Juan Carlos Villarreal

El panameño que estudia el Ártico

Juan Carlos Villarreal salió de Panamá en 2003 en busca de nuevos retos científicos, y desde entonces se ha desempeñado en Estados Unidos, Alemania, Escocia, y actualmente en el Ártico canadiense.

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CORTESÍA Loren Leport

Por los fríos parajes del subártico contiguo a la bahía de Hudson, en Quebec, Canadá, avanza el científico panameño Juan Carlos Villarreal, siempre en busca de muestras de los musgos y líquenes que reinan en la tundra.

Villarreal es el líder de un proyecto científico que desde 2015 estudia la diversidad de musgos y líquenes, las bacterias asociadas a estos organismos y su interacción con el ecosistema, empleando técnicas de biología molecular y genética. El norte que persiguen es cuantificar las especies en la zona, determinar su función ecológica y conocer su historia evolutiva. El registro irá progresando en los siguientes años hasta llegar a las regiones más templadas del Ártico.

Existe mucha información sobre la vegetación y las bacterias de la Europa ártica y Alaska, Estados Unidos, pero el vasto segmento canadiense es un territorio inexplorado en el renglón molecular, comparte Villarreal, de 42 años.

La particularidad de la investigación de Villarreal le permitió codirigir en mayo pasado el taller “Future Arctic”, que reunió a 54 científicos, docentes y estudiantes de 28 instituciones de 11 países, para discutir los más recientes adelantos de los estudios en zonas boreales y árticas, fomentar la colaboración multidisciplinaria entre investigadores del Ártico y marcar la pauta de futuros proyectos. El encuentro científico fue en el bosque de Montmorency, Canadá, la estación de investigación de la Universidad Laval, donde Villarreal trabaja como docente.

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El panameño que estudia el Ártico.

Alemania, Escocia y Estados Unidos son otros países en los que el panameño se ha formado académicamente y practicado estudios en biología y botánica desde que partió de Panamá en 2003 con 28 años, tras culminar la carrera en la Universidad de Panamá.

Nació en Veraguas y creció en el pueblo Las Delicias, en Santiago, por entonces de calles polvorientas en verano y lodosas en invierno, rodeado de árboles de mango y marañón, en un hogar sostenido por el trabajo en el campo.

Vivir en plena cercanía del verdor propio de un sitio rural le ayudó a mantener una constante curiosidad por la naturaleza, un indicio del camino que más adelante empezaría a recorrer.

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El panameño que estudia el Ártico.

ANÁLISIS DE MUSGOS Y LÍQUENES

Los musgos han sido capaces de resistir 500 años congelados bajo densas capas de hielo y luego germinar al ser liberados. Son estructuras fascinantes que pueden enseñar mucho a los humanos, estima Juan Carlos Villarreal, científico oriundo de Veraguas que ha enfocado su atención investigativa en estas especies desde que era un estudiante de botánica en la Universidad de Panamá (UP).

Cuenta que bajo la tutoría de la profesora Noris Salazar Allen, de la UP, y del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, adquirió la experiencia necesaria para aplicar a cursos y becas en el extranjero, y así logró avanzar en los siguientes niveles de su formación académica y estudios científicos entre 2003 y 2015, año en el que ingresa a la Universidad Laval de Quebec, Canadá, como profesor e investigador.

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El panameño que estudia el Ártico.

¿Cómo empieza su etapa profesional en Canadá?

Apliqué para un proyecto de estudio de los musgos y líquenes del Ártico y para dar clases, y ambas propuestas fueron aceptadas en 2015. Hace 18 mil años esta parte de América estaba cubierta de un hielo de cerca de un kilómetro de espesor; no había vegetación como hoy, o sea que las plantas que están ahora es por migración o dispersión. Una meta es documentar ese patrón. En el trópico hay muchas especies de árboles, pero en la medida que subes al Ártico hay menos, solo coníferas, y en la tundra solo arbustos, líquenes y musgos.

Trabajo con tres estudiantes ahora y espero que sean unos cinco para la sesión que se desarrollará entre septiembre de 2017 y mayo de 2018.

¿Esta es una investigación pionera?

Se han hecho antes exploraciones en el Ártico y estudios de arbustos, mamíferos y aves, pero de los líquenes y musgos no hay nada tan profundo a nivel molecular.

¿Qué rol cumple esta vegetación?

Cuando hay un suelo desnudo por el clima templado, los musgos son los “colonizadores” que preparan el terreno para que las plantas más grandes, con flores, puedan crecer. Toman los nutrientes de la atmósfera y los llevan a la tierra formando sustrato o una alfombra de nutrientes. Son la base de la producción fotosintética del Ártico. Esta vegetación también sirve de alimento para los animales herbívoros y es el albergue de insectos. Por eso es tan importante conocer más de los musgos y líquenes.

Se han encontrado musgos que llevaban congelados 500 años y volvieron a germinar, regresaron a la vida. Son muy tenaces. Tienen mucha resistencia y nos podrían dar pistas de cómo sobrevivir en condiciones difíciles.

¿Cada qué tiempo realizan trabajo de campo?

Cada verano norteño, de junio a agosto. Se recolectan las muestras y el resto del año se analizan en el laboratorio. La estación donde se reúnen las muestras pertenece al Centro para los Estudios Nórdicos, en la comunidad de Kuujjuaraapik, a 378 km de Quebec, que se recorren tras 24 horas de viaje en carro y otros 40 minutos en avión.

¿Resultados que se puedan compartir?

No hay muchos datos concretos aún, seguimos buscando las respuestas a las preguntas. Estamos estudiando esa asociación entre un hongo y un alga para formar un liquen y conocer cómo cambian cuando se asocian. Los musgos son plantas, pero los líquenes son una mezcla de un hongo con un alga y forman una estructura distinta. El alga es una planta, el hongo está más relacionado a los humanos o animales.

¿Cuántos musgos hay en el Ártico?

En el Ártico hay 900 especies y en todo el mundo hay 11 mil. Líquenes son cerca mil especies en el Ártico y 18 mil en el mundo.

¿Qué otros frentes científicos desarrolla? ¿Alguno en Panamá?

Desde finales de 2015 estudio en Panamá con la profesora Salazar Allen las plantas tropicales que se asocian con bacterias, analizando las bacterias que viven dentro de la planta, esa simbiosis, pues le dan nitrógeno a la planta; en el trópico casi no hay datos de estas asociaciones. Esto me ha permitido regresar a casa anualmente.

En agosto pasado, por ejemplo, fui uno de los profesores en un seminario en Bocas del Toro sobre taxonomía y biología evolutiva de musgos. En el taller tratamos temas de identificación de especies asociadas a manglares, bosques de tierras bajas, plantaciones de cacao y bosque nuboso. Fue mi primer taller en Panamá.

Quienes trabajan en las zonas árticas se enfrentan a bacterias que pueden ser muy peligrosas.

Es cierto, hay bacterias que no se conocen, cosas nuevas allí atrapadas. Hay colegas en la Universidad Laval tratando de encontrar bacterias y otros microbios con propiedades medicinales.

¿Son evidentes las señales del cambio climático en el subártico de Canadá?

No es que sean palpables a simple vista, pero la gente en las comunidades de la bahía Hudson, como Kuujjuaraapik, notan que el clima es diferente, el hielo no tarda tanto como antes.

Mucha gente lo ve como algo abstracto. Si los cambios por el calentamiento ocurren muy rápido, las especies no van a tener tiempo de adaptarse y sobrevivir. Migraciones de aves, corrientes marinas, las mareas... Todo cambiará. Si hace calor en el Ártico, las especies del trópico irán subiendo. Es un impacto que hay que medir porque ocurre aceleradamente, es una carrera contra el tiempo para entender dónde estamos.

¿Qué extraña de Panamá?

¡Extraño mucho bailar! Aquí en Canadá la gente no baila. Extraño la conversación con amigos y familia. Y la comida: el sancocho, arroz con pollo, tamales... he intentado hacerlos acá pero no es igual porque la gallina no es de patio.

¿Qué sigue en la agenda de proyectos?

Cuando se terminen los cinco años del proyecto en el Ártico, la idea es renovarlo y seguir el estudio. Es importante conocer la naturaleza para luego protegerla.

Y me interesa mucho dar la oportunidad a personas motivadas. Ojalá haya estudiantes panameños interesados en participar. A veces se piensa que se debe tener un súper nivel de inteligencia para lograr oportunidades, pero lo principal es el interés.

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