica, campo o comercio”, sentenció. Es trabajo a distancia y colaborativo que no se limita al país.

Por otro lado, la tecnificación de la producción agrícola es una necesidad, no a través de subsidios, pero sí a través de tecnología y nuevos productos.

Las cifras, por ahora, expresan un cambio en el patrón de expansión del PIB y sus implicaciones sobre el empleo y el bienestar colectivo con repercusiones sociales importantes.

Se pierde oportunidad de inserción laboral

El Banco Mundial le advirtió a Panamá sobre los cambios laborales que traería la culminación de los trabajos de ampliación del Canal y de los retos en términos de productividad e inserción laboral que hoy enfrenta el país.

Desde 2012, el informe Mejores empleos en Panamá: el rol del capital humano precisó que había que enfocarse en la mejora educativa y en el aumento de capacidades de los trabajadores para migrar a sectores con necesidades futuras, como turismo, logística y agronegocios. ¿Se hizo algo?

Los números indican que entre 2004 y 2014, el 52% de la expansión del empleo vino de la construcción, el comercio y la agricultura, gracias a los proyectos como la expansión del Canal y el efecto multiplicador en el consumo.

Se calcula que cada 100 nuevos empleos directos en construcción generan 50 trabajos en otros sectores. Cuando la actividad se contrae, asimismo de fuerte es el impacto.

Resulta que de 2014 a 2017 la dinámica cambió, y 52% de los nuevos empleos viene de la logística, el turismo y la industria.

La construcción perdió más de 15 mil empleos y hay una sobreoferta de personal calificado, acostumbrado a ingresos por encima del salario promedio, pero sin las competencias para insertarse en otros sectores.

René Quevedo, especialista en el tema, ha manifestado que dicho fenómeno es directamente responsable por el aumento del desempleo, de 4.8% a 6.1%, el cual refleja el incremento de la brecha entre lo que requieren los sectores que crecen y la disponibilidad de gente con las competencias necesarias.

“La gente no entiende que el modelo de expansión económica cambió. Es más fácil culpar al gobierno en un momento crítico como el período preelectoral, en el que se juega a crear expectativas a través de estribillos políticos”, advirtió Quevedo.

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