Persiste la discriminación

Un total de 76 países siguen criminalizando las prácticas homosexuales y en cinco de ellos la pena de muerte sigue en vigor
En St. Paul, Minnessota, EU, Reid Bordson (D) y Paul Nolle se casaron en cuanto se levantó la prohibición. AP. En St. Paul, Minnessota, EU, Reid Bordson (D) y Paul Nolle se casaron en cuanto se levantó la prohibición. AP.
En St. Paul, Minnessota, EU, Reid Bordson (D) y Paul Nolle se casaron en cuanto se levantó la prohibición. AP.

La legalización del matrimonio gay en varios países y las afirmaciones del Papa, que se niega a “juzgarles”, son la prueba de cierta “normalización” de la homosexualidad pero en la mayor parte del mundo los homosexuales siguen sufriendo discriminaciones graves.

Inglaterra y Gales, Francia, España, Canadá, Sudáfrica, Argentina... Quince países ya legalizaron el matrimonio entre personas del mismo sexo, lo cual conlleva en la mayoría de los casos el derecho a tener hijos.

Pero en la mayor parte del mundo, “el combate de los homosexuales no es por el derecho a las uniones o la paternidad, sino por el derecho a vivir su vida sin ser víctima de violencia, acoso o detenciones”, recuerda en su página internet la ONG británica Kaleidoscope Trust.

Un total de 76 países siguen criminalizando las prácticas homosexuales y en cinco de ellos la pena de muerte sigue en vigor, apunta esta ONG que lucha por los derechos de las minorías sexuales en todo el mundo. También hay que incluir las agresiones, e incluso asesinatos, que sufren los homosexuales en muchos países.

En este contexto, las asociaciones de derechos de los homosexuales y los defensores de los derechos humanos han acogido las palabras del Papa argentino, jefe espiritual de mil millones de fieles, como un soplo de aire fresco. “Si una persona es gay, busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?”, declaró el papa Francisco ante los periodistas durante su viaje de regreso de Brasil, ocho años tras una directiva del Vaticano que prohíbe el sacerdocio a los homosexuales, y cuando la Santa Sede se opone en la ONU a una despenalización universal de la homosexualidad.

La distinción que el Pontífice establece entre los homosexuales –que tendrían cabida en la Iglesia y la sociedad– y un lobby homosexual al que habría que rechazar, muestra sin embargo que no está dispuesto a cambiar la doctrina católica sobre el matrimonio, la familia y la sexualidad.

El sociólogo francés Eric Fassin se pregunta si la homofobia es “no querer a los gais o no reconocerles la igualdad de los derechos”. Y denuncia que el Papa “viste con retórica presentable para Occidente su oposición a los derechos de los gais”.

El sociólogo destaca que, al mismo tiempo que se votan reformas en Europa, en América del Norte, Sudáfrica y América Latina, “vemos endurecerse en otras parte una homofobia política y una homofobia de Estado en nombre de una ´identidad cultural´ en reacción a Occidente”.

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