Centroamérica: democracia, desigualdades y esperanzas (I)

A merced de los gigantes

A punto de acudir a las urnas, conviene analizar la región y aprender de los países que acaban de completar sus procesos electorales.

Temas:

/deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/04/0_20141204gGsezS.jpg /deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/04/0_20141204gGsezS.jpg
/deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/04/0_20141204gGsezS.jpg

Para tener una idea del significado de los procesos electorales centroamericanos y del futuro inmediato de los países de la región, es necesario identificar las principales características que definen su realidad y su historia. Cualquier análisis sólido debe comenzar por la geografía. Desde ese punto de vista, Latinoamérica puede ser conceptualizada como una cadena de islas habitables separadas por tres enormes accidentes geográficos: el mar Caribe, la cordillera de los Andes y la selva amazónica.

La primera de esas islas va desde el río Grande hasta las selvas del sur de Colombia y Venezuela. Las realidades de lo que se conoce como Centroamérica –de Panamá a Guatemala– serían imposibles de entender sin incluir a los tres gigantes que la rodean: México, Colombia y Venezuela.

La geografía no ha sido muy generosa con Centroamérica. La región es un istmo cuya anchura varía pero que, en general, tiende a hacerse más angosto hacia el sureste, culminando en nuestro país, Panamá. El problema, sin embargo, no es la forma de la región sino su relieve y su clima. El istmo centroamericano, en palabras de una reconocida agencia de análisis geopolítico, “es demasiado húmedo y accidentado para convertirse en nada más que en una serie de ciudades-Estado aisladas; mucho menos en un solo ente político capaz de ejercer un impacto en los asuntos continentales”.

Centroamérica, en resumidas cuentas, es una tierra excesivamente complicada para el desarrollo económico. Algunos de los estrategas deterministas del siglo pasado habrían dicho que la región está destinada a ser pobre. Y aunque en geopolítica no hay nada escrito en piedra, por lo pronto la realidad es la que es: Centroamérica es una de las regiones más pobres, violentas y corruptas del mundo, y nada de eso parece tener visos de cambiar a corto o medio plazo.

En Centroamérica hay unos 41 millones de personas. Y en Estados Unidos (EU), a su vez, hay 3 millones de centroamericanos, de los cuales se calcula que la mitad está en el país de manera ilegal. Aproximadamente el 10% del PIB de la región proviene de remesas enviadas desde EU y otros países. En los países del llamado “triángulo norte” –El Salvador, Honduras y Guatemala– ese porcentaje aumenta hasta el 20%.

Al hablar del “triángulo norte”, hablamos de una región dividida. Centroamérica no es un bloque en casi ningún sentido que se le pueda o quiera dar. De hecho, solo hace falta ver cuán alejados de nuestra realidad panameña están los temas como inmigración ilegal a EU, remesas y demás– para dar con una de las grandes verdades de la región: hay una diferencia sustancial entre los cuatro países de arriba –el “triángulo norte” y Nicaragua– y los dos de abajo, o sea Costa Rica y nosotros.

Y dado que nos encontramos en Panamá, huelga decir que la diferencia entre ticos y panameños es tan o más pronunciada. Mientras que todas las naciones de Guatemala a Costa Rica comparten mucho más que la historia, el nuestro es un país sui géneris, de historia suramericana, idiosincrasia caribeña y solo geografía centroamericana.

Análisis hemisférico

¿Qué representa Centroamérica a nivel hemisférico? El istmo forma parte de ese cuadrante entre América del Norte y el Amazonas, una región que podríamos llamar el gran Caribe.

Geopolíticamente hablando, el gran Caribe representa la base del poder de EU, o lo que Nicholas J. Spykman llamó “el Mediterráneo estadounidense”. La analogía es especialmente ilustrativa: así como Grecia controló el Egeo y Roma el Mediterráneo como prerrequisito para extender sus dominios, Washington, al controlar el Caribe –un proceso que incluyó la compra de Luisiana (1803), guerras con México (1846-1848) y España (1898), y que culminó con la inauguración del Canal de Panamá (1914)–, cimenta un poder hemisférico que le permite controlar los océanos del mundo y proyectar poder en el hemisferio oriental (de Lisboa a Tokio), la única región del mundo capaz de albergar otra potencia mundial.

Si algunos se preguntan qué pasa con las naciones del cono sur, la respuesta es eminentemente geográfica: la verdadera división en nuestro continente no es entre América del Norte y del Sur, sino entre lo que está al norte y al sur de la selva amazónica. Brasil y EU lucen bastante cerca en el mapa. Para efectos prácticos, es como si estuvieran en planetas distintos.

De todas formas, lo importante de esto es que Centroamérica forma parte de la región que representa la piedra angular del poder de la única potencia de alcance global en el planeta. Por ende, las intenciones de sus pueblos y gobernantes han pasado, pasan y seguirán pasando a segundo plano. Lo primero, nos guste o no, son los intereses de EU.

Costa Rica y su decanato

En materia de elecciones, el primer caso a tratar es el de Costa Rica, por dos motivos: primero, por sus grandes diferencias con el resto de países a su norte. Segundo, porque es el caso más irrelevante. Y antes de que se malinterprete el término, la irrelevancia en la escena internacional suele ser algo positivo.

La “irrelevancia” de Costa Rica en este contexto –y en el panorama mundial– se debe a dos factores principales. El primero, por supuesto, es su reducido tamaño y población. El segundo –y a esto nunca le damos la importancia que se merece– es que Costa Rica es la democracia más antigua de América Latina.

En ese contexto, nuestro vecino es un país que –pese a sufrir de multitud de problemas, al igual que todos nuestros países– ha sabido leer sus condiciones geopolíticas para obtener una estabilidad que le ha beneficiado enormemente. La manera como los ticos se han mercadeado al mundo –sobre todo en el aspecto turístico y en temas ecológicos– es digna de la más alta admiración, y por si eso fuera poco, en temas como cultura, academia y conciencia democrática, nos llevan una ventaja más que considerable.

Los panameños tendemos a mirar a Costa Rica con cierta condescendencia, pues creemos que nuestros rascacielos y malls y nuestros dólares son lo más importante. Al hacerlo, cometemos un grave error, uno que habla más de nuestra equivocada manera de entender la vida que de las virtudes o defectos de los costarricenses.

Las elecciones ticas perdieron todo su atractivo tras la retirada de Johnny Araya, candidato del oficialista Partido de Liberación Nacional. Pero más allá de eso, lo importante es reconocer que Costa Rica, en ese sentido, es un país especial.

En el reciente proceso electoral de ese país, llamaba la atención ver cómo cualquier tico expresaba su opinión negativa de la gestión de Laura Chinchilla. Pero cuando se le consultaba quién vencería en los comicios, mencionaban a Araya. En estas muestras de actitud política costarricense está la clave de algo muy importante: la democracia es un proceso que toma muchísimo tiempo y paciencia. Laura Chinchilla, recordemos, ha sido la gobernante menos popular de América Latina, llegando a tener índices de aprobación que apenas superaban el 20%.

Y a pesar de ese terrible récord, la manera como los ticos hablaban de ella era fascinante: para los costarricenses, Chinchilla era una presidenta más y su manera de reaccionar contra ella sería acudiendo a votar en 2014.

Comparándolo con el caso venezolano, en donde uno de los presidentes más populares de América Latina estuvo 14 años evadiendo toda clase de sabotajes, parálisis económicas e incluso un golpe de Estado, la idea de que si el gobierno falla hay que tumbarlo es mucho más común de lo que parece, y estamos viendo los efectos de esa inmadurez democrática en estos precisos momentos.

En Costa Rica, sin embargo, una presidenta desaprobada por 4 de cada 5 ciudadanos es un problema a resolver en la próxima elección. Conclusión: 66 años de democracia continua no se fuman en pipa.

el drama salvadoreño

Democracia continua es precisamente lo que no ha tenido El Salvador, que vivió una terrible guerra civil entre 1980 y 1992. Tras los acuerdos de paz de ese año, los dos adversarios se convirtieron en partidos políticos –el FMLN y la Alianza Republicana Nacional (Arena)– y han protagonizado la vida nacional desde entonces.

Las elecciones de 2014 llegaron con altísimas expectativas. El Tribunal Electoral salvadoreño cuadruplicó el número de centros electorales, sacó hasta 50 mil muertos de las listas de votación y tomó otras medidas importantes como permitir –por primera vez– el voto de salvadoreños en el exterior (que son hasta un tercio de la población).

Tras una primera ronda sin resultados definitivos, los eventos de la segunda –celebrada el 9 de marzo, con 300 mil votantes más que la primera– ya son conocidos por todos. Con apenas 6 mil 364 votos de más –de unos 3 millones en total–, el candidato oficialista y ex comandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén se erigió como ganador de los comicios. Los porcentajes son históricos: 50.11% contra 49.89%.

La victoria de Sánchez Cerén, por supuesto, no llegó sin una polémica que amenazó con revivir los peores fantasmas salvadoreños. Norman Quijano –que recortó los 10 puntos que le sacó Sánchez en la primera ronda–, el candidato de Arena, declaró su victoria cuando apenas se había contado el 70% de los votos. Tras oír de su derrota, el hombre pidió a sus seguidores “estar en pie de guerra” y al ejército “implementar la democracia”.

Afortunadamente, los salvadoreños parecen dispuestos a no repetir sus errores. Ni Quijano ni nadie del Arena presentó ningún tipo de pruebas y la OEA reconoció los comicios como los más transparentes de la historia del país, algo que luego fue certificado por varios observadores electorales.

Tras el llamado de Quijano, el ministro de Defensa mantuvo que las Fuerzas Armadas permanecerían comprometidas a respetar los resultados del Tribunal Electoral, que poco después declaró a Sánchez Cerén como el ganador oficial y presidente de El Salvador de partir del 1 de junio.

La historia de las últimas elecciones salvadoreñas llama la atención si uno considera la labor del FMLN al frente del país en estos últimos años. Desde que llegó al poder de la mano de Mauricio Funes en 2009, el antiguo movimiento guerrillero izquierdista ha implementado una serie de programas sociales con el objetivo de mejorar la situación de un país en el que hasta un tercio de la población vive en la pobreza.

El mismo Sánchez Cerén, durante su etapa como ministro de Educación, creó un programa que redujo el analfabetismo del 18% al 13% entre 2009 y 2012. Además, el FMLN ha expandido la red de salud del país. En 2006, el 47% de los salvadoreños no tenía acceso a la salud pública. Hoy, entre el 80% y el 85% de la población tiene acceso a ella.

Todas estas cosas parecen pintar un panorama favorable al FMLN. ¿Cómo es, entonces, que estuvieron a punto de perder las elecciones? La pregunta no tiene respuesta definitiva, pero algunos indicios apuntan al éxito de la campaña mediática de Arena entre la primera y la segunda ronda.

Entre ambos comicios, la crisis venezolana ocupó la mayor parte de los titulares del país. Eso, sumado a las políticas del FMLN para con las maras –entre las que destaca una tregua de dos años que, si bien está siendo relativamente exitosa, es muy fácil de atacar mediáticamente–, ayudó a articular un mensaje de un FMLN aliado con bandas armadas y, sobre todo, dispuesto a convertir a El Salvador en la “nueva Venezuela”.

Visto el éxito de ese mismo mensaje en Honduras, cinco años antes, es realmente increíble verlo funcionar nuevamente –aunque esta vez sin éxito– en El Salvador.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

La procuradora general de la Nación de Panamá, Kenia Porcell, viajó a España, donde sostuvo reuniones de alto nivel en la sede de la Fiscalía General de ese país.
Cortesía/Gabinete de comunicación de la Fiscalía General de España

CASO ODEBRECHT Porcell se reúne con fiscal que coordina rogatorias en España

AEROPUERTO Despega operación de Taeca

Se trata del primer vuelo comercial  e internacional que se realiza desde la terminal aérea colonense.
LA PRENSA/Roberto Cisneros

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

22 Nov 2017

Primer premio

3 5 1 5

BBAC

Serie: 13 Folio: 15

2o premio

4722

3er premio

5119

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código