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Más allá del mito

El escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II explica en Guadalajara cómo fue elaborando su libro ‘Ernesto Guevara también conocido como el Che’.

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Paco Ignacio Taibo II tenía nueve años en 1958, cuando su familia dejó su Gijón natal rumbo al exilio. En ese viaje marino, que le pareció eterno y emocionante, ese barco que los alejaba de las garras de la dictadura de Francisco Franco recorrió medio mundo para llegar desde el norte de España hasta el que sería su nuevo y permanente hogar: México.

Una de las paradas de la embarcación fue en la capital de Cuba. “El día del desembarco en La Habana, mi padre, que era periodista, conocía al capitán del barco, quien le dijo: ‘Taibo, ven’, y mi padre me dio la mano y fuimos a la cabina de la radio del barco. El capitán le dijo: ‘mira lo que estoy recibiendo’, y estaba oyendo algo así como la narración de una batalla porque se oía decir: ‘y hay que parar el tanque por no sé dónde’, y el capitán agrega: ‘¿viste que el que habla tiene acento argentino?”, rememora Taibo II en la versión número 31 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en la que presentó una edición revisada de su libro Ernesto Guevara también conocido como el Che (Booket), para conmemorar los 50 años de la muerte del médico y militar argentino.

Esa historia se le quedó grabada en la cabeza a ese chiquillo que luego sería periodista, ensayista y novelista. “Por ese 1958, los esbirros de Fulgencio Batista tiraban a los jóvenes muertos del Movimiento 5 de julio (organización creada en 1953 por Fidel Castro para derrocar la dictadura) en los muelles y explotaban los caños de dinamita”.

Al paso del tiempo se le ocurre sacar las fechas “y claro, era la Batalla de Santa Clara y debería ser el Che Guevara hablando, transmitiendo por 7RR, la estación que habían creado. Después conocí al director de esa estación y le pregunto: ‘¿esto es posible que haya sido así?’. Y me responde: ‘sí, porque tuvimos un momento en que transmitimos en directo”.

Más allá del mito Expandir Imagen
Más allá del mito LA PRENSA/Archivo

Ese fue su único contacto con el Che, haberlo oído. Después entró en contacto con sus ideas porque “yo era un joven rebelde, colega, en 1966 militaba con la izquierda mexicana. El Che era ‘la figura’. Su muerte [el 9 de octubre de 1967 en La Higuera, Bolivia] fue un mazazo que nos pegó a todos”.

Durante lustros este maestro de la novela negra estuvo bordeando en torno a llevar al papel a este personaje. Eso lo llevó a escribir en colectivo la historia del Che en África, y de repente, conversando con su agente literario en Estados Unidos, este le comenta: “Paco, por qué no te tiras de cabeza al agua con el tema del Che?’, y yo le dije: ‘no, too much, too much, es demasiado’. Es como si le dijeras a un niño católico que se escriba la biografía de San Francisco de Asís y después le contesté: ‘tienes razón, pero es un proyecto muy grande’, yo había avanzado en pequeñas historias, tenía contactos con compañeros que habían vivido la experiencia de acompañar al Che”.

Entonces aceptó el reto y se pasó tres años investigando. La dinámica era encontrar los hilos precisos. “El Che pasó por aquí, quién lo conoció, dónde estuvo, cómo era la casa. Vas haciendo un trabajo de reconstrucción, bajo un principio: nada de endulzar su figura. El Che no se merece una biografía hagiográfica, ni yo me la merezco, ni se la merecen los lectores. Entonces se fue cocinando el asunto. Al paso de los años, las observaciones de colegas, las apariciones de nuevos materiales fueron obligándome a hacer correcciones a la primera versión, se añadió material, fotografías, debates, y esta que presento en Guadalajara es la más próxima a nuestros días. Y seguiré corrigiéndola”.

Para Paco Taibo II, el Che Guevara es un personaje “de absoluta coherencia entre lo que decía y lo que hacía. Mucha gente que ya estudió su vida quedó deslumbrada por el Che guerrillero, y yo no, yo quedé deslumbrado por el Che ministro de Industrias. Lo que hizo por tres años en la dirección de la industria cubana, en pleno bloqueo económico de Estados Unidos, con una crisis absoluta, se parece demasiado a la magia para que un escritor como yo no se sienta feliz contándolo”.

VIVIR BAJO PRISA

Cortesía\Feria Internacional del Libro de Guadalajara Expandir Imagen
Cortesía\Feria Internacional del Libro de Guadalajara

Ernesto Guevara no se veía a sí mismo desde una perspectiva de heroicidad. Así opina el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II, quien plantea que el Che buscaba “un debate entre sus límites y lo que había decidido hacer. La posibilidad de la muerte siempre estuvo ahí en su etapa combatiente, tanto en África, como en Bolivia, como en la Sierra Maestra (Cuba)”.

Un ejemplo de su deseo por forzar sus límites. “Cuando vive en México (1954-1956) se habla de su contacto con los cubanos y la posibilidad política, la idea de seguir viajando, blablablá, pero a mí me asombró que se vuelva montañista y ascienda al Popocatépetl y al Iztaccíhuatl siendo asmático. Y esto te revela su carácter”.

Asegura que en su libro Ernesto Guevara también conocido como el che encontró multitud de pequeñas anécdotas. Una muestra: está revisando las 500 fotos que tiene del Che en su archivo y en multitud de imágenes aparecía con las botas desamarradas. Entonces Taibo II se cuestiona el porqué. Indaga y le ofrecen una explicación: “mira, en la etapa de la guerrilla metías el bajo del pantalón dentro de la bota para evitar picaduras de serpiente, pero yo le digo a su secretario, ‘esta foto está tomada como ministro de Industrias, qué diablos tiene que ver con serpientes’. De pronto estoy un día buscando zapatos en mi armario y rechazo instintivamente todos los que tienen agujetas y tomo los mocasines, y me doy cuenta de por qué lo hago, porque tengo prisa y no tengo tiempo de abrocharme los zapatos, y descubro que el Che vivió siempre bajo prisa”.

¿Cómo llevó su culto a la personalidad?

A patadas, nunca lo permitió. Entra un día a las oficinas de una mina siendo ministro de Industrias y ve una foto de él en la pared y le dice a un capitán: “¿quién es ese?”; dice el capitán: “es usted, comandante”, dice: “yo, no, es Cantinflas”. El Che vio siete veces la película Ahí está el detalle de Cantinflas y lo cultivaba para burlarse de sí mismo. Su bigotito ralo, ridículo, como el de Cantinflas, le servía para burlarse de sí mismo. Usa frases cantinflescas en el discurso en Punta del Este: “al imperialismo en la ONU no hay que creerle ni tantitito así”, es un mexicanismo absoluto.

Para unos el Che es un santo y para otros es un demonio.

Para los contrarrevolucionarios y los conservadores es el demonio. Eso es normal. Lo que pasa es que no son capaces de entrarle de frente y criticarlo. Sobre el Che se han elaborado calumnias que no se sostienen y mira que las estudié, yo no les tengo miedo. Que el Che fue un asesino en la provincia de Las Villas en 1958. Sí, el Che ordenó el fusilamiento de cuatro torturadores porque estaban en el hotel Santa Clara disparando contra la gente con rifles. No tengo por qué compartir todas sus decisiones. Trato de entenderlo. Por otro lado, la admiración es siempre reduccionista: para los fanes el Che son cinco frases y una camiseta, no compadre, es muchísimo más complicado.

¿Cómo reaccionaron los familiares del Che con su biografía?

Un sector dijo: “el libro es excelente”, y otro sector dijo: “no nos gusta porque cuentas cómo el Che no se bañaba durante la época de la guerrilla”. Esa familia no me quiere.

¿Qué destacaría del Che cronista y escritor?

Toda su vida escribió diarios y tomó notas de sus lecturas. Traía dentro a un escritor. Su momento más logrado son los pasajes de la guerra en África, donde es un excelente cronista. El Che impulsó, en gran medida, el nacimiento de la crónica en Cuba. Dejó cosas en el armario para sacarlas algún día y reescribirlas.

¿El Che ha sido recordado con justicia?

No. El Che ha sido recordado en debate. Afortunadamente, hay bastante material bien pensado que permite que hoy un adolescente tenga una respuesta sobre el Che. Pero también hay un montón de basura, sobre todo en las redes sociales.

Portada del libro Expandir Imagen
Portada del libro

LO DESCONOCIDO

El otro motivo que llevó a Paco Ignacio Taibo II a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara era presentar su trilogía Patria (Planeta), un recorrido de México visto desde el ensayo, en particular el período comprendido entre la Revolución de Ayutla (1854-57) y la Guerra de Reforma (1857-61).

¿Qué lo llevó a escribir la serie ‘Patria’?

La necesidad de rescatar un período prácticamente desconocido, ahogado por la historia oficial que había vuelto nombre de calles, placas y estaciones del metro un momento clave de la historia de México. El Estado mexicano ha intentado durante años hacer de la historia un punto de soporte, bajo el argumento ridículo de yo soy el heredero de, que es una falacia, son herederos de lo peor de la historia de México, no de lo mejor.

¿Qué es para usted su patria, México?

Ahora que escribí este libro es el reencuentro entre un montón de ciudadanos dispuestos a jugársela y una pasión, y al mismo tiempo, es un momento clave en el que o parabas la inercia conservadora que te caía como una ola de mierda encima de la cabeza, con ejércitos extranjeros, emperadores que te imponían el poder, el clero enloquecido tratando de derribar la Constitución de 1957, o la parabas y le dabas un nuevo giro al país o el país se desmoronaba y ahí surge otra noción de la patria.

¿Encuentra paralelismo hoy con esa época?

Siempre. La historia es un debate contemporáneo, no es un debate histórico. Carecer de memoria histórica, es no saber qué va a pasar mañana, porque no supiste qué pasó ayer. En México el interés por la historia siempre ha estado soterrado. Tú entras a un taller mecánico y ves fotos de mujeres en biquinis manchadas de grasa y ves fotos de Pancho Villa, ¿Por qué? Es el eco del pasado que no se acaba de ir.

¿Cómo era ese México entre guerras en 1856?

Asqueroso. No había nada, ni respiro ni dinero para pagarles a los carteros, no podías construir una carretera. ¿Los liberales qué querían? Querían hacer una universidad, no pudieron, ahogados por las presiones, represiones, guerras civiles, intervenciones militares extranjeras. Piensa de repente que México se vio enfrentado al mejor ejército del mundo con 50 mil soldados, el Ejército francés de la época, de Napoléon III, era el mejor ejército del mundo. Colega, querías gloria, ahí la tienes.

¿Qué aspectos culturales destacaría de aquella época investigada?

Destacaría, sobre todo, un fenómeno que es la generación de los llamados liberales rojos o liberales puros, de una generación de una riqueza ideológica no contada. Eran buenos oradores y a veces de calles, se subían a una farola y les hablaban a la gente. Eran buenos periodistas, eran muy buenos cronistas. Eran soldados del pueblo, improvisados, elegidos por las propias tropas. Eran buenos estadistas, buenos abogados, era una generación de cuadros de la inteligencia nacional, muy sólida, todos ellos alucinados con la idea de que vamos a hacer un país de verdad.

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