FERIA DEL LIBRO

El príncipe de las letras panameñas

La Feria Internacional del Libro de Panamá rinde hoy domingo un reconocimiento a la amplia carrera del novelista, cuentista, ensayista, profesor y editor istmeño Justo Arroyo, nacido en Portobelo, Colón, en 1936.

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La Pluma de Oro es la máxima distinción que otorgan cada año los organizadores de la Feria Internacional del Libro de Panamá, y en esta ocasión recae en uno de los más sobresalientes escritores nacionales: Justo Arroyo.

“Se trata de un reconocimiento que valoro particularmente por venir de una organización que, como la Feria del Libro, ha mantenido contra viento y marea uno de los fines más nobles dentro de nuestro devenir cultural”, explica Arroyo, quien recibirá este honor hoy domingo, 20 de agosto, a las 5:00 p.m., en el salón Portobelo del centro de convenciones Atlapa.

FORMACIÓN

Este profesor de español, egresado en 1958 de la Universidad de Panamá, ganó en 1970 su primer premio Ricardo Miró con la novela Dejando atrás al hombre de celofán.

“Ese ambiente no pudo haber sido más vivificador, ya que me puso en contacto con gigantes de la literatura como Rogelio Sinán, Chuchú Martínez y Roque Javier Laurenza, quienes desde diversas perspectivas ilustraban acerca del significado de la participación, mediante una formación rigurosa y una autocrítica permanente”, recuerda quien hizo una maestría y un doctorado en la Universidad Autónoma de México.

Del ambiente literario de hoy resalta que “atraviesa un período de crisis que, como lo advierte la misma palabra, es también de oportunidades. Ante nosotros se abre un panorama de descubrimientos que puede conducir a revoluciones fructíferas. El choque de tradición e innovación no es nada nuevo, y los creadores siempre encuentran la forma de armonizar ambas. Soy muy optimista con respecto a la situación actual de la literatura”.

En materia de promoción de la lectura, Justo Arroyo resalta que este hábito “nace en la imitación. Si tenemos la fortuna de crecer en un hogar de lectores, seremos lectores. Si ello falta, debe proveerlo la escuela. La lectura actual tiene múltiples formas, en que el libro, el periódico y las revistas tradicionales se equilibran con la tecnología. Lo importante es el hábito, que ese niño, joven o adulto sienta que se está perdiendo algo cuando tiene la cabeza metida en un videojuego en vez de una obra literaria o científica, que puede leer en el mismo aparato que tan diestramente maneja”.

ZAGA

Preguntado si el Estado panameño apoya al libro como debe ser, responde que “aquí, como en casi todo, el Estado marcha a la zaga. Solo basta ver las condiciones de las escuelas, de las organizaciones culturales, así como sus presupuestos, para darse cuenta de la situación real de nuestro país, en que la palabra ‘deplorable’ resulta generosa”.

“Con muy pocas excepciones, los gobernantes en Panamá hasta se vanaglorian de no leer, y, por el contrario, exhiben su incultura como medalla al mérito, como si su analfabetismo les hiciera más ‘auténticos’ ante ese pueblo al cual van a esquilmar apenas lleguen al poder. El ejemplo más patético de esto lo está dando Estados Unidos, en donde se pasó de un presidente cultísimo, equilibrado, que no solo leía libros, sino que los escribía, a un peligroso esperpento”, resalta el autor de libros de cuentos como Capricornio en gris (1972), Rostros como manchas (1991) y Para terminar diciembre (1995).

En tanto, sobre Colombia, el país invitado este año de la Feria Internacional del Libro de Panamá que termina hoy, comenta que el vecino “siempre ha sido un paradigma de buen decir y escribir. Desde Jorge Isaacs y José Asunción Silva hasta Gabriel García Márquez y Álvaro Mutis, existe un culto por la palabra en un país admirable, que no obstante las situaciones extremas que ha vivido, ha logrado mantenerse en los primeros planos culturales, económicos y científicos. Yo no siento más que respeto, cariño y admiración por Colombia y sus gentes”.

LA PROSA LIMPIA DE JUSTO ARROYO

Un grupo de intelectuales panameños, conformado por Margarita Vásquez, Manuel Orestes Nieto, Gloria Guardia, Consuelo Tomás y Juan David Morgan resaltan la importancia de su colega Justo Arroyo.

APLAUSO CERRADO

-¿Qué opinión les merece que Justo Arroyo sea homenajeado hoy en la Feria Internacional del Libro de Panamá?

MARGARITA VÁSQUEZ: Justo Arroyo, llamado en alguna ocasión “Príncipe de las letras panameñas”, merece con creces este homenaje, y otros que todavía adeudamos. Su obra narrativa es múltiple, se ajusta a la época y reproduce las condiciones sociopolíticas y culturales que le añaden a la experiencia lectora la posibilidad de que quien lee enriquezca sus conocimientos sobre el mundo. Por eso nuestra promesa debe ser: leer completa la obra de Justo Arroyo.

MANUEL ORESTES NIETO: Recibir el reconocimiento de “La Pluma de Oro” 2017 significa una especial distinción, merecida, oportuna, porque se trata, de uno de los escritores vivos más importantes y admirables de nuestro país.  Justo, con toda seguridad, es uno de los grandes cuentistas que ha dado Panamá, de talento y pulcritud, que añade a nuestra literatura un gran salto de madurez literaria. Merece este homenaje y, diría, que el aplauso cerrado a un escritor de su talla que enaltece a la cultura y a la nación.

GLORIA GUARDIA: Me parece “Justo y necesario”, tal como leen las Escrituras, que se le rinda este importante homenaje a un escritor como Arroyo, cuyo legado literario ha sido significativo desde hace años, tanto para Panamá, como para nuestra región. Con este reconocimiento se distingue a quien es un auténtico profesional del oficio. A los jóvenes hay que señalarles, con ejemplos concretos, el camino a seguir.

JUAN DAVID MORGAN: Es, sin duda, uno de nuestros mejores escritores, muy comprometido con sus convicciones y con una obra muy trabajada. Es, además, académico de número de la lengua, donde ingresó, precisamente, por la calidad literaria de lo que escribe y el buen uso del idioma.

CONSUELO TOMÁS: Él ha trabajado muy duro, calladamente y curtido de una narrativa sólida, constante, coherente y con una voz que le es propia. Ojalá también se le considere para la medalla Rogelio Sinán, porque también ha trabajado para el desarrollo de la cultura en Panamá. Es un gran escritor y además muy reconocido en el ámbito extranjero. Solo que como él es muy reservado y sencillo, no hace bulla de sus logros. Prefiere dejar que sus obras hablen por él.

FICCIÓN CAUTIVANTE

-¿Qué hace universal a la obra de Arroyo?

VÁSQUEZ: Una obra literaria tiene carácter universal cuando origina en el lector una visión integradora del mundo y del ser humano. Para ello se vale de mitos, símbolos, señales, motivos, tópicos que parecen interpretar no solo los hechos inmediatos, sino la vida. La obra de Justo lo consigue.

NIETO: Arroyo es un narrador profundamente panameño y que, al mismo tiempo, se adentra en los grandes temas de la vida humana; se desplaza en escenarios históricos reconocibles y tiene el don de la ficción pura y cautivante.  Sus libros  son piezas articuladas y unidas con la experticia que da el oficio, el uso de la palabra en su decir y su cautivar.  Hay en el aire de sus textos una ética obvia. Sus tratamientos de lenguaje, su equilibrio natural y su visión-mundo, nos dan por resultado a un escritor que navega con un diapasón muy amplio en los caminos universales de la creación y sus anclajes con la realidad.

GUARDIA: Su obra perdura y lo hará a través del tiempo, porque desde su primer libro, La gayola, premiado en 1966 en Guatemala y prologado por el doctor en filosofía José de Jesús Martínez, explora y desarrolla, con una prosa limpia, temas ontológicos, propios del Ser que no envejecen, porque son universales: El amor, la amistad, la muerte, la hermandad, los celos, la envidia y el odio.

MORGAN: Los temas que aborda envuelven situaciones que igual pueden ocurrir en cualquier parte del mundo.

SU FAVORITO 

¿Su obra favorita?

VÁSQUEZ: Vida que olvida. En 48 horas será ejecutado Constantino Aguilar, cuenta esta novela. Camino de la celda, el personaje se repite internamente esta pregunta: ¿en qué se piensa a la hora de morir? La narración se mueve desde el presente hacia el pasado cada vez que se abre un capítulo. Y en ese ir y venir hay un discurso que se apoya en la reflexión a partir del cuestionamiento que lleva implícitos otros textos históricos y literarios. Una solapada referencia a la etapa colonial americana y al presente de la escritura de la novela (2001) reafirma lo que niega: que hay pretextos, causas, que hay una historia, que los instantes no están tan desarticulados como parecen.

NIETO: El conjunto de  su obra es un gran lienzo, coherente y digno de una lectura permanente. Aunque cada libro tiene su propio universo y propuestas, en Arroyo hay un paso sostenido, admirable y creciente; la articulación de los engranajes narrativos, que te invitan al deleite de la lectura.  Su obra alcanza cimas en nuestra literatura por sus hallazgos y valores intrínsecos al arte de la palabra escrita con madurez y limpieza formidables.  Si debo contestar, diría que tengo especial aprecio y admiración por  Capricornio en gris, donde cada uno de sus cuentos son ventanas abiertas, horizontes perfectos y anaranjados, donde el despliegue literario, las historias tratadas, lo impecable produce fascinación y deleite al lector.

MORGAN: Vida que olvida. Se trata de una novela con un importante fundamento histórico y a mí la novela histórica me atrae como escritor y como lector.

TOMÁS: Me gustan los cuentos de Semana sin viernes, y Rostros como manchas. Son radiografías impenitentes, o no complacientes de la sociedad contemporánea. Partiendo de la realidad local y conectando con lo universal. Son libros que pueden leerse en cualquier parte del mundo.

GUARDIA: Yo escogería El pez y el segundo (1979, Educa). Desde que leí este relato largo que el autor denomina novela, me impactó por su estructura, así como por los múltiples recursos estilísticos que emplea, todos muy propios de la nueva novela latinoamericana, o del boom. El uso del tú como voz narrativa; el lenguaje coloquial; el rimo rápido que desencadena una serie de sucesos a partir del crimen pasional que abre el libro; la aparición de dos personajes fantasmagóricos como El Pez y El Segundo, que se convierten en el hilo conductor, en los verdaderos protagonistas de este cuento o fábula o excelente novela. Señalaría esta obra como de las dos o tres que, en la segunda mitad del siglo XX, les abrieron las puertas de la posmodernidad a la novela panameña.

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