PRIMER JUICIO DE LESA HUMANIDAD EN CHIRIQUÍ

Código de silencio persiste

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Asesinatos a mansalva, torturados, propiedades quemadas y fincas saqueadas son parte de lo que la oscura historia de Panamá encierra, tras el golpe militar de 1968 que derrocó al entonces presidente Arnulfo Arias Madrid.

Quienes se oponían a que la democracia del país fuera secuestrada y con valentía se enfrentaron a quienes detentaban el poder, se atrevieron a sacrificarse y morir en las montañas, en la zona fronteriza y hasta en la misma ciudad de David.

Pero ni los crueles relatos que erizaronn la piel del más duro o las lágrimas derramadas por hijos, viudas y familiares en la sala de audiencias del Tribunal Superior del Tercer Distrito Judicial pudieron arrancar la verdad de los exmilitares Abundio Moreno y Roberto Antonio Pérez Bardales, acusados de participar de los crímenes ocurridos en Sioguí Abajo y David, en los inicios del régimen dictatorial.

Moreno y Pérez Bardales, quienes fueron hallados culpables, solo movieron sus labios para repetir que eran inocentes y que desconocían el paradero de los muertos.

Lesa humanidad

Roberto Pérez Bardales y Abundio Moreno fueron condenados, el primero, por un jurado de conciencia que consideró que tenía responsabilidad en la muerte y desaparición forzada de José Manuel Morantes, Julio Mario Villarreal De Las Casas y Manuel Díaz Adames.

El segundo, Abundio Moreno, fue juzgado en derecho por los magistrados superiores del Tercer Distrito Judicial Salvador Domínguez, Carmen Luz De Gracia y Asunción Castillo.

Los testigos, compañeros de cuartel de ambos, pasaron al estrado y, en un afán por salvarlo de la cárcel, repitieron que la responsabilidad del entonces temido G-2 no estaba a cargo del capitán Moreno. Aquí se demostró que el silencio y el principio de la obediencia debida aún persistían a pesar del tiempo.

Los sindicados

Según el auto penal con que se inicia el primer juicio de lesa humanidad en nuestro país, el Tribunal Superior del Tercer Distrito Judicial de Chiriquí abrió causa contra el excapitán de la Guardia Nacional Abundio Moreno, el exmayor Pedro Carlos Ayala Bethancourt (residente en España) y el exteniente Roberto Antonio Pérez Bardales, por considerarlos infractores del delito contra la vida e integridad personal (homicidio), cometido en perjuicio de Julio Mario Villarreal De Las Casas, José Manuel Morantes Madrid y Manuel Díaz Adames.

El tribunal superior declaró extinguida la acción penal contra Arturo Jiménez Quijada, ya que este falleció.

Las ejecuciones

De acuerdo con el auto en mención, los hechos ocurrieron en agosto de 1969, cuando el país era gobernado por una incipiente dictadura militar. Las víctimas fueron capturadas en el sector de Sioguí Abajo, distrito de Bugaba, provincia de Chiriquí, y ejecutados por un grupo de agentes de la Guardia Nacional, detrás de la residencia de Morantes.

Como elemento probatorio en la investigación se presentó una copia del diario “Informe de Guerrillas ii”, de la Guardia Nacional, fechado 7 de agosto de 1969, el cual señala lo siguiente: “... informó el mayor Ayala que el día de hoy hubo contacto de la guarnición de La Concepción con guerrilleros en Sioguí Abajo, muriendo dos guerrilleros, luego llegó (sic) el Tte. Pérez (sic) con refuerzos y murieron dos más”.

El capitán Moreno dijo que él solo era un funcionario administrativo del G-2 y nada tenía que ver con torturas ni guerrilleros y por eso defendía su inocencia, “no tengo más nada que decir”.

Testimonios

Los relatos de la esposa de Morantes son aterradores. Recuerda cuando llegó un contingente militar a buscar a su cuñado que estaba en una parte de su finca escondiéndose de los militares.

“Mi vivienda fue rodeada por un contingente de la Guardia Nacional, encañonaron a mi esposo en el trapiche cercano... escuché un tiroteo en la parte trasera de la vivienda. Yo, con mis tres pequeños hijos, me agaché con miedo en la casa” , dijo la viuda.

Señaló que salió hacia la casa de su mamá con sus tres hijos, cuando regresó al día siguiente todo estaba quemado, los cerdos, las gallinas, todo lo que tenían se lo llevaron y no supo más de su esposo.

Julio Mario Villarreal III, hijo de una de las víctimas de esa masacre, dice que estaba muy pequeño cuando ocurrieron los hechos. Él, como cristiano, apela a que en secreto de confesión los sindicados digan dónde están los cuerpos de sus familiares para terminar con un duro episodio de sus vidas.

El caso de Kimbley

Al igual que las víctimas de la masacre de Sioguí, los familiares de Everett Clayton Kimbley, torturado en la cárcel de David, tampoco han podido conocer el destino de sus restos.

Por este caso concurrió nuevamente al estrado el excapitán Abundio Moreno, pero el gran ausente fue el general Manuel Antonio Noriega. A ambos se les señala como responsables del G-2 en ese momento. Sin embargo, Moreno tampoco ofreció indicios del destino de los restos del joven panameño-estadounidense, a quien le sobrevive una hija en la ciudad de David.

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