REFORMA MIGRATORIA

Castro, Obama y la papa caliente

La reforma migratoria cubana se entiende en clave económica y como parte del complejo ajedrez diplomático entre La Habana y Washington.

normalidad. Un hombre muestra su pasaporte recién tramitado en las afueras de La Habana. REUTERS/Desmond Boylan normalidad. Un hombre muestra su pasaporte recién tramitado en las afueras de La Habana. REUTERS/Desmond Boylan
normalidad. Un hombre muestra su pasaporte recién tramitado en las afueras de La Habana. REUTERS/Desmond Boylan

Cuando el permiso de salida en Cuba entró en vigor, el 9 de octubre de 1961, el mundo era radicalmente distinto.

Argelia, Sierra Leona y Goa aún eran colonias europeas. John F. Kennedy vivía, Adolf Eichmann aún no había sido colgado y Fidel Castro, ya con 35 años, aún no se había declarado marxista-leninista. Con la divinidad recién obtenida en Bahía de Cochinos, sin embargo, el comandante decidió que era justo, actual y necesario encerrar a los cubanos en su isla revolucionaria.

Tuvieron que pasar más de 50 años para que, el 14 de enero pasado, se eliminaran las restricciones de viaje en la isla. Se hizo como parte de la “actualización” que está llevando a cabo, a sus 81 años, el hermano menor de Fidel, Raúl Castro.

Las líneas generales son conocidas: eliminación, con restricciones, del permiso de salida y de la carta de invitación; ampliación, de 11 a 24 meses, del plazo en que un cubano puede permanecer en el exterior sin perder sus derechos en la isla; y flexibilización de la política para que los menores salgan del país y para la entrada de los emigrados.

En otras palabras, el cubano cambia la opresión del autoritarismo gubernamental por la de la ineptitud económica del país. Con 20 dólares mensuales de salario promedio, se antoja difícil que muchos puedan pagar los 100 dólares que ahora cuesta el pasaporte, sin mencionar visas y boletos aéreos.

DÍAS DE NORMALIDAD

Cuando los cambios fueron anunciados, allá por octubre de 2012, el debate giró principalmente en torno a esos recovecos legales por los cuales La Habana se reservaba el derecho de emitir o actualizar pasaportes.

El opositor Carlos Montaner, desde Miami, escribía que la “tímida” reforma mantenía intacto el principio de que, en Cuba, “el Estado sigue siendo el dueño de los ciudadanos”. A su vez, la célebre bloguera Yoani Sánchez lamentaba que las reformas traían “una de cal y otra de arena”.

Ahora, casi dos semanas después, el disidente Guillermo Fariñas fue informado de que podrá viajar y regresar cuando quiera. Otros, como la misma Sánchez, han realizado ya los trámites para obtener el pasaporte.

José Ariel Contreras se convirtió en el primer beisbolista emigrado en volver tras las reformas. Y la actividad en las 195 oficinas habilitadas en la isla para trámites migratorios ha transcurrido con aparente normalidad.

La revista Cubainformación titulaba con sorna en su página web que aquellos que esperaban “la caída del Muro de Berlín a la caribeña” se habían “quedado con las ganas”. Según cifras oficiales, de los 941 mil 953 cubanos que salieron del país en los últimos 12 años, solo 120 mil 705–uno de cada ocho–no regresaron.

ES EL DINERO, ESTÚPIDO

La supervivencia del régimen revolucionario ha sido la prioridad del Estado cubano desde 1959. Y más allá de su carácter ideológico, han sido las necesidades económicas las que han impulsado los cambios significativos. “El problema es siempre el mismo: el Gobierno o el mercado. No hay una tercera solución”, escribió el economista austríaco Ludwig Von Mises.

El problema económico fundamental de Cuba es que carece de la base industrial necesaria para productos de valor agregado para exportación. La decadencia ya ha llegado incluso al sector agropecuario. El turismo ha aliviado algo la situación, pero simultáneamente ha introducido tensiones raciales y de clase. Solo los 90 mil barriles de crudo diarios que les proporciona el Estado venezolano separan a la economía cubana del desastre total. En ese contexto llegan las reformas migratorias que, vistas en perspectiva, les permiten a los Castro matar varios pájaros de un tiro.

Desde el punto de vista económico, las reformas supondrán una inyección de dinero a la economía estatal. Para empezar, los pasaportes han prácticamente doblado su precio en la isla, y en el exterior pueden llegar a costar cantidades significativas (en Estados Unidos rondan los 425 dólares). Luego está el dinero dejado en el país por aquellos que no podían regresar, como el mencionado Contreras (que cobra $2.5 millones al año en las Grandes Ligas). Pero el mayor impacto será a largo plazo: al permitir a sus ciudadanos ausentarse del país por 24 meses, el Gobierno cubano hace su entrada en el negocio de las remesas.

A nivel mundial, las remesas representan el segundo ingreso financiero más importante entre países subdesarrollados, superando incluso a la ayuda exterior. Se estima que entre 250 mil millones y 300 mil millones de dólares son enviados anualmente por trabajadores extranjeros a sus países de origen. En América Latina, la cifra es de unos 66 mil millones de dólares, 75% de los cuales provienen de Estados Unidos (EU).

Aunque las remesas a Cuba han aumentado (de mil 30 millones en 2004 a 2 mil 294 millones de dólares en la actualidad), las cifras de la isla siguen lejísimos de las de países como Haití u Honduras. Allí, las remesas representan 30% y 21% de sus respectivos PIB. El Gobierno cubano, en definitiva, ha reconocido que las restricciones de la época de Kennedy eran económicamente contraproducentes.

EL BAILE GEOPOLÍTICO

Todo esto nos lleva inevitablemente al complicado ajedrez diplomático que están jugando Washington y La Habana. Con cuatro años más de Barack Obama en la Casa Blanca, a la vista, un flamante secretario de Estado que se opone abiertamente al embargo y el presidente Chávez enfrentando un complicado cuadro clínico, la Cuba post-Chávez pasa inevitablemente por Washington.

Las reformas raulistas, entonces, deben entenderse desde varios ángulos.

El primero, y más obvio, es el simbólico: Raúl levanta la tapa de la olla para dejar salir presión y da carnada a todos aquellos que lo quieren ver y vender como un reformista.

Segundo, de un plumazo devuelve la pelota a la cancha estadounidense y de paso les plantea un enorme dilema con respecto a la Ley de Ajuste de Refugiados Cubanos. Dicha ley está basada en el supuesto de que el Gobierno de la isla es una dictadura de la que sus ciudadanos no pueden huir. Ahora que no hay restricciones de viaje, el gobierno estadounidense y el lobby cubano parecen encontrarse en trayectoria de colisión ante la presión que ambos recibirán de parte de otros grupos extranjeros buscando igualdad de trato.

Por último, más del 70% de los hispanos en EU votaron por Obama en noviembre de 2012, en gran parte por la promesa de una profunda reforma migratoria. Eso incluye, principalmente, a mexicanos, centroamericanos y cubanos, grupos con intereses muy distintos. El manejo del dilema cubano puede ser clave en las relaciones de Obama y, más a largo plazo, del Partido Demócrata con el electorado hispano.

Cuba tardó 51 años en actualizar su política migratoria. Las consecuencias tardarán muchísimo menos en hacerse sentir. Nadie dijo que el cambio sería fácil.

Las vías del sueño cubano

Todo parece indicar que Washington tendrá que prepararse para un influjo creciente de inmigrantes cubanos. La Ley de Ajuste de Refugiados Cubanos establece que cualquier cubano que logre ingresar en Estados Unidos (EU) gozará de estatus legal y podrá obtener residencia permanente al cabo de un año. Ahora que pueden permanecer dos años fuera del país, no existe quizá en el mundo entero una mejor oportunidad para obtener dos residencias permanentes en tan poco tiempo.

Por esos motivos, se esperan cambios en los patrones de migración de Cuba hacia EU. La oficina de intereses estadounidenses en La Habana no quiere ni puede emitir más de las 20 mil visas anuales que emite en la actualidad, pero la posibilidad de viajar a otros países cuyas visas sean más fáciles de obtener–o que no exijan visa a cubanos–se antoja atractiva como punto de partida hacia el otro lado del río Grande.

Así, algunos analistas esperan un alto influjo de cubanos a México o incluso a países “amigos” de Cuba como Venezuela y Ecuador.

En estos dos últimos casos, Panamá podría experimentar una mayor presencia de cubanos en el área del tapón del Darién. Finalmente, la Ley de Memoria Histórica española, que ha provisto de pasaportes de la Comunidad Europea a miles de cubanos descendientes de españoles, podría adquirir un rol crucial. Los españoles, con 26% de desempleo, no esperan ni están preparados para una ola de cubanos. Sin embargo, varias Cortes de inmigración en EU ya han admitido casos de cubanos con pasaporte español intentando entrar al país.

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