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Puntadas por la libertad

El sello, identificado con un tucán de cuerpo convexo en color y forma de arcoíris, le diferencia de las otras mujeres, reas que viven su encierro tras haber cometido algún error.

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Entre las internas, Claudia Luna (Der.) es ágil en las confecciones para vestidos. Mónica Meza(centro) se destaca en el calado talco en sombra, característico en un estilo de pollera, y Diana Grajales(Izq.) se decanta por el bordado a mano y la bisutería. Entre las internas, Claudia Luna (Der.) es ágil en las confecciones para vestidos. Mónica Meza(centro) se destaca en el calado talco en sombra, característico en un estilo de pollera, y Diana Grajales(Izq.) se decanta por el bordado a mano y la bisutería.
Entre las internas, Claudia Luna (Der.) es ágil en las confecciones para vestidos. Mónica Meza(centro) se destaca en el calado talco en sombra, característico en un estilo de pollera, y Diana Grajales(Izq.) se decanta por el bordado a mano y la bisutería. Roberto Cisneros

Kathia Thomas es una mujer negra elegante. Luce una camisa bordada en la parte del bolsillo superior con un logotipo de la marca para la cual trabaja de lunes a viernes, IntegrArte.

El sello, identificado con un tucán de cuerpo convexo en color y forma de arcoíris, le diferencia de las otras mujeres, reas que viven su encierro tras haber cometido algún error.

Kathia vive en el Centro Femenino de Rehabilitación de Panamá (Cefere), y cuando sale de su cuarto -un sitio dispuesto con camarotes uno tras otro-, se dirige a su trabajo en la sección de bordados para la marca IntegrArte.

Antes de que existiera el taller de libertad, como dice el eslogan de IntegrArte, Kathia, que lleva tres años purgando su pena, pasaba sus horas de voluntariado bajo el sol, con una pala, abriendo canales en el lodo para que el agua estancada fluyera. Un buen día supo de la apertura del taller de costura y se inscribió. Aquello fue una renovación para sus días.

Kathia Thomas está al frente de la sección de bordados a máquina. Expandir Imagen
Kathia Thomas está al frente de la sección de bordados a máquina. LA PRENSA/ Roberto Cisneros

El salón de costura está acondicionado con aire fresco y luces claras para poder coser con exactitud en máquinas nuevas. Kathia es una de las cuatro mujeres consideradas profesionales en el dominio de las cosedoras. “Cuando una máquina se daña yo misma la arreglo”, dice orgullosa, mostrando el artefacto con que hace dibujos con hilos, la también madre a quien aguardan cinco hijos fuera de ese lugar.

Por cada dos días que Kathia asista a sus jornada de costura, le conmutan un día de presidio, de acuerdo con la ley carcelaria aplicada en el Cefere, explica la licenciada Alma De León, encargada del departamento de Planificación y Proyectos del Ministerio de Gobierno, institución forjadora de IntegrArte, en alianza con la Oficina de las Naciones Unidas contras las Drogas y el Delito, el Proyecto de Cooperación en Seguridad de Panamá y la Unión Europea.

“Hay una opción de recibir remuneración económica, pero la mayoría de las internas prefiere que se les asignen días de libertad”, explica la funcionaria, que supervisa la visita periodística dentro del centro penitenciario.

La diseñadora Fátima Vargas, contratada para crear el catálogo piloto de IntegrArte, muestra un libro con las ideas que fueron llevadas al textil por las detenidas.

La colección se llamó Paraíso Étnico, y fue inspirada en las tradiciones panameñas como las molas de Guna Yala, la pollera y los diseños geométricos característicos de la cultura gnäbe y técnicas emberás. Dentro de la propuesta hubo 10 vestidos para damas y 5 conjuntos para caballeros, todos para la temporada Primavera-Verano, que se concretaron en el textil en ocho meses de seguimiento arduo.

“No es lo mismo trabajar con costureras profesionales, pero hicimos el esfuerzo por hacer lo mejor posible”, dice la diseñadora, que estuvo al tanto de mantener el estándar de calidad en las piezas resultantes.

“Hay que tener en cuenta que somos mujeres con condiciones distintas, agobiadas muchas veces porque estamos tristes pensando en nuestros hijos o en los problemas que siguen en nuestros hogares originales. Yo les digo a mis compañeras que el día que no se sientan con ánimos mejor se queden en su cuarto [celda]. Porque acá es para relajarnos y no para estar lidiando con el malhumor de otras”, justifica Kathia, que se destaca por su liderazgo en las tareas del salón.

Este 2017 habrá una nueva colección de indumentaria que las internas producirán. Expandir Imagen
Este 2017 habrá una nueva colección de indumentaria que las internas producirán. LA PRENSA/ Roberto Cisneros

Roberto Rodríguez, un funcionario que acompaña a la delegación en su recorrido por Cefere, y que aplaude el surgimiento de IntegrArte, piensa que por mucho tiempo las encarceladas habían sido “invisibilizadas”, debido a que la población de hombres presos les supera en número.

“Pero ellas, por ser mujeres, tienen necesidades diferentes que deben ser atendidas”, asegura con una visión más concienzuda del espectro carcelario.

IntegrArte no solo les dio oportunidad para capacitarse en costura, sino también de su subir la autoestima. Otras 11 chicas, por ejemplo, fueron entrenadas como modelos, tanto de fotografía como de pasarela.

Lolita, de 22 años, es la única del grupo de modelaje que sigue en el Cefere, las demás mujeres (11) y varones (4), estos últimos provenientes de otros centros penitenciarios, alcanzaron su libertad y se llevaron un certificado de la academia Physical por su rendimiento en la pasarela.

“Me entrenó en proyección y pasarela Alessandra Bueno. ¿Quién diría que yo tomaría clases de la mismísima Miss Mundo?”, se cuestiona todavía sin salir del asombro Lolita, cuyo nombre real es Dioveris Rodríguez.

El grupo presentó la colección Paraíso Étnico en el escenario del Mercedes Benz Fashion Week Panamá 2016. Salir de la prisión en calidad de modelo y asistir a un evento de prestigio como la semana de la moda panameña fue “inolvidable”, dice Lolita, de larga cabellera negra y quien recién había remarcado sus labios con un lipstick rojo encendido, al ser solicitada de improviso para conocerla.

Al dirigirnos al taller de molas nos encontramos con dos mujeres -una guna y una gnäbe- sumamente concentradas en su aguja e hilo. Conversando con la instructora, quien alardeaba de cómo los diseños de las reas habían llegado hasta el Palacio de las Garzas, en incrustaciones hechas a los diseños de Paraíso Étnico, una de ellas salió de su silencio.

Las molas fueron introducidas como aplicaciones en varias de las piezas de la colección 'Paraíso étnico'. Expandir Imagen
Las molas fueron introducidas como aplicaciones en varias de las piezas de la colección 'Paraíso étnico'. LA PRENSA/ Roberto Cisneros

“Yo no sabía ni para quién cosía, menuda sorpresa cuando me enteré de que mi mola estaba en el traje que lució la vicepresidenta y canciller de Panamá [Isabel de Saint Malo de Alvarado] en las pasadas fiestas patrias”, dice Idalcia Vélez con una sonrisa que se le ha dibujado de oreja a oreja, mientras se lleva la mano al pecho tratando de controlar sus emociones.

Muchas de estas mujeres han descubierto habilidades que había en ellas y que les eran desconocidas".

Alma de León Jefa del departamento de planificación y proyectos del Mingob.

Con IntegrArte, “muchas mujeres han descubierto habilidades que había en ellas y que les eran desconocidas”, recalca la funcionaria De León.

Una muy garbosa entre el grupo de bisutería es Diana Grajales, a pesar de haber sufrido una agresión en la nariz de parte de otra reclusa, que le mantiene un parche lineal en el perfil nasal.

Ella se muestra muy coqueta con maquillaje impecable y cabello ordenado. Diana muestra como trofeos sus creaciones, cojines finamente decorados con botones, tejidos y bordados a mano.

En el taller de costura que ofrece Cefere se está formando 50 nuevas internas. Expandir Imagen
En el taller de costura que ofrece Cefere se está formando 50 nuevas internas. LA PRENSA/ Roberto Cisneros

El encierro también propicia el ingenio. Diana ha encontrado utilidad en las ramas secas de un árbol frondoso que hay en medio del patio; el material le ha resultado perfecto -después del proceso de curado- para hacer pulseras, que con adiciones de hilos coloridos y perlas, lucen como si se tratara de productos de vitrina de una boutique exclusiva.

Alguien que no dudó de la capacidad de las reclusas del Cefere ha sido el reconocido chef panameño Mario Castrellón, propietario del restaurante Maito, quien se apuntó en la lista para mandar a hacer una línea de uniformes únicos para sus 11 colaboradores. Las prendas se entregaron en el tiempo estipulado y en Maito ya se visten a diario de IntegrArte.

De costos por la confección, De León no quiere hablar, puesto que hay un valor sentimental y artesanal en las piezas producidas, que además son irrepetibles, en un programa que cumple con la tan anhelada resocialización en los centros penales.

Ciertamente, ya a nadie le importa lo malo que haya hecho en el pasado una mujer del Cefere, porque su presente se está cosiendo y su futuro, una vez salga de prisión, se visualiza más claro.

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