otto pérez molina, presidente de guatemala

´Los narcos son creativos y nosotros somos lentos´

El general retirado que gobierna Guatemala desde 2012 explicó su visión de los problemas de su país y el rol adecuado del ejército en una sociedad.

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El presidente guatemalteco atendió a este diario en exclusiva en el marco del Foro Económico para Latinoamérica. LA PRENSA/Gabriel Rodríguez. El presidente guatemalteco atendió a este diario en exclusiva en el marco del Foro Económico para Latinoamérica. LA PRENSA/Gabriel Rodríguez.
El presidente guatemalteco atendió a este diario en exclusiva en el marco del Foro Económico para Latinoamérica. LA PRENSA/Gabriel Rodríguez.

Desde que arribó a la Presidencia de Guatemala en enero de 2012, el general (retirado) Otto Pérez Molina (ciudad de Guatemala, 1950) no ha dejado a nadie indiferente. Para empezar, pasó a la historia guatemalteca al convertirse en el primer militar electo democráticamente tras una guerra civil que se extendió por 36 años (1960-1996). Su pasado castrense ha estado siempre presente en la mente de sus críticos, que lo han acusado de genocidio y de estar involucrado en las muertes del líder guerrillero Efraín Bámaca (1992) y del obispo Juan José Gerardi (1998).

A nivel regional –y global–, el presidente guatemalteco se ha erigido como el mayor impulsor de un nuevo paradigma en la lucha contra el narcotráfico. Para Molina, la “guerra contra las drogas” ha fracasado, y es necesario replantearse nuevos enfoques, como la despenalización e incluso la legalización de las drogas.

Las ideas de Pérez Molina –a las que se han sumado distintas figuras a nivel internacional– han reavivado un debate que, para bien o para mal, repercutirá en el corazón de los países de la cuenca del Caribe, de Venezuela a Estados Unidos. Pero, sobre todo, representan un atisbo de esperanza para países como el suyo, afectados por una plaga de violencia, crimen organizado, debilidad institucional y corrupción que se atribuye, de manera casi unánime, a su uso como ruta de narcotráfico.

Otto Pérez Molina fue uno de los presidentes que acudió al Foro Económico Mundial para Latinoamérica, que se celebró en el hotel Westin Playa Bonita entre el 1 y el 3 de abril. Recordando los tres meses que pasó como cadete en la desaparecida Escuela de las Américas, dijo haberse encontrado en Panamá con “un cambio que jamás imaginó”. Y para no perder las buenas costumbres, anunció en el Foro que a finales de año presentará una iniciativa al Congreso de su país para legalizar la marihuana y la amapola para usos medicinales.

¿Qué vino a buscar Guatemala a este foro?

El Foro Económico Mundial es un espacio importantísimo para poder presentar no solo lo que estamos haciendo en Guatemala, sino tener reuniones bilaterales con empresarios que están interesados en conocernos más, o que ya están invirtiendo o quieren invertir en nuestro país.

Pero además está la oportunidad de platicar –como lo hicimos en la apertura– con el presidente Martinelli, con la presidenta [de Costa Rica Laura] Chinchilla o con la primera ministra de Trinidad y Tobago. Tener ese espacio es valioso para nuestros países y para la región. Es la primera vez que un país de Centroamérica tiene la sede del Foro, y para nosotros es muy valioso, no solo porque nos expone a Panamá, sino que expone a la región centroamericana al resto del mundo.

¿Cómo influye su formación militar en su manera de gobernar el país?

La experiencia que me tocó vivir dentro del ejército me permitió, primero, conocer el interior del país: estuve en muchísimas áreas que tal vez en otro trabajo no habría podido visitar. Luego me permitió conocer de cerca el área rural, las comunidades, las poblaciones y las grandes necesidades que han existido durante muchos años.

Parte de eso fue lo que influyó en mí para participar en política. Dado el conocimiento que tenía del país, quería hacer algo desde las posiciones políticas para solventar estas problemáticas que se han acumulado por años.

La experiencia en estos 30 años de servicio militar es positiva porque, además, traemos una vocación democrática y no autoritaria. La formación militar no solo me ayudó a conocer el país, sino también a vivir los momentos difíciles que pasó Guatemala en el fortalecimiento de la democracia. Y ahí se juntan esas dos partes que nos permiten no solo entender sino también actuar democráticamente y respetando los derechos de los guatemaltecos.

En Panamá se decidió abolir el ejército tras la invasión estadounidense, convirtiéndonos en uno de los pocos países del mundo sin fuerzas armadas. ¿Cuál, en su opinión, es la importancia de un ejército en un Estado?

Cada país tiene sus propias características y circunstancias. Pero por ejemplo en Guatemala, le puedo contar que el ejército es una de las instituciones más apreciadas. Las últimas encuestas le dan una aprobación del 81%, muy por encima de otras instituciones. Eso quiere decir que el ejército ha estado presente para responder en los desastres, en los momentos de angustia y cuando la población más lo necesitaba.

Ahorita tenemos un ejemplo reciente: el 25 de marzo, el mercado más grande de Centroamérica [el mercado La Terminal, en ciudad de Guatemala] sufrió un incendio. Y los primeros que estuvieron presentes removiendo escombros, limpiando, dando seguridad y ayudando a la gente fue el ejército, como me reportó hoy mismo el ministro de la Defensa.

Esas son cosas que se valoran muchísimo, porque son servidores públicos que muchas veces ayudan a fortalecer a otras instituciones. Por ejemplo, en los últimos años el ejército ha estado ayudando en el tema de la seguridad, que es una demanda muy grande que tenemos en el país. Ha estado presente no agarrando papel de protagonista o asumiendo papeles que no le corresponden, sino colaborando con las fuerzas civiles encargadas de la seguridad ciudadana, colaborando para el bien de los guatemaltecos. Así que, creo yo que hay roles importantes para el ejército en Guatemala y otros países.

Guatemala sufre por el tema de la violencia y las maras. Ahora que se habla tanto de la tregua que hay en El Salvador, ¿cuál cree usted que es la mejor manera de lidiar con este problema?

Cualquier esfuerzo para disminuir los niveles de violencia debe ser bienvenido y aceptado. Nosotros en Guatemala no tenemos el mismo problema que había en El Salvador, que es que las maras estaban matándose entre ellas por disputas territoriales y una serie de cosas.

Nosotros tenemos maras en nuestro país también, pero estas han dividido el territorio y se han dedicado a otro tipo de delitos, que son los que estamos combatiendo. Estamos en la línea de la prevención para evitar que jóvenes que están en riesgo sean absorbidos por maras u otras organizaciones criminales. El esfuerzo es importante en prevención y también por medio de la Policía Nacional para evitar el delito.

Los resultados han sido importantes, pero tampoco son de un día para otro. En estos dos años, en la ciudad de Guatemala hemos logrado bajar 37% los homicidios, y en el departamento de Guatemala –que es el más grande del país– en 22%. Y tanto en la ciudad como en ese departamento es donde se cometen el 50% de los hechos delictivos del país. Así que hay cosas que se pueden hacer y que se están haciendo bien.

Por supuesto, nos falta mucho más, y debemos seguir caminando para que Guatemala sea un país cada vez más seguro. El tema de las maras lo vamos a seguir combatiendo. Hemos logrado atacar sus principales delitos, que son las extorsiones y el sicariato. Afortunadamente hemos podido bajar esas estructuras organizadas, y creo que vamos por el buen camino.

Es imposible entender esta región, sobre todo la de su país, sin tocar el tema del narcotráfico. Usted ha llamado mucho la atención a nivel internacional por sus posiciones al respecto. ¿Me podría explicar un poco en qué consisten?

Efectivamente, lo que se ha llamado el “triángulo norte” –El Salvador, Honduras y Guatemala– ha sufrido de altos índices de violencia. Mucho de eso está ligado al tema del narcotráfico, porque somos los países cercanos a México –Guatemala sobre todo, con más de mil kilómetros de frontera–, que es el destino previo al gran mercado de las drogas que es Estados Unidos (EU). Pero de regreso vienen las armas y los dólares, y todo esto genera situaciones que se suman a la violencia y la criminalidad.

¿Cómo entender esta situación desde el punto de vista del narcotráfico? Es muy claro. Todos nuestros análisis y estudios decían que droga que venía a Centroamérica terminaba trasladándose a México vía Guatemala. Y no solo es el paso de la droga, también hay pleitos por las rutas que se utilizan, robo de la misma droga, cosas que van generando una serie de hechos delictivos alrededor del proceso.

Por eso, desde que asumí la presidencia hicimos la propuesta de que tenemos que cambiar esto. Mientras el negocio de la droga a nivel mundial genere 370 mil millones de dólares al año, esto va a ser muy difícil de parar si seguimos haciendo lo mismo que hemos hecho en los últimos 40 años.

Entonces tenemos que ser creativos, buscar nuevas alternativas que nos permitan ser más efectivos, por un lado, y por otro ir quitándoles ese negocio que hoy controlan esas organizaciones de narcotraficantes.

Nuestra propuesta ha tenido eco. Se ha hablado de despenalización más que todo, pero nosotros vamos contra el prohibicionismo, y buscamos que se vayan regulando y encontrando otras alternativas. Que todos los estupefacientes no se metan en el mismo saco, sino que se diferencien según lo que representan, según el daño y la adicción que provocan.

Y con todo y la crítica y la polarización que estos temas siempre traen, el tema ha avanzado. En este mismo Foro hubo una sala de trabajo para discutir el tema de la violencia y las alternativas para la lucha contra el narcotráfico.

Todo esto debe balancearse con los intereses de EU, que es el gran actor de la cuenca del Caribe...

Fue difícil ir buscando ese balance para que de entrada no le pusieran un muro a nuestra propuesta. Después de dos años esto ha ido caminando, hemos visto cómo en EU hay dos estados que legalizaron la marihuana para el consumo personal. Son pasos importantes que se están dando. Como esta propuesta ha llegado a foros regionales: se discutió hoy, se hizo un estudio de la OEA y en julio del año pasado fue aprobado unánimemente –incluso por EU– que era necesario seguir discutiendo el tema y buscando nuevas rutas. Ya llegó a discutirse en la ONU, con propuestas de otros presidentes –particularmente México y Colombia– con los que hemos llamado a una asamblea extraordinaria para discutir las convenciones que rigen actualmente el tema del prohibicionismo.

Así que se van dando pasos. Las organizaciones de narcotráfico han sido creativas e innovan constantemente sus modos de operación, mientras que nosotros como Estados hemos sido lentos y se nos hace difícil la coordinación entre fuerzas de seguridad. Si no somos capaces de agilizarnos y tomar decisiones creativas, vamos a seguir perdiendo esta lucha.

Mientras eso sucede, se habla mucho de la penetración de los carteles mexicanos en Guatemala, incluso de su colaboración con elementos corruptos de las fuerzas de seguridad del país. ¿Cómo está la situación?

Cuando hablamos de la cantidad de dinero que genera el narcotráfico, es normal que haya un debilitamiento de las instituciones. Ese es uno de los grandes riesgos a los que estamos expuestos como países, pues los traficantes buscan cómo cooptar o corromper a miembros de la Policía Nacional, a fiscales, a jueces o a miembros de las fuerzas armadas. Y es algo que no solo sucede en Guatemala, sino en todos los países, y es una constante lucha que nos deja un desgaste tremendo.

Todo esto se da, como mencioné, por las cantidades de dinero que se mueven en estas organizaciones. Por eso su crimen es trasnacional, pues no respeta las fronteras que nosotros sí tenemos como Estados.

En ese sentido, el desplazamiento de uno de los carteles mexicanos a Guatemala [el de los Zetas] tuvo un auge hace cuatro o cinco años, pero en este momento su presencia es cada vez menor, diríamos incluso que casi no están presentes en Guatemala.

Ahora, eso no quiere decir que no haya organizaciones de guatemaltecos que median entre los carteles mexicanos y organizaciones en Colombia u otros países. Pero sí, es un daño colateral el que hacen estas organizaciones de narcotraficantes de minar a las instituciones. Y lo peor es que son las instituciones de justicia y seguridad las que les interesa corromper. Hemos tenido grandes luchas, pero creo que poco a poco vamos fortaleciendo nuestras instituciones para poder salir adelante.

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