MARGINALIDAD INDÍGENA EN DAVID

El Muro, donde no existe esperanza de nuevos días

PRISIONEROS. Estos niños indígenas son libres, pero esclavos de la pobreza. Viven a pocos kilómetros de la ciudad de David, la tercera urbe con más progreso en el país. ESPECIAL PARA LA PRENSA/Teófilo González PRISIONEROS. Estos niños indígenas son libres, pero esclavos de la pobreza. Viven a pocos kilómetros de la ciudad de David, la tercera urbe con más progreso en el país. ESPECIAL PARA LA PRENSA/Teófilo González
PRISIONEROS. Estos niños indígenas son libres, pero esclavos de la pobreza. Viven a pocos kilómetros de la ciudad de David, la tercera urbe con más progreso en el país. ESPECIAL PARA LA PRENSA/Teófilo González

A pocos kilómetros de la progresista ciudad de David se encuentra El Muro, un caserío habitado por una veintena de madres indígenas adolescentes, una decena de hombres desempleados y otra de adultos mayores también de la etnia ngäbe buglé. Allí corren de aquí y de allá, dentro de una apabullante miseria un centenar de niños desnutridos.

Al llegar, un puerco flaco atado a la orilla del camino parecía darnos la bienvenida al antiguo hogar de Marcos Robles (homónimo de un ex presidente liberal), un anciano que a mediados del siglo pasado se autoexilió de su nativa Bocas del Toro para vivir su soledad sobre las líneas del abandonado ferrocarril de Chiriquí.

Pobreza y enfermedad

Estos niños no asisten a la escuela y solo reciben atención médica cuando su salud resulta muy comprometida por diarreas e infecciones respiratorias, enfermedades comunes en poblaciones de extrema pobreza ubicadas en las áreas más recónditas de la comarca Ngäbe Buglé.

El suelo polvoriento se torna lodazal durante el invierno y despide olor a estiércol. Aquí no hay electricidad, ni alcantarillados ni letrinas, solo la extensión de una tubería de acueducto rural y una veintena de rústicas chozas le distinguen como un asentamiento informal.

Entre miradas curiosas y medias sonrisas, los niños siguen jugando descalzos y semidesnudos; despreocupados de su precaria situación e incierto futuro; en tanto, la economía de sus familias sucumbe entre bajos salarios y el galopante encarecimiento de los alimentos y artículos de primera necesidad.

Emiliano Saavedra, quien desde 2001 viaja entre su natal caserío de Guayacán (Bocas del Toro), las fincas cafetaleras de Renacimiento y El Muro, confesó que lo que gana recolectando café y tumbando caña no le alcanza para brindar a su familia un hogar digno y una educación básica a sus hijos, el mayor de los seis, de 14 años de edad y el menor de tan solo nueve meses.

En la penumbra de su choza, un anciano no tan viejo, abandonó su aparente letargo para recordar que cada dos o tres años una comitiva gubernamental visita El Muro, pero más que respuestas a sus problemas, representan una distracción para los moradores.

“Nunca vuelven los mismos, ni siquiera en épocas de política, porque en este sector pocos pueden votar”, manifestó el anciano que pidió no revelar su nombre ni su procedencia, aunque sus rasgos ngäbes lo delataban.

No estamos solos

Fuentes del Ministerio de Desarrollo Social indicaron que otros dos poblados ubicados en el distrito de Alanje presentan características similares a El Muro: desempleo, hacinamiento, ausencia de servicios sanitarios y de electricidad, y otros factores socioeconómicos desfavorables.

La no propiedad del área que ocupan en medio de los cañaverales privados y la elevada movilidad laboral de las familias han dificultado, por décadas, una asistencia efectiva de parte del Estado.

Esto, contrario a lo que ocurre con la mayoría de asentamientos informales (precaristas) que se registran en algunos corregimientos de David.

Gobierno evalúa

La situación de El Muro es muy conocida en esta ciudad, pues tiene más de 20 años de existencia.

Aquí, los ministerios de Desarrollo Social, Salud, Vivienda y Ordenamiento Territorial, como el de Educación, han prometido abordar el tema de forma integral.

Se han practicado encuestas en este y otros poblados similares en el vecino distrito de Alanje, pero las respuestas no llegan aún.

En tanto, muchos se preguntan si Panamá logrará cumplir con los Objetivos del Milenio relativo a reducir a la mitad la proporción de las personas que sobreviven con menos de un dólar diario.

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