Sobre un héroe pequeño y sencillo

‘Ant-Man’ no tiene un traje moderno como el de Iron Man, ni es tan fuerte como Hulk o Thor, pero sabe que su encanto es ser diminuto, buena gente y ágil.

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‘Ant-Man’, del director Peyton Reed, tuvo un presupuesto de 130 millones de dólares. ‘Ant-Man’, del director Peyton Reed, tuvo un presupuesto de 130 millones de dólares.
‘Ant-Man’, del director Peyton Reed, tuvo un presupuesto de 130 millones de dólares.

¿Alguien tan microscópico como un insecto puede infringir miedo, respeto o admiración? El director Peyton Reed (quien reemplazó a Edgar Wright detrás de las cámaras) y el actor Paul Rudd hicieron que eso fuera posible.

Adoro las películas que no se toman demasiado en serio. Por eso, Ant-Man me cautivó, aunque tiene sus áreas pantanosas.

Todo el equipo creativo detrás de la versión fílmica de uno los más antiguos héroes de la editorial Marvel, sabe que este personaje puede ser considerado ridículo si se le compara con otros hombres y mujeres que aparecieron por vez primera en los quioscos y que ahora son habituales de la televisión y el cine.

El tamaño reducido de Ant-Man y su poder de controlar a los insectos con sus desarrolladas facultades mentales le permiten enfrentarse a sus contrincantes de una forma eficaz, porque simplemente no lo ven, además de ser rápido y veloz.

Ant-Man se puede introducir por diminutas ranuras o sitios que bajo otras circunstancias sería imposible introducirse. Y eso que podría provocar hilaridad en el espectador más escéptico y pro violencia, en una película como Ant-Man es parte de la aventura y el disfrute.

Soy uno de esos que se quejan con frecuencia que llevar a 3D (tercera dimensión) este tipo de películas es una pérdida de tiempo, sin olvidar que es una estafa. En esta ocasión me encantó este recurso, ya que te permite ser parte de las peripecias que sortea el personaje desde su mínima estatura.

REFERENTES

Ant-Man tiene a una película de culto y a un título popular dentro del cine familiar como sus claros referentes: The Incredible Shrinking Man (1957, El increíble hombre menguante), de Jack Arnold, y Honey, I Shrunk the Kids (1989, Cariño, he encogido a los niños), de Joe Johnston, respectivamente.

Para que Ant-Man sea un producto de masas accesible, para que los niños salgan con deseos de comprar el juguete y pedir verla una segunda vez, Peyton Reed prefiere crear distancia del incomprendido Hulk (2003) del realizador Ang Lee y acercarse a la confortable trilogía de Spider-Man (2002-207) de Sam Raimi.

Eso explica por qué Reed se inclina más al sentido divertido de la cinta Joe Johnston, sobre un científico torpe que reduce por accidente a sus hijos, y deja a un lado el existencialismo de Jack Arnold, cuyo personaje principal se enfrenta a un mundo desconocido al cambiar su estatura normal, pues por motivos alejados de las ciencias exactas, se convierte en una figura minúscula que descubre lo aterrador de lo cotidiano.

En aras de ser aún más simple, Red y los guionistas Edgar Wright, Joe Cornish y Adam McKay y Paul Rudd, hacen una versión sencilla del personaje que nació del cómic creado por Stan Lee, Jack Kirby y Larry Lieber.

En su versión original, el futuro Hombre Hormiga es un experto en biología y matemática, un individuo convencido que la superioridad verdadera radica en la mente de una persona educada, como dijo él mismo en un monólogo interior en una de las entregas del cómic.

En el filme, ser el Hombre Hormiga recae en Scott Lang, un hábil estafador que aprende rápido a usar las destrezas que le ofrecen el traje y la máscara de Ant-Man.

SER HÉROE

Otro atractivo bien ejecutado en esta producción de Disney/Marvel: el ser humano que se pone el traje, sacado de alguna tienda de recuerdos de las películas de Serie B de los años 1950 y 1960, es convincente.

Se trata de un ladrón (Paul Rudd) y conocedor tecnológico que le ha sido imposible ser el héroe que su pequeña hija piensa que es él, ya que en más de una ocasión lo han atrapado los representantes de la ley.

El colmo de su escasa suerte como ratero, es que ahora quien lo tiene bajo la mira es un policía, lo que no es una novedad sino algo lógico, sino que además es el esposo de su antigua mujer y es el padrastro de su niña.

Esa metáfora nos llega, o debería hacer eco en nuestros corazones, a todos los adultos que tenemos bajo nuestro cargo a un menor.

Que nuestros hijos, sobrinos y nietos nos admiran de una manera que va más allá de la realidad es una carga pesada. A eso agregarle la responsabilidad de que no sea una ilusión, exige que nuestros actos estén al nivel de las expectativas de esos menores de edad que creen que somos la reencarnación de algún héroe salido de las páginas de un cómic.

ACTORES DE SOPORTE

Como es una tradición de vieja data entre los títulos de ciencia ficción fusionada con fantástico y aventuras que se respete, estos filmes deben tener a un actor veterano de primera línea que sea un respaldo al resto del elenco.

En esta ocasión, esa responsabilidad recae en Michael Douglas, quien en Ant-Man encarna al doctor Henry Pym, quien creó el traje y los procedimientos que llevan a que el personaje central sea posible.

Los actores de reparto también se ganaron su paga. En particular, Evangeline Lilly, como la hija cascarrabias, enojada y decidida de Pym, y Michael Peña, quien hace las veces de un ladrón de poca monta, pero bastante simpático.

DESEMPEÑO

¿Un ser del tamaño de una hormiga puede vencer en la taquilla mundial sin el carisma de Iron Man, el aura mítica de Thor, la fortaleza de Hulk o la inocencia atractiva de Capitán América?

Ant-Man lo hizo. Tuvo un presupuesto de 130 millones de dólares y hasta ayer sábado 8 de agosto llevaba 300 millones de dólares en la taquilla global.

TRAGEDIA ‘LIGHT’

Ant-Man pertenece al ala de la Marvel poco trágica, más liviana en conflictos dramáticos, una cofradía a la que también pertenecen películas como Los Guardianes de la Galaxia.

No es que Ant-Man logre todos los vítores obtenidos por las que considero son lo mejor de la línea Marvel versión fílmica: Los Vengadores (2012), de Joss Whedon; X-Men: Días del futuro pasado (2014), de Bryan Singer; Iron Man (2008), de Jon Favreau y el Capitán América: El soldado de invierno (2014), de Anthony Russo y Joe Russo, pero se acerca gracias a un principio que en el Hollywood industrial suena a un pecado mortal o a una equivocación estratégica: menos es más.

Ant-Man evita ofrecer muchas escenas estruendosas, momentos ultradramáticos o de suspenso y se aleja de las destrucciones masivas, recursos habituales entre sus hermanos mayores audiovisuales.

Todo en Ant-Man es reducido, campechano y calculado. Ofrece las características antes descritas, pero en dosis medidas, llevando a que el espectador sienta la sensación de estar emocionado y divertido sin excesivos esfuerzos de pirotecnia.

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