política.

Crisis a la mexicana

La mayor crisis política de México desde que se convirtió en una verdadera democracia electoral, acaba de solucionarse de la misma forma en que comenzó: mediante la imposición de factores políticos sobre los jurídicos, y con la certeza de que el país aún tiene mucho camino que recorrer antes de convertirse en un verdadero estado de derecho.

Para bien de su evolución democrática, sin embargo, los intereses políticos que mediaron en el desenlace fueron de mayor calidad que los imperantes en el origen. Por esto, aunque la historia de los hechos deja un sabor amargo, su balance da motivos de esperanza.

El origen del conflicto fue una alianza entre los partidos Acción Nacional (PAN), de gobierno, y el Revolucionario Institucional (su predecesor por 70 años), para frenar la meteórica carrera presidencial hacia el 2006 del alcalde del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, conocido como AMLO, del Partido Revolucionario Democrático (PRD).

Atribuyéndole un posible desacato en el ejercicio de su cargo, el Congreso lo despojó de su inmunidad y la Procuraduría General de la República (PGR), controlada por el Ejecutivo, decidió procesarlo. Y como en México se suspenden los derechos políticos desde el inicio de la acción penal, la medida implicaba su forzada salida del juego.

Todo se hizo en nombre del "imperio de la ley". Pero la debilidad de los fundamentos jurídicos y los antecedentes poco legales de sus presuntos defensores no convencieron a nadie, ni siquiera al juez que rechazó la orden de aprehensión de la PGR contra López. Menos aún convencieron a importantes sectores sociales.

Conforme crecía la reacción adversa al desafuero -incluida una contundente y pacífica manifestación de apoyo a López, el domingo 24 aumentaban también, dentro y fuera de México, los temores de inestabilidad. Tres días después de la marcha, el presidente Vicente Fox decidió desactivar la peligrosa bomba de tiempo, y anunció la renuncia del Procurador General y una exhaustiva revisión del caso, todo en aras de "la mayor armonía política del país".

En medio de la molestia del PRI, la sorpresa del PAN y un gran debate sobre la vía legal para dar marcha atrás, Fox y AMLO intercambiaron elogios públicos, la Procuraduría archivó el expediente, y el Presidente y su posible sucesor sellaron la reconciliación, el viernes 6 de mayo, con un publicitado encuentro.

El único ganador del proceso ha sido el popular y populista López Obrador; los mayores perjuicios, en una escala de gravedad decreciente, los han padecido el PRI, el PAN y Fox. También ha sufrido el sistema político, con un renovado escepticismo ciudadano sobre las verdaderas razones de sus actores y sobre la fortaleza e independencia de sus instituciones.

Sin embargo, también existen elementos positivos que rescatar de la crisis que pudo evitarse.

En primer lugar, la independencia del juez penal que rechazó la iniciativa de la PGR demuestra que en el México actual existen, al menos, enclaves de autonomía judicial.

La decisión y capacidad de Fox para revertir el proceso, aunque débil en lo jurídico, fue esclarecida en lo político, y renovó espacios de negociación indispensables para el avance democrático. Quizá podría, incluso, dar un nuevo aire al último año de un gobierno poco eficaz.

La precaria situación en que quedaron los dirigentes del PRI y el PAN que condujeron la maniobra, ha sido una clara y, ojalá, ejemplarizante, lección de los límites a la manipulación que existen en la democracia, por muy imperfecta que aún sea.

En cuanto a López Obrador, no sólo manejó el caso con inusual prudencia; también lo aprovechó para distanciarse de sus antecedentes de militancia izquierdista y para proyectar una imagen y un mensaje inclusivos, de sensatez y gobernabilidad. En unas declaraciones al periódico The New York Times se definió como centrista, se diferenció de los movimientos populistas latinoamericanos y enfatizó sus credenciales para manejar la economía con responsabilidad.

Partiendo de que sus intenciones sean genuinas, el gran escollo para aplicarlas es su propio partido, en el cual muchos dirigentes aún padecen de duro sectarismo e instintivo apego a las turbias prácticas políticas heredadas del PRI y sus satélites de antaño.

Así como la popularidad de AMLO es su gran divisa, los "dinosaurios" del PRD son su gran lastre. Razón de más para que el éxito de sus aspiraciones -y de un eventual gobierno- pase por un verdadero, aunque necesariamente cuidadoso, salto hacia el centro. El fallido desafuero parece haber sido una escuela positiva en este sentido, y es un motivo adicional para que el balance del caso sea mejor de lo que, a simple vista, parece.

Más noticias de Mundo

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Corporación La Prensa, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Loteria nacional

20 Nov 2019

Primer premio

4 1 8 9

DDDB

Serie: 8 Folio: 7

2o premio

8025

3er premio

4855

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código