EN EL DARIÉN, LAS JÓVENES PREFIEREN ESTUDIAR

Empleadas domésticas, un oficio en extinción

El no pago de la cuota de seguro social, largas jornadas sin reconocer las horas extra y el deseo de superación influyen en la escasez de nanas locales.

Para muchas parejas jóvenes es un dolor de cabeza atreverse a procrear hijos. Son bellos, le dan sentido a la vida y es la misión de la raza humana. La pregunta es ¿y quién te los cuida mientras papá y mamá se van a trabajar?

Samuel Vargas, director de Empleo del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral (Mitradel), en un informe reciente indica que solo 4.5% de la población económicamente activa trabaja en labores domésticas en el país.

Agrega que este índice seguirá bajando, pese a que ahora las trabajadoras domésticas son mejor pagadas que cinco años atrás, porque prefieren otro tipo de labor menos agotadora y que les sea más rentable.

Adiós a las nanas

Las mujeres que antes estaban dispuestas a trabajar como domésticas, especialmente las que venían del campo, ahora estudian de noche o los sábados y buscan empleo en la empresa privada, en hoteles, restaurantes y tiendas por departamento buscando mejores salarios, por lo que la demanda de trabajadoras domésticas se mantiene.

Extranjeras

Esta escasez de mano de obra doméstica en Panamá le genera un serio problema a muchas familias, pero a su vez ha resuelto el desempleo de muchas extranjeras, principalmente nicaragüenses, que han emigrado a Panamá para dedicarse a estas labores que ya son poco atractivas para las mujeres panameñas.

Según datos del Mitradel, en Panamá hay cerca de 53 mil empleadas domésticas, de las cuales un 52% cotiza en la Caja de Seguro Social, mientras que el resto no está recibiendo este beneficio, pese a estar amparadas por la Ley 51 de 2005. Esto podría ser otro motivo desalentador para las panameñas.

crear conciencia

Teodolinda Opúa, una abuela darienita que debe cuidar de sus dos nietas, de 11 y 12 años, debido a que los padres de ambas laboran y no han logrado contratar una doméstica, entiende que pese a su edad y a que tiene derecho a gozar de su vejez, debe apoyar a la joven pareja.

Sin embargo, desde ya les fomenta la conciencia de que deben cooperar con los quehaceres para que no se le haga tan pesada la responsabilidad y eso lo hace al indicarles siempre “aquí todas somos nanas”.

Fregar los platos, arreglar su cama, recoger sus zapatos y juguetes, aprender a asearse y a ser autosuficientes es parte de este adiestramiento que permitirá a la abuela no agotarse tan pronto.

Dejando el delantal

Beatriz García, una joven mujer darienita de 35 años, hoy convertida en una profesional, fue doméstica por 20 años. Aunque sus patrones le dieron buen trato, estima que es un trabajo difícil el cuidar niños ajenos y atender a la vez los quehaceres de otro hogar donde siempre la paga es muy baja.

“Un buen día me citaron en el juzgado de menores y me dijeron que si tenía la custodia de mis hijos no podía seguir cuidando niños ajenos y descuidando los míos, por lo que me vi obligada a dejar ese trabajo”.

“Esto me ayudó muchísimo, porque reaccioné y busqué formas para superarme y no me arrepiento, porque vivo mucho mejor”.

“Trabajé 20 años en otros hogares y descuidaba a mis propios hijos, pero hoy les doy a ellos un ejemplo de superación, ya que he logrado capacitarme en el Instituto Nacional de Formación y Desarrollo Humano en informática, alta costura y sastrería y en este momento solo me queda hacer la práctica docente para ser profesora en educación primaria”.

Luego de su formación, García ha laborado dictando cursos de costura para diversas organizaciones, y en su hogar no se da abasto con tantos trabajos de costura que le encargan. “Espero que al terminar la práctica pueda trabajar como educadora”, comenta.

24 horas

Maritza Saucedo, defensora de las trabajadoras domésticas y dedicada a orientar a jóvenes interesadas en este trabajo, dijo que no es conveniente que ellas duerman en los empleos, porque su horario de trabajo se extiende hasta tarde y estas horas no le son reconocidas.

Muchas aceptan el dormir en el trabajo, porque no tienen donde irse y hay familias inescrupulosas que abusan de esta condición. Según Saucedo, este es otro factor que desmotiva a las jóvenes a laborar en casas de familia.

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