El frufú de los tafetanes

Temas:

J.J. Armas Marcelo cuenta sobre su experiencia en Bogotá, Colombia. J.J. Armas Marcelo cuenta sobre su experiencia en Bogotá, Colombia.
J.J. Armas Marcelo cuenta sobre su experiencia en Bogotá, Colombia.

Cuando hay habitaciones, siempre que voy a Bogotá, me hospedo en el Hotel (de la) Ópera, en la calle Diez, barrio de Candelaria. El barrio está lleno de historias y de Historia, y la calle Diez es su emblema esencial: allí está la actual Cancillería (frente por frente del hotel) y, un poco más arriba, hacia la montaña, el Instituto Caro y Cuervo, en pleno auge de nuevo.

Desde que llegué al Ópera por primera vez, fui tratado como un viejo marqués, con rango y jerarquía, y me dieron la habitación exterior que da frente por frente con la ventana por la que se escapó Bolívar cuando lo fueron a matar durante su estancia en la capital bogotana.

Dice la historia que el Libertador saltó por la ventana como un jabato, con la espada en la mano y así salvó su vida. Conocía la historia pero no la ventana hasta que llegue al Ópera por primera vez.

La verdad es que la ventana está a menos de un metro del suelo y no creo que el Libertador, a pesar de su mínima estatura física, tuviera que hacer mucho esfuerzo para saltar desde el interior a la calle.

El caso es que tuve que cambiar de habitación: los turistas desde por la mañana a la noche no me dejaron dormir, ni descansar ni escribir.

Aquello era un incesante peregrinaje, terrible para alguien que quiere dormir mientras el vocerío callejero le destruye sus ilusiones y sus sueños.

En la habitación interior que ocupa siempre que voy al Ópera dicen que vive un fantasma (ya somos dos), pero debe ser de los buenos y un fantasma porque aquel espacio me provoca calma y sosiego hasta el desayuno del día siguiente.

En realidad, la leyenda sostiene que la calle Diez del barrio de Candelaria está llena de episodios raros, apariciones de fantasmas que van y vienen en medio del tiempo y los siglos.

Doña Elvira Cuervo, pariente del Cuervo sabio que inventó el Instituto para hacer un diccionario vendiendo cerveza, nos contó en una ocasión, en una habitación del mismo edificio del Instituto, que su padre quiso comprar el caserón en un momento determinado, cuando ella era una niña.

Lo sabía de cierto porque lo había acompañado a las negociaciones y, en cierto modo, había intervenido para que fracasara la operación de compra.

Todo iba muy bien y su padre estaba decidido a comprar el palacio. En cierto momento, el señor Cuervo preguntó que si en la casa habitaba algún fantasma. El vendedor, circunspecto y honrado, le respondió al señor Cuervo que sí, que había un fantasma señorial, una señora que salía a recorrer el palacio de vez en cuando en las noches.

Resulta que el aposento del fantasma, según doña Elvira, era el mismo lugar en el que estaba contándonos la historia, mientras tomábamos un té caliente.

Vuelvo al vendedor: “De vez en cuando, en la noche, en esa escalera” (que era la escalera madre del edificio, de madera negra), “se oye de hecho el frufú de los tafetanes de la fantasma”, dijo.

La niña que era doña Elvira apretó entonces la mano de su padre, muy asustada, y le dijo que no comprara la casa. El palacio no se compró, lo que no quiere decir que todavía por las noches, escalón a escalón de la escalera negra, no se oiga de vez en cuando el frufú de los tafetanes de la fantasma.

Hay mucha gente que no cree en los fantasmas y en los espíritus, que -en cierta manera- es como no creer en la energía, la que no conocemos y a veces sentimos de cerca.

En mi caso particular, expreso por escrito una vez más mis respetos por los fantasmas y los espíritus que ocupan su lugar en el aire y que se dejan ver de cuando en cuando.

Tengo un amigo que se encontró con un fantasma sonriente, otro fantasma amigo, mientras recorría una exposición de pintura en el Reina Sofía, en Madrid, y yo mismo me he hecho el loco, como quien no quiere la cosa, alguna que otra vez que se sentido cerca de mí algo muy parecido al frufú de los tafetanes de la fantasma del Instituto Caro y Cuervo en Bogotá. Trabajé unos meses en lo que hoy es la Casa de América, junto a la Cibeles, en Madrid, palacio que está, según se sabe, lleno de fantasmas.

Bueno, pues resulta que todos esos fantasmas fueron para mí aliados que me animaron en silencio a seguir al pie del cañón luchando contra los fantasmas vivos que me hacían la vida imposible en aquella casa.

Finalmente, abandoné la Casa de América y dejé allí amigos fantasma muertos y muchos enemigos fantasmales vivos.

Hoy, con tanto calor, me he acordado del frufú de los tafetanes y por eso mismo les he contado este cuento a ustedes, mis lectores.

Espero que les haya gustado y les sirva como recuerdo de algún encuentro que hayan tenido con un fantasma bueno, de los que no les hacen daño a nadie.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Conquista

La Prensa en alianza con el Pulitzer Center invita a sus lectores a una experiencia inédita de periodismo transmedia. Una historia sobre la costa Atlántica que pone en cuestionamiento qué tipo de desarrollo queremos para nuestro país. Haga clic en la foto.

Por si te lo perdiste

GOBIERNO MANTIENE INHABILITACIÓN Tocumen rechazará oferta de Odebrecht

Carlos Duboy, gerente de Tocumen, S.A.LA
Ricardo Iturriaga

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

13 Dic 2017

Primer premio

0 4 5 4

DAAD

Serie: 7 Folio: 1

2o premio

1238

3er premio

1041

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código