PREVENCIÓN DEL ABUSO INFANTIL EN EL MUNDO

Niñez ngäbe: miseria deserción y necesidad

La pobreza extrema que caracteriza las comarcas indígenas hace emigrar a las familias en busca de nuevas oportunidades.

Hoy, lunes, se celebra el Día Internacional de Prevención del Abuso Infantil y mañana 20 de noviembre, el Día Universal del Niño, adoptado en 1954 por la Organización de las Naciones Unidas.

En pleno siglo XXI, aún persisten en muchos países del mundo las desigualdades sociales que afectan a la población más vulnerable: los niños y niñas. Y entre ellos, los niños indígenas son los más afectados.

Según estadísticas del último censo, más de 5 mil niños y niñas continúan laborando en la provincia de Chiriquí. De esta cifra, el 45% no asiste a la escuela. A nivel nacional, en Panamá, unos 60 mil 702 niños y niñas en distintos oficios, unos más degradantes que otros.

En el presente año, tan solo en el distrito de David, Casa Esperanza, mediante operativos que hace en esta región, ha encontrado 120 niños y niñas trabajando en diferentes zonas comerciales.

Comarca y pobreza

Cifras de la Unicef revelan que la provincia de Chiriquí registra un 7.6% de analfabetismo, siendo la comarca Ngäbe Buglé la que ocupó el más alto con un 46%, del cual el 62% son mujeres.

Durante 2003 se hizo un muestreo de la población escolar con la participación de las mismas comunidades, para poder detectar la cantidad de niños y niñas que están fuera del sistema escolar. Así se pudo detectar que en el distrito de Mironó existen 4 mil 199 niños y niñas, entre 5 y 15 años, de los cuales mil 890 no asisten a clases.

Alcaldías y Unicef

Frente a estas deficiencias, las alcaldías de David, San Félix y Mironó iniciaron, en coordinación con el Ministerio de Desarrollo Social, un plan piloto con el apoyo de la Unicef que busca crear mecanismos que velen por los derechos de los niños y la adolescencia con el propósito de mejorar su acceso a la educación en los distritos del oriente chiricano.

En Panamá, uno de cada tres niños o niñas no logra terminar la educación básica. La mayoría de estos niños y niñas viven en comunidades rurales e indígenas.

Las comarcas indígenas se destacan por tener una situación de mayor pobreza y exclusión, falta de educación, acceso a servicios de salud, desnutrición y bajo registro civil de niños.

Caso de Juanito

A sus siete años, Juanito Montezuma, quien vive en la comarca, emigró a David con su familia para la cosecha del café. Como no puede laborar en los campos, se muda a David para vender lo que pueda o, simplemente, pedir limosna para llevar algo que comer a su casa.

Se levanta muy temprano, desayuna un pan, en ocasiones café o leche, pues no hay para más. Comparte lo que haya con sus padres y cinco hermanos menores.

Según narró Juanito, en un pobre español, ha vivido esto por dos años. Fue al parvulario, primero y segundo grado, y aprendió a leer y escribir un poco, pero como su familia emigra mucho, incluso a Costa Rica, no es fácil para él terminar el año escolar como los otros compañeritos.

Esta es la realidad que viven algunos niños y niñas, quienes no saben de derechos, de juegos y demás, solo saben de ganar algún dinero para la subsistencia familiar, mientras ven desde una esquina a otros, como ellos, jugando, comiendo y divirtiéndose con sus padres.

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