El maestro del paisaje

Manuel Adán Vásquez está por terminar una obra plástica que espera exponer tanto en Panamá como en el extranjero.

Temas:

Aunque ha experimentado con la figura humana y el bodegón, nunca ha abandonado del todo el paisaje. Cortesía Aunque ha experimentado con la figura humana y el bodegón, nunca ha abandonado del todo el paisaje. Cortesía

Aunque ha experimentado con la figura humana y el bodegón, nunca ha abandonado del todo el paisaje. Cortesía

Desde niño ha estudiado el paisaje con una pasión y una dedicación poco habitual entre los artistas nacionales. Cortesía Desde niño ha estudiado el paisaje con una pasión y una dedicación poco habitual entre los artistas nacionales. Cortesía

Desde niño ha estudiado el paisaje con una pasión y una dedicación poco habitual entre los artistas nacionales. Cortesía

El maestro del paisaje El maestro del paisaje

El maestro del paisaje

El maestro del paisaje El maestro del paisaje

El maestro del paisaje

El maestro del paisaje El maestro del paisaje

El maestro del paisaje

El maestro del paisaje El maestro del paisaje

El maestro del paisaje

Manuel Adán Vásquez sabe que el paisaje panameño tiene muchos rostros.

Que no es igual de día que de noche. Que al mediodía es diferente que cuando llega el atardecer. Que en época seca el asunto es otro que si lo miras en días de lluvia. Que sus cerros y montañas difieren en sus colores si estás en Chiriquí, o te das tu vuelta por Veraguas o te trasladas a Los Santos. Que en el istmo hay decenas de tipos de verdes, naranjas, grises...

El veterano creador se ha dedicado este 2016 a pintar de forma imparable. Su meta es que 2017 sea la ocasión para exponer en Panamá y en el extranjero.

Su ilusión es comenzar un periplo que se inicie en Colombia y de allí a otros puntos fuera de nuestras fronteras.

Su investigación del paisaje la inició hace más de cinco décadas, cuando recibió enseñanzas de personalidades de la talla de Alfredo Sinclair y Guillermo Trujillo.

Después de una etapa en la que se concentró en la figura humana, el retrato y el bodegón, siempre regresa al paisaje porque lo llena y lo hace feliz; porque pronto supo que la vida está allí, en medio de los ríos, de los árboles, de los lagos que atrapa en sus cuadros.

Pocos como Manuel Adán Vásquez han indagado, con dedicación, esmero y talento, cada plano y cada faceta de la naturaleza panameña.

Vamos al principio. Su amor comenzó cuando era un niño y se quedaba absorto por ese mundo colorido rural que lo vio nacer.

Su primera lección es que el paisaje cambia de ropaje de acuerdo con dónde estaba él, que si veía un cerro a lo lejos le encontraba colores que luego se transformaban en otros cuando tenía cercana esa elevación.

Ahora, cuenta, su mirada se concentra más en la erosión, en esa naturaleza que se va secando, que sigue de pie porque es fuerte y terca, pero que se enfrenta a un ser humano que no siempre la atiende como es debido.

Por eso, en su paleta en este 2016 que termina hay un predominio por los ocres, los naranjas, los grises, los marrones y los blancos.

Su deseo ahora es darle más paso a lo abstracto y a las derivaciones fruto de su imaginación, que a la reproducción real del paisaje. De esa manera le encuentra otros significados y alcances al paisaje, que pinta tanto en formatos pequeños como en telas grandes.

RECORRIDO

Manuel Adán Vásquez nació en El Higo, en el distrito de San Carlos, provincia de Panamá, en 1934.

Ese punto de partida fue clave para el futuro artista, pues estuvo rodeado de naturaleza, que le llenó los ojos y su mente.

Estudió en el Colegio Artes y Oficios Melchor Lasso De La Vega. Fue a los 23 años cuando le hizo caso a su alma de creador.

Por eso, ingresó a la Escuela Nacional de Artes Plásticas para aprender dibujo y pintura. En esta institución, años después, sería él el encargado de ejercer la docencia, una labor que repetiría en la Asociación Panameña-Norteamericana, en la Universidad Santa María la Antigua, en la Academia de Bellas Artes Ganexa, y en el Centro de Arte y Cultura del Ministerio de Educación.

Entre 1957 y 1964 encontró en ese plantel a los mejores profesores de la época: Juan Manuel Cedeño y Alfredo Sinclair.

En la década de 1960, cuando comenzó a presentar su obra al público, no existía el circuito de galerías que hay hoy en la ciudad capital.

Vásquez ha presentado su labor en el istmo en el entonces Instituto Panameño de Arte y en las galerías Etcétera, Arte Inn, Calvo Arte, Mery Palma, así como una exposición retrospectiva en el Museo de Arte Contemporáneo.

Ha participado en individuales y colectivas en ciudades como Medellín y Bogotá (ambas en Colombia), San Antonio (Texas), San José (Costa Rica), Managua (Nicaragua), Nueva York y Miami, entre otras.

OPINIONES

Isaías García, profesor y filósofo, por allá por 1967, recuerda a Manuel Adán Vásquez como estudiante en la Escuela Nacional de Pintura, “en busca de ese lenguaje en el que pudiera hablarnos, pero hasta ahora solo nos había despertado una amable curiosidad. Hoy volvemos a encontrarlo y nuestra experiencia ha sido grata. Hoy lo vemos señor de un dominio que no pareciera admitir extraños. Y esto es lo que más me satisface. Su originalidad. Los maestros y las influencias recibidas se han diluido en corto tiempo, y mediante una especie de misteriosa alquimia se han vuelto voz de personal acento”.

Por su parte, el pintor Alberto Dutary señaló también a mediados de los años 60 que su colega “ desde hace años viene organizando una numerosa asamblea plástica casi silenciosamente”.

A inicios de la década de 1970, Olga Z. de Oller, primera directora del Instituto Panameño de Arte (Panarte), llegó a decir que “es Vásquez, ante todo, el pintor visual que descubre en la naturaleza lo que su ojo ve en ella, y sabe limitarse a la observación directa, a la emoción sencilla de las cosas que pinta; pero eso sí, lleno de afán por abrir perspectivas nuevas, conforme a su sensibilidad y personal técnica, ya que para él pintar es cuestión de expresarse a través de ese telón blanco que te sirve de imagen inspiradora”.

El novelista y cuentista Pedro Rivera, a finales de 1970, dijo que “ un pintor nato como Adán Vásquez -a diferencia de nonatos académicos- es espontáneo, auténticamente naíf, aún cuando haya incursionado en las academias como quien va de paso, irradia una pureza tan angelical y perturbadora que raya en la provocación”.

En tanto, para el experto en la plástica Ramón Oviero, el artista, ya para la década de 1980, ofrece “ una libertad de movimientos en el trazo, las pinceladas son sueltas. agresivas, sobre todo cuando busca un contraste entre los colores cálidos y fríos. Adán Vásquez sueña con los paisajes como si estos tuvieran esos secretos que busca desentrañar en cada cuadro que pinta. Y es que el artista no ceja en la búsqueda de nuevos elementos para seguir repitiendo su obsesión hasta el infinito”.

El crítico de arte Pedro Luis Prados S. resaltó a principios de 1990 que el paisajismo de este creador ofrece “ ciertos matices impresionistas, en donde la especialidad, la composición y la perspectiva revelan un acendrado interés por la estructura arquitectónica de los elementos, lo que conduce a una reducción cromática que aspira, sobre todo, a la retención de los diferentes efectos visuales en la totalidad del acto perceptivo, lo cual evidentemente tiene un trasfondo mucho más complejo. Sus enunciados tienen más nexos con una concepción experimental de la estética, que con una visión psicologista del arte que descansa en la llana afectividad”.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

19 Nov 2017

Primer premio

8 0 5 6

CCAA

Serie: 13 Folio: 12

2o premio

9078

3er premio

3785

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código