Apagan luz al instituto del DNA en la UP

Rafael Pérez G. rperez@prensa.com Gustavo García de Paredes aspiró a ser candidato presidencial en las primarias del PRD en 1998. Su eslogan: "Gustavo sabe cómo...". Seis años después, García de Paredes no es presidente, pero sí rector de la Universidad de Panamá (UP). Y acá ha sabido hacer efectivo su viejo eslogan, al apagar la luz de la investigación científica.

Resulta que la administración de la UP ordenó el cierre del Instituto del DNA y del Genoma Humano, adscrito directamente al despacho del rector. Las verdaderas razones de la medida no se conocen con precisión. Incluso, Tomás Arias (garias@cableonda.net), quien fuera su director, asegura desconocerlas.

En diciembre pasado, le dirigió una carta –que nunca tuvo respuesta– a García de Paredes, en la que le recordaba que antes de su toma de posesión como rector –en octubre del año pasado– le ponía su puesto a disposición, aunque ello no debía interpretarse como que estaba en proceso de jubilarse después de 36 años dedicado a la investigación científica.

Algunos piensan que el instituto tiene escasa o nula proyección para el prestigio de la UP en el ámbito nacional, indicaba en su nota, pero el informe del último año, por ejemplo, revela todo lo contrario, y responde a los logros y éxitos obtenidos. Y sus palabras no estaban alejadas de la realidad.

Los investigadores del instituto han publicado más de 60 artículos científicos en revistas internacionales y entre 2002 y 2003 aparecieron más de una docena de artículos referentes a investigaciones en diarios nacionales.

Su obra cumbre lo constituye una investigación referente a la composición genética de la población panameña. Se descubrió, por ejemplo, que su composición étnica se originó de la mezcla racial del 37.6% de los indígenas, 36.5% de los negros coloniales y afroantillanos y del 25.9% de los blancos.

Pero, ¿qué investigaciones se pueden llevar a cabo con un presupuesto anual que en su mejor año no superó los 800 dólares? En el último año recibieron un presupuesto de 239 dólares. Es decir, contaban con menos de 20 dólares mensuales para investigación, muy por debajo al salario de un cajero, un carpintero, un trabajador manual o un despachador de alimentos en la UP.

Todo esto en una universidad cuyo lema principal es "Hacia la luz...". En la actualidad, su más grande necesidad la constituye una computadora que le permita concluir las investigaciones que están pendientes.

Tomás Arias, doctorado en química medicinal en la Universidad de Michigan, entiende que por la naturaleza de la investigación científica, especialmente la básica, es de esperarse que no rinda frutos de inmediato que puedan ser "contados en dólares y centavos...". Eso tomará un tiempo, señala Arias, quien se pregunta cómo es que este instituto fue cerrado. Habrá que preguntarle al rector. Es él quien sabe cómo...

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