LA NUEVA ERA DE LA IGLESIA CATÓLICA ESTÁ JALONADA DE RETOS Y DESAFÍOS PARA EL NUEVO PASTOR

Francisco inaugura pontificado

El llamado a la sencillez y al amor al pobre y desvalido marca el mensaje dado por el nuevo pontífice católico.

“Has venido de lejos y nos has conquistado con tu sencillez”, es uno de los carteles que se podían leer ayer martes en la plaza de San Pedro, donde decenas de líderes mundiales y una multitud procedente de los cinco continentes se congregaron para celebrar la inauguración del pontificado del primer papa latinoamericano de la historia.

Francisco recibió en la ceremonia el anillo y el palio papales, ubicándose así en el “kilómetro cero” de su pontificado, pasados siete días de su elección en los que con sus reiterados gestos de cercanía a los fieles ha traído aire fresco a un Vaticano golpeado por la todavía reciente renuncia del anciano Benedicto XVI en medio de relatos sobre intrigas, luchas de poder y escándalos financieros y sexuales.

En el día de su entronización, el sumo pontífice católico inauguró su pontificado con un mensaje en favor de la paz y de “la ternura”, asegurando que servirá con humildad a una Iglesia católica enfrentada a numerosos desafíos, protegiendo a los más pobres y olvidados.

El papa del Nuevo Mundo pidió “respeto por todas las criaturas de Dios”, citando a los niños, los ancianos, “quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón”. También apuntó que “cuando los humanos fallaban en cuidar el medio ambiente y a los demás, “se abre un camino a la destrucción y los corazones se endurecen. Trágicamente en cada período de la historia hay Herodes que complotan para la muerte, para sembrar el caos y dañan el carácter de hombres y mujeres”. Además, pidió a los líderes mundiales que sean “protectores de los demás y del medio ambiente (...) no nos olvidemos que el odio, la envidia y el orgullo contaminan nuestras vidas. Ser protectores, entonces, también significa vigilar nuestras emociones, nuestros corazones”.

Desde su elección el 13 de marzo, ocupó titulares por no llevar la cruz pectoral de oro de su predecesores, sino una más sencilla, no usar la limusina oficial o haber saludado uno a uno a los fieles que acudieron el domingo a la misa que celebró inesperadamente en una pequeña iglesia del Vaticano.

Antes de la misa de ayer, se dio un baño de multitudes al recorrer en un jeep descapotable la plaza de San Pedro, saludando, sonriendo y besando a niños y a un discapacitado, para el que hizo parar el coche y se bajó de él a medio trayecto.

Y en su homilía, se mostró de nuevo dispuesto a trabajar por “los más pobres”, después de que ya el sábado desatara un fuerte aplauso en una audiencia con periodistas al desear “una Iglesia pobre y para los pobres”.

TAREAS PENDIENTES

Son gestos y actitudes que gustan a los fieles y que han animado las esperanzas de cambios en la Iglesia, cuando aún no revela ninguna de las medidas concretas que aplicará al frente del Vaticano, centro espiritual de mil 196 millones de católicos.

Los vaticanistas italianos insisten tan solo en que una de sus prioridades debe ser reformar la curia romana, después del escándalo de filtraciones “Vatileaks”, si bien por el momento ha mantenido en su puesto a los más altos jerarcas de la Santa Sede. “Soy romano y he visto a muchos papas, pero este tiene puesta una marcha más. Se ve que disfruta con la gente y que está atento a sus sufrimientos. Trae esperanza al futuro”, afirma Antonio, un italiano de 80 años presente en la misa, citado por medios locales.

La presidenta argentina, Cristina Fernández, quien el lunes almorzó con el nuevo pontífice, dijo después del encuentro haber visto a Francisco “ocupado y preocupado” por su “compromiso de cambiar las cosas que él sabe que deben cambiar”, pero tampoco explicó cuáles, en momentos en los que prosigue la secularización en Europa, centro tradicional de la cristiandad, y en América Latina, donde viven casi la mitad de los católicos del mundo, prosigue la pérdida de fieles en pro de iglesias evangélicas y neopentescostales. Fernández, tras años de tensiones con el hasta ahora líder católico de Argentina, se ha convertido estos días en el invitado más agasajado por el Vaticano. El lunes fue el primer jefe de Estado en ser recibido por el nuevo papa, quien la invitó a almorzar, y ayer ocupó un puesto en primera fila durante la misa y fue la primera a la que saludó Francisco de una larga lista de jefes de Estado y de gobierno a los que estrechó la mano uno a uno tras la ceremonia.

Francisco, quien el lunes animó a la presidenta argentina a continuar trabajando junto con otros dirigentes en pro de la unidad latinoamericana, se tomó más tiempo del normal para conversar con los líderes latinos presentes. Besó por ejemplo a la anciana madre del presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien tras abrazarlo le mostró una fotografía.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, le llevó unos rosarios para que los bendijera. Con todo, el primer papa latinoamericano es el que menos español habla de todos sus predecesores, acostumbrados a saludar en multitud de idiomas.

En la misa de inauguración, solo tuvo lugar en español una de las lecturas, a cargo de una feligresa, mientras que el nuevo papa pronunció su homilía íntegramente en italiano, en la que se podía percibir, eso sí, su acento porteño.

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