COLOMBIANOS ELIGEN HOY A SU NUEVO PRESIDENTE

Campaña de guerra sucia y vagas propuestas

Casi 33 millones de electores escogen hoy al nuevo presidente de Colombia entre cinco opciones: el actual mandatario, Juan Manuel Santos, quien aspira a la reelección; Óscar Iván Zuluaga, su más cercano competidor y con quien empata en el primer puesto de las encuestas; Enrique Peñalosa, Marta Lucía Ramírez y Clara López, estos tres últimos técnicamente empatados en el tercer lugar.

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Atrás dejaron una campaña que, a decir de los entendidos, estuvo marcada por la guerra sucia y la ausencia de debates públicos, y en la que resaltó el tema del proceso de paz y algunas críticas a la gestión de Santos. Casi no hubo propuestas. 

Aunque ninguno de los candidatos fue capaz de comunicar efectivamente sus programas de gobierno, todos se proponen mejorar los servicios públicos, la educación y la salud. López prevé solucionar los problemas del campo; Peñalosa propone un Ministerio del Bienestar Rural; Ramírez duplicar la producción agrícola; Santos construir más viviendas;  y Zuluaga reforzar el enfoque regional. 

La gran ausente en las campañas, según advierten la Defensoría del Pueblo y el actual vicepresidente, Angelino Garzón, fue una política firme de derechos humanos y reconciliación, la base del postconflicto y la Colombia del futuro.

Zuluaga,carta del uribismo

EFE. BOGOTÁ, COLOMBIA

El exministro de Hacienda Óscar Iván Zuluaga, un político de pueblo y sin carisma, es la carta de Álvaro Uribe para reinstalarse en el poder tras sentirse traicionado por el actual mandatario, Juan Manuel Santos.

Zuluaga, un economista de 55 años, se ha convertido, como candidato del Centro Democrático en el más serio rival de Santos.

Uribe, que fue presidente entre 2002 y 2010, no puede aspirar a un tercer mandato por impedimento constitucional, pero encontró en Zuluaga al hombre que promete aplicar al pie de la letra su ideario político.

Nacido en Pensilvania, Caldas, en el centro cafetero del país, Zuluaga cuenta que desde niño quiso ser presidente, inspirado en la vida del ex primer ministro británico Winston Churchill.

Pero ese sueño, que empezó a tomar forma en las encuestas, puede verse truncado por el escándalo en que está metido tras revelarse que mantuvo contactos con Andrés Sepúlveda, un hacker detenido este mes por espiar a los negociadores del proceso de paz.

La oposición al diálogo, que se celebra en Cuba desde noviembre de 2012, ha sido el eje de su campaña y por ello no sorprenden las denuncias en su contra.

Esa tarea es la misma que hace cuatro años recibió el hoy presidente Santos, quien también fue ministro de Uribe e integrante del Partido de la U, una fuerza que terminó convertida en reducto del “santismo”, mientras los uribistas se marcharon con su jefe al Centro Democrático.

Ante el escándalo, Zuluaga responde con evasivas y Uribe rechaza las denuncias con encendidos discursos o en las redes sociales.

Zuluaga y Uribe se conocen desde comienzos de los años 90 cuando el primero era alcalde de Pensilvania y el segundo senador.

Tras unos años dedicado a la empresa privada, Zuluaga volvió a la política en 2002 como senador por Caldas a la cabeza de un movimiento fundado con Luis Alfonso Hoyos, su amigo de toda la vida y principal implicado en el escándalo del hacker.

Fue senador hasta 2006 y un año después Uribe lo nombró titular de Hacienda, cargo que ocupó hasta el final de su gobierno en 2010 y por el que fue reconocido como el mejor ministro de esa cartera de América Latina por sortear la crisis mundial sin sobresaltos para la economía colombiana.

Zuluaga estudió economía en la Universidad Javeriana de Bogotá y tiene un máster en Finanzas Públicas de la Universidad de Exeter (Reino Unido).

Cuando Uribe creó el Centro Democrático, en 2013, estuvo en primera fila como el discípulo más aplicado y la convención del partido lo ungió como candidato el mismo año.

Como compañero de fórmula a la vicepresidencia escogió a Carlos Holmes, exdiplomático oriundo del Valle del Cauca y también uribista de corazón.

Zuluaga está casado desde hace 26 años con Martha Martínez, con quien tiene tres hijos.

La conservadora Ramírez

La persistencia en la lucha contra sus propios compañeros del Partido Conservador ha marcado la aspiración presidencial de la exministra de Defensa Marta Lucía Ramírez, que ha hecho de la campaña para las elecciones de hoy un acto de fe, con miras a devolver el poder a esa desgastada fuerza política.

Nacida en 1954 en una familia de clase media de Zipaquirá, un pueblo cercano a Bogotá, Ramírez es una gran conocedora de asuntos de economía y seguridad, alrededor de los cuales ha girado su carrera en la empresa privada y el gobierno.

Abogada de la Universidad Javeriana, carrera que se ayudó a pagar con trabajos como modelo y con estudios en el Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard, ha coqueteado con distintos partidos, pero es en el Conservador en el que se siente a gusto.

En 2009, siendo senadora, abandonó el Partido de la U disconforme con el apoyo de esa fuerza política a Juan Manuel Santos como candidato presidencial para 2010 y pasó al Partido Conservador, con las credenciales que le daban el haber sido ministra de Comercio Exterior en el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) y de Defensa en los primeros meses del de Álvaro Uribe (2002-2010).

Intentó la nominación del Partido Conservador para las presidenciales de 2010, pero fue designada la excanciller Noemí Sanín, quien solo obtuvo 6.13 % de los votos, y el partido acabó sumándose a la coalición de gobierno de Santos.

Ramírez considera que un partido centenario como el Conservador no puede ser apéndice de un gobierno, sino que debe estar en la disputa presidencial, por eso se postuló.

El mismo día de enero pasado cuando aceptó la candidatura empezó su calvario, pues un importante sector de los conservadores, partidarios de seguir con Santos, impugnó la convención y solo hasta el mes pasado Ramírez tuvo la confirmación de la autoridad electoral.

Las encuestas no le conceden posibilidades de éxito, pese a que en los últimos sondeos ha mejorado y aparecido técnicamente empatada con dos de sus rivales en la lucha por el tercer puesto.

Ramírez fue la primera y hasta ahora única mujer en el Ministerio de Defensa, cargo en el que implementó la política de seguridad democrática, pilar del gobierno de Uribe para empezar a recuperar el terreno perdido militarmente con los grupos guerrilleros.

También centralizó el proceso de compras de los militares para evitar corrupción en los contratos y estableció la primera escuela de derechos humanos en esa institución, políticas que desgastaron su relación con el alto mando y dejó el ministerio 15 meses después de su llegada.

Crítica del manejo que ha dado Santos al proceso de paz con las FARC, Ramírez dice que las negociaciones en Cuba no pueden ser una puerta a la impunidad para los crímenes de la guerrilla y debe tener plazos fijos.

De llegar a la Presidencia, Ramírez ratificará al equipo negociador de paz del gobierno y lo reforzará con su candidato a la vicepresidencia, Camilo Gómez, que fue alto comisionado de paz en el gobierno de Pastrana. Ramírez está casada con Álvaro Rincón y tiene una hija.

López, un giro a la izquierda

Nacida en el seno de una familia burguesa y forjada en ideas progresistas, Clara López aspira a convertirse en presidenta y entrar en el grupo de mujeres líderes de la izquierda latinoamericana, cuya máxima figura es la chilena Michelle Bachelet.

La lucha contra la desigualdad fue su caballo de batalla en la campaña a las elecciones de hoy, a las que concurre con el lema “Colombia por un buen camino” y ofrece cambiar el rumbo porque, a su juicio, la paz es posible.

Aunque Colombia nunca ha tenido una presidenta, y ni siquiera un presidente de izquierda, López cree que su país puede sumarse a la “corriente que se abre paso en el continente”. “Hay que ver a Michelle Bachelet como un gran ejemplo. Ha sido presidenta y se ha reelegido con un programa que miramos con mucha coincidencia, especialmente en temas educativos y de lucha contra la desigualdad”, ha dicho.

A sus 64 años, López, que parte tercera en las encuestas con 10.1% de la intención de voto, es una de las mujeres más cultas y preparadas de la política colombiana.

Estudió Filosofía en Harvard, carrera que no concluyó; luego Economía en esa universidad, y con 46 años volvió a las aulas para terminar Derecho en la Universidad de los Andes de Bogotá. Actualmente es candidata a doctora en Derecho Tributario y Financiero por la española Universidad de Salamanca.

En los años 70 del siglo pasado tuvo dos romances: uno que acabó en boda con un acaudalado canadiense, posteriormente condenado por vender información bancaria privilegiada, y otro no menos sorprendente, con un entonces “fogoso joven liberal”: Álvaro Uribe.

El breve noviazgo con quien hoy encarna la derecha más radical en Colombia se reveló en plena campaña tras la publicación del libro Los suspirantes.

Su compañero de vida definitivo sería Carlos Romero, un político comunista que pasó 12 veces por prisión, una relación con enormes costos sociales que siempre defendió incluso ante su familia, y que fortaleció sus ideas de izquierda hasta convertirse en dirigente del Polo Democrático Alternativo.

Seria, firme, solidaria y eficaz, López es buena conocedora del sector público, pues ha sido contralora, concejal, auditora general, secretaria de Gobierno de Bogotá y alcaldesa de la capital encargada después de que su jefe, Samuel Moreno (2008-2010), fuera encarcelado por corrupción.

López y su compañera a la vicepresidencia, Aída Avella, vivieron una triste página de la historia de Colombia, pues ambas militaban en la Unión Patriótica cuando ese partido, que nació de un acuerdo de las FARC con el Gobierno de Belisario Betancur (1982-1986), se convirtió en blanco de la violencia del Estado y los paramilitares, que mataron a unos cuatro mil simpatizantes.

A raíz de un atentado, Avella partió 17 años al exilio y regresó de Suiza este año para aspirar a la presidencia, pero en el camino decidió sumar fuerzas con López y presentar una candidatura conjunta de la izquierda.

Son dos mujeres que aspiran sellar la paz con las guerrillas y generar un cambio radical en la estructura económica con justicia social; dos mujeres que representan la reconciliación de cara a una Colombia en paz.

Peñalosa, el candidato de la alianza verde

EFE. BOGOTÁ, COLOMBIA

El experto en política urbana Enrique Peñalosa aspira a la presidencia de Colombia como candidato de la Alianza Verde con el aval de haber sido uno de los mejores alcaldes de Bogotá, pero su ambigüedad política y lejanía de la realidad nacional le han hecho derrumbarse en las encuestas.

Los bogotanos le recuerdan por la red de bibliotecas, las ciclorrutas, los jardines y, sobre todo, por el Transmilenio, un sistema de autobuses articulados convertido en una exitosa experiencia de transporte masivo.

Nació en Washington en 1954, cuando su padre, el político liberal y diplomático Enrique Peñalosa Camargo trabajaba en el Banco Interamericano de Desarrollo, pero renunció a la ciudadanía estadounidense para dedicarse a la política local.

Aunque cumplirá 60 años en septiembre próximo, aparenta bastantes menos: una jovialidad que acompaña su actitud ecologista y sus críticas a los políticos tradicionales.

Con un plan de gobierno basado en la educación y la lucha anticorrupción, pocos dudan de su honradez. Está obsesionado con la planificación urbana y se mueve por Bogotá en bicicleta.

Dueño de una hoja de vida brillante, Peñalosa estudió Economía en la Universidad de Duke (Estados Unidos), hizo una maestría en el Instituto Internacional de Administración Pública de París y un doctorado en la Universidad de París.

Cuando regresó a Colombia se dedicó a la enseñanza y trabajó en el sector público, pero siempre le interesó la política y en 1990 fue elegido congresista por el Partido Liberal.

En 1994 buscó ser alcalde de Bogotá sin éxito y lo logró cuatro años después. Cuando terminó su gestión volvió a vivir en el exterior y desde entonces no ha vuelto a ganar un solo cargo electo.

Las urnas le dieron la espalda cuando quiso ser alcalde en 2007 y 2011; además, intentó en 2010 ser candidato de los Verdes a la presidencia, pero fue derrotado en la consulta interna por Antanas Mockus, otro exalcalde bogotano que se quedó a las puertas de la Jefatura del Estado, derrotado por Juan Manuel Santos.

Paradójicamente, su buena fama de administrador ha corrido paralela a la de mal político y en ese sentido su peor error fue aceptar el apoyo del expresidente Álvaro Uribe en su campaña de 2011, lo que se tradujo en un rotundo fracaso frente al actual alcalde de Bogotá, Gustavo Petro.

Esa ambigüedad política, reflejada en sus coqueteos con el derechista Uribe que contrastan con sus propuestas ecologistas y educativas, es una de las razones de los batacazos que le dan las encuestas.

La campaña actual es otro ejemplo, ya que llegó a estar segundo e hizo creer que iba a disputar la segunda vuelta con Santos, pero ahora es el último con 9.4% de la intención de voto.

Otro error en la campaña fue subestimar a las regiones y al campo, al considerar que Colombia es un país “urbano” y justificar en ese supuesto la falta de interés de los ciudadanos por resolver el conflicto armado, que a su juicio es un problema rural.

Por eso, muchos colombianos dicen que Peñalosa es un político para países como Suecia o Noruega, pero no para Colombia, cargado de problemas y conflictos.

Casado con Liliana Sánchez y padre de dos hijos, Peñalosa ha elegido como compañera de fórmula y candidata a la vicepresidencia a Isabel Segovia, viceministra de Educación en el Gobierno de Uribe.

Santos apuesta por la paz

Frío, poco carismático, calculador, abiertamente neoliberal en materia económica y un apasionado jugador de póquer, Juan Manuel Santos ha hecho la gran apuesta personal y política de su vida: buscar la paz con la guerrilla comunista más antigua de América, las FARC.

El aspirante a la reelección en los comicios de hoy llegó a la Presidencia de Colombia en 2010 dispuesto a seguir los postulados de su antecesor, al que sirvió como ministro de Defensa, el ultraconservador Álvaro Uribe, pero con astucia se distanció para elegir otro camino.

Como titular de Defensa asestó los más duros golpes militares a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) hasta descabezar su dirección.

Puso contra las cuerdas a Colombia con el bombardeo de un campamento guerrillero en Ecuador e hizo frente al gran escándalo de los “falsos positivos” o ejecuciones extrajudiciales cuando el Ejército mató a miles de civiles y les hizo pasar por guerrilleros con el único objetivo de engordar los éxitos militares.

Pero este economista, administrador de empresas y periodista ha hecho gala, desde que llegó a la Presidencia, de grandes dotes políticas y diplomáticas, se ha movido dentro y fuera del país con tacto para mostrar resultados y así ser considerado un estadista conciliador aplaudido por la comunidad internacional.

Juan Manuel Santos nació el 10 de agosto de 1951 en Bogotá en el seno de una de las familias más poderosas de Colombia, perteneciente a lo que se conoce como la oligarquía capitalina.

Desde niño se movió entre los hilos del poder, siempre imbuido en las ideas del Partido Liberal. Su tío abuelo Eduardo Santos fue presidente (1938-1942) y su familia dirigió durante décadas El Tiempo, el periódico más influyente del país.

Empezó en Londres a forjar su carrera política en 1972, como representante de Colombia ante la Organización Internacional del Café, y a su regreso fue subdirector de El Tiempo, lo que siempre le ha ayudado con los medios de comunicación tradicionales.

En 1991 fue designado por el liberal César Gaviria como ministro de Comercio Exterior e impulsó acuerdos comerciales con distintos países, bajo su visión neoliberal de la economía; y durante el gobierno del conservador Andrés Pastrana (1998-2002) ejerció como titular de Hacienda, en plena crisis económica.

En 2004 se apartó del liberalismo para respaldar a Uribe y se sumó al Partido de la U, la fuerza que ganó las elecciones en 2006 y 2010, y al que hoy sigue perteneciendo.

Aficionado a las apuestas y adicto al poder, Santos es un hombre arriesgado y lo demostró desde que tomó posesión de la Jefatura del Estado el 7 de agosto de 2010.

En aquel momento dijo que tenía “la llave de la paz” y que la usaría cuando se dieran las condiciones; dos años después, en 2012, inició las negociaciones con las FARC que siguen en marcha.

También recompuso las relaciones con Ecuador y Venezuela, rotas durante el Gobierno de Uribe, y, contra todo pronóstico, congeló un convenio militar con Estados Unidos, por el que se iba a poner a disposición de ese país siete bases militares.

Aún así, cerró el Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Administración de Barack Obama y lo celebró, rodeado de mandatarios, durante la Cumbre de las Américas que acogió Cartagena de Indias en 2012.

Asimismo, logró consenso para que la colombiana María Emma Mejía fuera designada secretaria general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) tras el fallecimiento del argentino Néstor Kirchner, además de un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Entre sus iniciativas dentro del país está la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, que rubricó en 2011 junto al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y el Marco Jurídico para la Paz, base legal para estructurar el postconflicto.

Santos es un gran conocedor de los entresijos políticos, ha gobernado bajo la tutela de una Unidad Nacional y con la única oposición de Uribe, quien le ha acusado de “castrochavista” y ahora, en esta campaña, de usar dinero del narcotráfico.

Y la izquierda, la que de haberse cumplido los pronósticos hubiera sido la mayor fuerza opositora, le ha puesto frenos pero aplaude su iniciativa de paz; de hecho, está descontado que Santos obtendrá su apoyo si va a una segunda vuelta con el candidato uribista, Óscar Iván Zuluaga.

Pero se le quedaron en el tintero asuntos clave como el problema del campesinado, las infraestructuras y las reformas de la salud y la educación.

Casado con María Clemencia Rodríguez y padre de tres hijos, Santos es doctor en Leyes, estudió Economía y Administración de Empresas en la Universidad de Kansas, Economía y Desarrollo Económico en la Escuela de Economía de Londres y Administración Pública en Harvard, además de Periodismo.

El presidente y candidato es autor de varios libros, entre ellos “La Tercera Vía: una alternativa para Colombia”, que escribió junto al ex primer ministro británico Tony Blair.

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