HORA DE ACTUAR

Acerca de inundaciones y riadas: Arturo Rebollón Hernández

Las inundaciones en los mismos lugares son un problema que se repite todos los años, por eso es inconcebible que ningún Gobierno se haya decidido a darle una solución definitiva.

En un país tropical, como el nuestro, esto tendría que estar bajo control. Podríamos aceptar que nos sorprendieran inundaciones en nuevos lugares, pero no en el mismo lugar, año tras año.

Hay que tomar medidas radicales y hacer el trabajo que se requiere para garantizar que el flujo de agua no sea retenido otra vez, independientemente de si se registra marea alta y demás razones que no vienen al caso.

Hay que hacer una revisión integral de las cuencas susceptibles a inundaciones, planificar y hacer los correctivos necesarios. En algunos casos habrá que expropiar propiedades para mejorar el alineamiento del río o responsabilizar penalmente a los propietarios que han invadido los cauces y las zonas de aliviaderos, donde se almacena temporalmente el exceso de agua sin perjuicio a áreas aledañas. Esto se determina fácilmente con una fotografía aérea.

Hay que mover a la gente que vive en los bajos de los ríos (aunque sea a la fuerza), incorporar esas áreas al cauce del río mediante la excavación y relleno de las áreas adyacentes, ampliando los cauces, protegiendo los taludes, confeccionando sobreanchos (aliviaderos) para captar temporalmente el exceso de la descarga de agua, suavizando las curvas del río, pavimentando el fondo y los taludes, programando y cumpliendo con la limpieza y el mantenimiento de cauce.

Darle solución definitiva a estos problemas es impostergable y es una responsabilidad de los gobiernos hacerlo, sin limitarse solo a dar paliativos como el suministro de colchoncitos y frazadas.

Ante estas emergencias se acude al Sinaproc para que ayude a los damnificados, pero la responsabilidad de solucionar, definitivamente, el problema es del Ministerio de Obras Públicas. Supuestamente, en esa entidad hay una sección que se dedica a la aprobación de planos de las construcciones colindantes a los ríos y a las quebradas; es hora de que quienes allí laboran realicen el trabajo que justifica su existencia, si no tienen personal o equipo, que lo digan y lo reclamen.

Debe evaluarse seriamente la permanencia en la institución de los funcionarios que sean incapaces de hacer su trabajo o de aquellos que no tengan la entereza de pedir lo que se necesita para hacerlo y justifican, con excusas, su ineptitud. Si no lo hacen, el único culpable será el ministro del ramo, por no hacer los correctivos a tiempo. Ya basta de excusas y cuentos, hay que dar soluciones definitivas.

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