Tras las marcas del cáncer

Las investigaciones sobre cáncer van tras las pistas de un gen, una molécula o una proteína: el reto para ganarle a la enfermedad podría estar en los marcadores moleculares

“Aunque no sabemos por qué las células cancerígenas se empeñan en ser inmortales, lo que sí sabemos es que el cáncer es una enfermedad que está caracterizada por fenómenos que están muy cerca del concepto de la formación de la vida”, explica Carlos Cordón-Cardó, director de la División de Patología Molecular en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York. “El cáncer, por definición, es una enfermedad de crecimiento celular, es decir, que de una célula nacen miles de millones. Por eso hemos estado tratando a los pacientes con fármacos que paran las células que crecen muy deprisa, al tiempo que se atacan también células buenas. Pero ahora empezamos a aprender que podemos inducir la muerte celular, y éstos son los nuevos caminos que estamos buscando”.

Como patólogo, Cordón-Cardó es de esos médicos que el paciente nunca ve, pero que en su laboratorio, y con la ayuda del microscopio y las nuevas tecnologías, se enfrenta cara a cara con el tumor. Las pistas que va buscando son un gen, una proteína o una molécula de ARN (ácido ribonucleico) que le permitan saber cuál va a ser el comportamiento del tumor. Es decir, va en busca de marcadores moleculares, esos elementos biológicos que el tumor lleva consigo como producto de su propia naturaleza y que están probando ser pistas de diagnóstico e incluso objetivos dignos de ataque en el tratamiento de la enfermedad.

“La patología es el estudio anatómico de las enfermedades. Sin embargo, las apariencias engañan”, dice el médico. “Dos tumores que bajo el microscopio son muy parecidos, a veces tienen un comportamiento distinto. Y es aquí donde las técnicas modernas, como los microchips que identifican cientos de genes en un solo intento, nos permiten saber que en dos tumores iguales solo en uno hay un gen cuya presencia es muy crítica y por lo tanto ese es el caso que va a ir mal”.

En este sentido, pioneros en el campo de la patología molecular como lo es Cordón- Cardó, ya han dado pasos adelante en la identificación de estos marcadores moleculares.

Es el caso de la proteína PSA (Prostatic Specific Antigen o Antígeno Específico de la Próstata), que solo se produce en la próstata –por lo tanto las mujeres no lo tienen– y que es un marcador que se encuentra en el suero de la sangre. En el hombre, esta proteína se encuentra en niveles muy bajos. Sin embargo, cuando el varón envejece y la próstata crece un poco, los valores de esta proteína crecen también. Dado que la gran mayoría de los cánceres de próstata producen mucho PSA, los médicos lo están utilizando para vigilar a pacientes que, de repente, pasan de tener valores muy bajos a valores que no son normales.

“Este marcador nos ha permitido hacer una resonancia de la próstata a pacientes que tienen valores muy elevados, y ver si hay áreas más calientes o más frías. O meter agujas de forma un poco invasiva, pero sin sacar todo el órgano, para saber si hay cáncer o no”, explica Cordón-Cardó. “En algunos individuos, el ser seguidos a través del PSA les permite tener un diagnóstico muy temprano del cáncer de próstata, ser tratados y curados”.

Otro marcador molecular que está ayudando a los médicos a identificar pacientes que tienen una leucemia con posibilidades de cura, es el producto de dos genes que se rompen y se juntan: el BCR con el ABL. El truco aquí reside en que en circunstancias normales, estos dos genes nunca aparecen juntos porque pertenecen a cromosomas distintos. Encontrarlos uno al lado del otro es una señal inequívoca de que se ha producido una mutación.

“Hasta el momento esto había sido fantástico para el diagnóstico de las leucemias crónicas porque este cromosoma no existe en las células normales”, dice el patólogo. “Recientemente las investigaciones han dado como resultado que bloqueando la proteína que genera esta unión, no solo es una manera de atacar a la enfermedad sino también de curarla. Y estamos curando a pacientes que estaban realmente enfermos”.

Un tratamiento para cada quien

Todos los individuos tenemos, aunque en un mínimo porcentaje, un código genético que nos diferencia de los demás. Es por eso que a través de la herencia y de acuerdo con nuestra propia constitución, en cada uno de nosotros habrá genes trabajando a nuestro favor, mientras que habrá otros dispuestos a jugarnos una mala pasada.

Si bien los estudios moleculares en materia de cáncer se inclinan a favorecer los tratamientos personalizados, una vez que los patólogos encuentran un marcador –ese gen o proteína cuya presencia o ausencia interfiere en el comportamiento de un tumor–, el siguiente paso es validar ese descubrimiento con pruebas que abarquen a un mayor número de personas. Es decir, probar que ese marcador es válido para el diagnóstico o tratamiento de por lo menos el 30% ó 40% de los casos.

“Las moléculas que estudiamos son o tienen que ser muy parecidas o idénticas en el mayor porcentaje de individuos”, explica Carlos Cordón-Cardó. “Es por esta razón que es mejor encontrar varios marcadores en vez de uno solo. Y cuanta más información diversa aporte cada uno de ellos, más campo cubre el ensayo”.

Luego viene el proceso de poner a prueba el medicamento o terapia médica desarrollada a partir del marcador molecular, lo que se hace a través de pruebas clínicas con un mayor número de enfermos.

De acuerdo con el director de la División de Patología Molecular del Memorial Sloan Kettering, hoy por hoy, y gracias al amplio uso que están haciendo los patólogos de las técnicas de biología molecular, es posible identificar una gran cantidad de marcadores. En el campo de la medicina, descubrir y poder utilizar elementos más específicos de diagnóstico y ataque significa que en muchos casos podrían evitarse las grandes cirugías y tratamientos con efectos secundarios tan desagradables como la quimioterapia.

“No me sorprendería que en un futuro próximo utilizáramos baterías específicas en cada tumor, marcadores que nos den no solamente un diagnóstico, sino una predicción más específica para cada paciente”, comenta el patólogo. “Es cierto que todavía muere mucha gente de cáncer, pero con una medicina más agresiva y con el reconocimiento temprano del cáncer estoy convencido de que en los próximos 10 ó 15 años vamos a ver una conquista global de la enfermedad, lo que no quiere decir que lo vayamos a superar, sino que vamos a ir tratando el cáncer de una forma más eficiente y menos invasiva”.

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