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DESPERDICIO

Agua que no has de pagar...: Rolando Anguizola B.

Señores de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), apreciado Jorge Luis Quijano, está prohibido olvidar las sequías de 1972, 1982, 1998, en especial, de este año 2015.

Dios nos avisa que urge aumentar la reserva de agua de los grandes lagos para el servicio futuro del Canal y de la creciente población panameña. La decisión está en manos de la ACP.

El Gobierno central no moverá un dedo, pero rezará por un milagro divino. ¿No fue también un milagro el que el istmo de Panamá fuese bendecido con abundantes lluvias, durante millones de años? Eso fue así hasta que cierto mes de diciembre llegó un visitante bautizado como el fenómeno de El Niño, cuya aparición coincidió con la Navidad, época en la que empieza la temporada veraniega. Ocurre cada 10 o 20 años y los científicos no logran predecir con certeza este comportamiento errático del clima, caracterizado por sequías que reducen el caudal de los ríos y quebradas. En consecuencia nos estamos quedando secos, como gorgojos, la comida escasea, las siembras y el ganado mueren de sed y surgen amenazas de ruina en la industria canalera.

Sin embargo, el derroche de agua está impreso en el ADN del panameño, con sequía o no, bañamos al chiquillo, lavamos ropa, carros y regamos patios con mangueras. Como algo paradójico, los que más botan agua potable son los funcionarios del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan) cuyas estadísticas indican que se potabilizan 350 mil millones de galones cada 24 horas, pero por diferentes causas se pierde casi la mitad, es decir 150 mil millones de galones. En la guerra, un tullido no puede llevar el estandarte del triunfo. El soldado anónimo del Idaan opera, con las uñas, una exigua facturación de 80 centésimos de dólar por mil galones al cliente, un cobro ridículo que no cubre el costo de producción y que solo paga el segmento de población de los barrios pudientes.

El Idaan contribuye al desastre porque legalmente no controla las políticas del agua, por el contrario, la politiquería tradicional hace que esa entidad enfrente duras críticas por las roturas, la morosidad, el despilfarro y el suministro gratis a centenares de miles de familias marginales. En ocasiones vemos a los más altos funcionarios del Estado llorando cifras rojas que ellos mismos contribuyen a perpetuar, por falta de civismo o mera cobardía de clase política. La responsabilidad de este creciente desastre corresponde a los gobiernos incapaces de encarar y resolver la crisis.

Está bien que las familias pobres paguen menos, pero tal como sucede con el servicio eléctrico y de telefonía, para evitar el despilfarro cada usuario debe ser obligado a pagar su consumo, nada de bañar al perrito con la manguera del jardín… Sueño de opio, ni este ni el próximo gobierno hará la revolución del agua, El Niño pasa y será olvidado, bañaremos al chiquillo, lavaremos autos y regaremos los patios a grifo abierto… hasta que llegue la próxima gran sequía.

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