Rico McPato y su peluquín

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La imagen del inmigrante latino como amenaza no ha cambiado en la mente de Donald Trump, el multimillonario de peluquín color zanahoria. La imagen del inmigrante latino como amenaza no ha cambiado en la mente de Donald Trump, el multimillonario de peluquín color zanahoria.
La imagen del inmigrante latino como amenaza no ha cambiado en la mente de Donald Trump, el multimillonario de peluquín color zanahoria.

El centro de atracciones Luna Park se abrió en Coney Island en 1895, y en sus teatros se presentaban toda clase de espectáculos en vivo, raíz de las posteriores superproducciones de Hollywood cuando llegó la era del cine. El más celebrado era La cacería humana.

Trescientos jinetes aparecían al galope por la pradera persiguiendo entre disparos a un roto mexicano, de guaraches y sombrero, que huía desesperado por delante de la cabalgata.

Por fin le daban caza lanzándolo, lo arrastraban hasta una pila de leña, lo amarraban a un poste, y lo hacían arder en la hoguera. El tiquete de entrada costaba 25 centavos de dólar, los niños, media paga.

El roto de este espectáculo era sin duda un inmigrante que había cruzado la frontera, entonces no tan severamente vigilada por drones y radares aerostáticos.

Y la idea que entonces se tenía de los mexicanos en Estados Unidos, como para que uno de ellos fuera el personaje central de una representación teatral semejante, aún queda prendida como un rescoldo que sólo basta avivar en la mente de algunos.

En San Ysidro, un condado lindante con México, una asociación de policías fronterizos enseña a los niños a disparar con una pistola de pinball a una figura recortada en cartón, que evoca la de un inmigrante ilegal, colocada al lado de la valla que separa los dos países. Esta es una de varias actividades recreativas organizadas por los patrulleros, que incluyen una carrera de cinco kilómetros para adultos y otra de dos kilómetros para menores.

La imagen del inmigrante latino como amenaza tampoco ha cambiado en la mente de Donald Trump, el multimillonario de peluquín color zanahoria que quiere ser como los clásicos íconos de la mitología del capitalismo, Cornelius Vanderbilt, Randolph Hearst, o Howard Hughes. Pero es más bien su caricatura, y en todo caso me recuerda a Phineas Taylor Barnum, el empresario que luego fundaría el famoso circo que llevó su nombre, y que tuvo en Luna Park su primera carpa donde alojaba su Museo de Seres Increíbles.

Barnum exhibía allí una sirena capturada junto con otras de su especie por la tripulación hambrienta de un barco ballenero extraviado en el mar del Norte, la única en salvarse del cuchillo del cocinero gracias a ser la más vieja de todas. Trump, que se ha proclamado aspirante a la presidencia de Estados Unidos, también captura sirenas. Es el dueño de todo un circo mundial, el de Miss Universo, donde la pasarela sustituye a las vitrinas para exhibir especímenes.

Y cuando el cirquero habla de los mexicanos, indeseables por inmigrantes, a los que promete un inexpugnable muro de contención si gana la Presidencia, no oculta que se refiere a todos los latinoamericanos pobres, los mismos que dejan sus huesos blanqueando en el desierto de Arizona. Para Trump todos ellos son criminales, traficantes de drogas y violadores.

Ha habido momentos en que los fabricantes de mitos contra los latinoamericanos han inventado otro tipo de imágenes, las de haraganes y revoltosos, sin visión de futuro ni disciplina, destinados para siempre al atraso, como aquella del mexicano durmiendo la siesta todo el día bajo un nopal; o la de Pepe Carioca, el brasileño que lo único que hace es bailar zamba, pareja a la del pistolero alborotador que es Panchito Pistolas.

Estos dos personajes fueron creados por Walt Disney en los años 40 del siglo pasado, según se dijo entonces “como gesto de buena voluntad”, ya que venían a formar un trío con el pato Donald. De Donald Duck pasamos ahora a Donald Trump. O mejor, de Scrooge Mc Duck, Rico Mc Pato, que se zambullía en su piscina de monedas de oro, pasamos a Donald Trump.

Pero aunque parezca salido de los dibujos animados con su peluquín color zanahoria, no lo tomemos a broma. En las encuestas aparece como segundo detrás de Jeff Bush entre los candidatos del partido republicano a la Presidencia; y entre sus potenciales votantes estarán, seguramente, quienes entrenan a los niños para disparar bolas de pintura contra las efigies de los inmigrantes.

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