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INÉDITA SESIÓN PLENARIA EN EL CENTRO DE CONVENCIONES ATLAPA

La cumbre que escuchó la voz de Cuba

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Por primera vez, los representantes de los 35 países del hemisferio se reunieron. Raúl Castro, gobernante de Cuba, en un apasionado y fogoso discurso, defendió la revolución y recordó amargos capítulos de la relación de su isla con el Gobierno de Estados Unidos. Exculpó a Obama de los errores de sus antecesores: ‘Él no tiene responsabilidad ninguna’, argumentó. CORTESÍA Por primera vez, los representantes de los 35 países del hemisferio se reunieron. Raúl Castro, gobernante de Cuba, en un apasionado y fogoso discurso, defendió la revolución y recordó amargos capítulos de la relación de su isla con el Gobierno de Estados Unidos. Exculpó a Obama de los errores de sus antecesores: ‘Él no tiene responsabilidad ninguna’, argumentó. CORTESÍA

Por primera vez, los representantes de los 35 países del hemisferio se reunieron. Raúl Castro, gobernante de Cuba, en un apasionado y fogoso discurso, defendió la revolución y recordó amargos capítulos de la relación de su isla con el Gobierno de Estados Unidos. Exculpó a Obama de los errores de sus antecesores: ‘Él no tiene responsabilidad ninguna’, argumentó. CORTESÍA

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“Ya era hora de que hablara aquí en nombre de Cuba. Hice un gran esfuerzo en reducir el discurso a ocho minutos –tiempo establecido para la intervención de cada presidente–. Como me excluyeron en las otras seis cumbres, tengo 48 minutos”, dijo un risueño Raúl Castro, cuando le tocó el turno de encender el micrófono en la primera sesión plenaria de la VII Cumbre de las Américas.

Estas fueron las primeras palabras de un presidente cubano en un salón junto al resto de los 34 mandatarios de los países del hemisferio occidental. Todos juntos. Frente a frente. En el Centro de Convenciones Atlapa se comenzaba a escribir un capítulo histórico en las relaciones diplomáticas de la región.

El turno de Castro llegó justo después de que el presidente de Estados Unidos (EU), Barack Obama, hablara de la nueva era de las relaciones de su país con la región y, de paso, aprovechó para lanzar un par de aclaraciones a su homólogo ecuatoriano, Rafael Correa. Minutos antes, al sudamericano no le tembló la voz para reprochar en la mesa con forma de ovoide los tratados sobre derechos humanos a los que EU no accedió. Como el Pacto de San José (1969).

El menor de los dos hermanos Castro ordenó los papeles de su discurso, cuyo grosor rozaba el centímetro, se acomodó los lentes, se aclaró la garganta y comenzó. La sala de prensa quedó en silencio casi total, como si alguien hubiera presionado mute.

Durante unos 10 minutos, el presidente cubano dio una clase sobre historia política y diplomática –y bélica– entre su país y EU. “El hostigamiento trae más revolución, y no solo en nuestro continente y Cuba”, advirtió. Las risas y las caras alegres del inicio de su intervención cambiaron rápidamente por silencio y seriedad. Castro no desperdició ni un segundo de los 30 minutos que habló: puso en contexto, contó suceso a suceso cómo se fue desgastando la relación de su país con el que gobierna Obama. Todos –todos– escuchan con atención. Nadie se toma ni una selfie, siquiera.

En 1962, mediante la proclamación 3447, el entonces presidente de EU, John F. Kennedy (1917-1963), estableció el embargo total hacia Cuba, considerando que el gobierno de Fidel Castro era “incompatible con los principios y objetivos del sistema interamericano”. Por momentos, levanta la voz. Por momentos habla suave. A veces se queda callado mirando el techo, eligiendo sus palabras. Golpea la mesa. Enfatiza. Confiesa que cuando habla de la revolución la pasión le brota por la piel.

Después de la clase de historia, cuyos sucesos relató cronológicamente, volvió al presente: “Poco tiempo después del bloqueo, Kennedy intentó contactar a Fidel para hacer lo que Obama y yo hacemos ahora”, destacó. La sala se deshizo en aplausos. Concretamente, ese día fue cuando lo asesinaron en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963. “Le reitero a Obama nuestra disposición al diálogo respetuoso, dentro de nuestras profundas diferencias (...)”, manifestó, e hizo hincapié en que el actual presidente estadounidense es “un hombre honesto” y que “nada de esto fue culpa de él”, que la deuda con su país la tienen los 10 gobernantes que lo antecedieron en el cargo.

“Estas palabras las puse, las quité, las volví a poner, las quité, las dejé, y estoy satisfecho”, confesó Castro. Obama, en tanto, miraba el suelo mientras recibía el intento de piropo del cubano. “Hay que seguir luchando y apoyando al presidente Obama en esa lucha contra el bloqueo. Una cosa son las relaciones diplomáticas, otra el bloqueo”.

Rápidamente le recordó a Obama, de quien ha leído los dos libros autobiográficos, que “Venezuela no es ni puede ser una amenaza para una superpotencia como EU”: reclamó que se derogue la orden ejecutiva, “no porque estemos metidos allí (en Venezuela), porque nos cuentan todo. Lo sabemos porque están pasando lo que sufrimos nosotros”.

Antes de terminar, respaldó la lucha de Argentina con el Reino Unido por las islas Malvinas, los avances sociales en Brasil y se refirió al “invento fabuloso” que es internet y la necesidad de una gobernanza internacional en el ciberespacio. Pidió perdón por el tiempo que habló. Intentó en 30 minutos cubrir 21 años de ausencia.

UN NUEVO ACERCAMIENTO

Fresh ways (nuevas formas), destacó Obama cuando le tocó encender el micrófono, para referirse a la política exterior de su país hacia Latinoamérica. “Debemos tratarnos con respeto en un mismo nivel”, dijo en un tono de voz conciliador, calmado, reflexivo. A medida que avanzaba su discurso fue ganando intensidad y presencia. Hizo hincapié en los mil millones de dólares en asistencia para Centroamérica y el Caribe que solicitó al Congreso. Espera que ayude a los gobernantes a hacer reformas para enfrentar desafíos económicos y de seguridad. Promovió el intercambio de estudiantes entre su país y los del resto de América. Más tarde, en una conferencia de prensa, revelaría que en Jamaica, país que visitó antes de llegar a Panamá, dijo que destinaría $70 millones para ayudar a expandir la educación en Centroamérica y el Caribe.

Esta breve introducción dio paso rápidamente al tema que el hemisferio occidental quiere escuchar desde aquel histórico anuncio del 17 de diciembre de 2014, cuando EU y Cuba anunciaron que iniciarían un proceso para restablecer sus relaciones diplomáticas.

Tiene preparado un discurso, pero no lo lee al pie de la letra, a diferencia de algunos de sus homólogos. Pareciera que son referencias sobre los temas que pretende abordar. Como pocas veces se escucha de un mandatario estadounidense, Obama reconoció los “capítulos oscuros” que tiene la historia de su país y que “EU no ha sido muy consistente en cuanto a derechos humanos”.

“Hazte fama y échate a dormir”, enseñaría el dicho popular. Por eso, continúa el estadounidense, “muchos países usan a EU como excusa para algunos de sus problemas domésticos”. Sin embargo, pidió que no se insistiera en lo sucedido en el pasado y se mirara al futuro, lo que generó cierta desazón entre los periodistas locales e internacionales que están en la sala de prensa. “Como si el pasado no existiera más”, reprochan dos periodistas con aparente acento colombiano.

Las palabras y reflexiones de Obama no variaron mucho desde que llegó al país el jueves por la noche. “Solucionar”, “proponer”, “futuro”, “juntos”, “derechos humanos”, “cambio climático”, “energías renovables”, “crecimiento”, entre otros, se repitieron en las intervenciones que tuvo en los foros en los que participó, como el de empresarios y la sociedad civil.

Antes de terminar su discurso, que duró unos 20 minutos, pronosticó que, al igual que Correa, otros criticarían a su país.

Y así fue cuando se encendió la luz roja del micrófono del presidente venezolano, Nicolás Maduro. “Viene la vaina”, dijeron unos periodistas: volvió el silencio.

EL TERCERO EN CUESTIÓN

Maduro habló sin pelos en la lengua: lamentó que Obama se ausentara de la sala tras el discurso de Castro, pero dijo que lo respeta “a pesar de que ha amenazado a mi patria”. En referencia al estadounidense, hizo hincapié en que “estamos orgullosos de nuestra historia, porque no tenemos sombras, porque nunca hemos bombardeado ni asesinado a pueblos hermanos”.

Cuando llegó a Panamá, lo primero que hizo fue conducir hasta El Chorrillo para recordar junto con la gente del barrio la invasión de EU el 20 de diciembre de 1989. Allí, un comité de las víctimas le entregó una carta con ciertas peticiones para Obama. Él sería el mensajero. La carta pide un “perdón histórico a Panamá” de parte del invasor.

Pero más pronto que tarde trajo a colación el tema que agitó el avispero en Maduro y sus simpatizantes: el decreto “irracional y desproporcionado” por el que EU declara a Venezuela como una amenaza para su seguridad nacional. “Ninguno de ustedes aceptaría un decreto así. Es tragicómico”, diría en su intervención, que acompañó con los dos dedos índices apuntando al vacío cada vez que quería hacer énfasis. Además de los decibeles de su voz.

Fuera de Atlapa, sonaban las cacerolas. Así como se escucharon la noche del viernes, el día que fue inaugurado el foro. Venezolanos residentes en Panamá, desde los edificios contiguos al centro de convenciones, protestaban cacerola en mano desde sus ventanas.

Maduro seguía. Dijo que juntó 11 millones de firmas para que EU derogue el decreto; extendiendo la mano dijo que está dispuesto a tenderle la mano a Obama y le recomendó que no sea como “el señor [George] Bush”.

UNIÓN REGIONAL

Varios de los presidentes de la región que hablaron en la sesión durante la mañana coincidieron en que debe lograrse un “trabajo conjunto” y “cooperación genuina” para enfrentar los retos que implican el combate a la pobreza, la inseguridad personal y el crimen organizado.

El narcotráfico se identificó como un problema radical que impacta a todos los sectores de una nación. Pidieron mayor inversión de parte del sector privado para generar calidad de vida y que la migración, fenómeno que afecta a varios países del cono norte de Centroamérica, sea por elección y no por obligación.

Las posiciones sobre la situación entre EU y Venezuela fueron diversas entre los presidentes, pero los de países como Ecuador y Argentina no dudaron en manifestar su descontento. Pero el gran protagonista de la jornada fue Raúl Castro. Su inédito y emotivo discurso fue el más aplaudido y ovacionado de todos. Por primera vez, Cuba tuvo un micrófono, una silla y su bandera flameando junto a las otras 34. Por primera vez, todos se hablaron de frente en un mismo salón. Por primera vez, la Cumbre de las Américas involucró a los 900 millones de personas que la componen.

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