1969, CRÍMENES DE LA DICTADURA EN CHIRIQUÍ

Moreno alega que no mandó a matar a nadie

El excapitán Abundio Moreno, entonces jefe del S-2, dijo no recordar nada de dónde llevaban los cadáveres de los alzados.

Ayer, los magistrados del Tribunal Superior de Chiriquí abrieron causa criminal contra el exgeneral Manuel Antonio Noriega y el mayor Aristóteles Alberto García Castillo, declarándolos “en rebeldía” por la muerte de Everett Clayton Kimbley Guerra, torturado y asesinado en la cárcel de David, en febrero de 1969.

Por ese homicidio también respondió el excapitán Abundio Moreno, quien fue juzgado en derecho por los magistrados Asunción Castillo, Salvador Domínguez y Carmen Luz De Gracia.

Moreno, un anciano septuagenario, juró que él no mandó a matar a nadie y que la Comisión de la Verdad lo había presentado como un “chivo expiatorio”.

La sociedad fue representada por el fiscal primero superior, Luis Martínez, y la defensa de Moreno, por el jurista Elías Domínguez.

Noriega y García

El magistrado Asunción Castillo, quien presidió la audiencia, precisó que Manuel Antonio Noriega y Aristóteles Alberto García, este último residente en Madrid, no pueden ser juzgados en ausencia como lo establece el nuevo Código Penal.

No obstante, anunció la apertura de causa criminal contra ambos por la muerte de Kimbley Guerra, audiencia que será por jurado de conciencia y fijada una vez estén en suelo panameño.

Kimbley fue torturado

Kimbley Guerra era un muchacho de 22 años al momento de ser detenido y torturado en el cuartel de David. Su madre era oriunda de Potrerillos, Dolega, y su padre estadounidense.

Según la Comisión de la Verdad y testigos de la época, Kimbley había sido soldado en Estados Unidos y estuvo en Chiriquí entrenando a la guerrilla arnulfista que enfrentaría el régimen militar del 11 de octubre de 1968.

Su esposa, Magdalena Isabel Bernal, tenía dos meses de embarazo cuando lo arrestaron. La policía solo le dijo que se lo llevaban por guerrillero.

Algunos detenidos en el cuartel de David, como Manuel Castillo, recuerdan haber visto “al Gringo”, como le decían a Kimbley, con la cabeza vendada llena de sangre y todo golpeado. Luego escuchó quejidos y a unos guardias decir “ya se murió el perro ese”.

Fiscal pide condena

Al concluir su alegato, el fiscal Martínez pidió la condena de Abundio Moreno. Este dijo no recordar dónde están los cuerpos de los desaparecidos por los militares, porque “yo no tenía nada que ver con torturas e investigaciones”.

La hija de Kimbley dijo que espera que se sepa la verdad y se castigue a los culpables de este hecho. Para el abogado de Moreno, Elías Domínguez, su defendido no tiene responsabilidad alguna en la muerte de Kimbley, pues el jefe del G-2 era Heráclides Philides, quien ya falleció.

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