EL MALCONTENTO

Ajustes históricos: Paco Gómez Nadal

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Ajustes históricos: Paco Gómez Nadal

Ajustar cuentas con la “historia” a veces es tan maniqueo como escribir “la historia”. Las élites de todos nuestros países lo saben. No hay élite sin “una historia”. Normalmente, aunque con honrosas excepciones, nuestras élites son herederas de una historia turbia de acumulación, latifundios, connivencia con los invasores (españoles, colombianos o gringos), explotación de sus trabajadores o cercanía interesada con los poderes para hacer negocio. Serían inexplicables, de no ser así, sus fortunas, su poder. Por eso las élites, cuando llegan al poder político (algo a lo que se han aficionado en los últimos años), suelen hacer mucho ruido con las “otras historias” para que no se hable de la de ellos. Ajustan cuentas con la historia para que se olvide la suya y, a tenor de los resultados, la estrategia es buena.

Anda Juan Carlos Varela haciendo justicia histórica. Nadie podrá negar que ha sido el primer presidente panameño que homenajea a las víctimas de la invasión estadounidense y el primero que se ha atrevido a recordar de forma pública a los fusilados en la masacre “oficial” de Albrook. El problema es que los ajustes de cuentas sin justicia, sin reparación y sin establecer las medidas que supongan la garantía de no repetición no dejan de ser brindis al sol, actos vacíos que corresponden más a una estrategia de marketing que a un plan de restauración o de reparación de las víctimas. Cuando Varela realizó el acto en homenaje a las víctimas de la invasión prometió un plan de reconciliación nacional: generalidades también que no se han plasmado en nada. Seguimos sin conocer la verdad, sigue sin haber justicia (Noriega fue juzgado por Estados Unidos, no por Panamá; Noriega solo no pudo hacer todo, tuvo cómplices en muchas capas de la sociedad panameña). Varela adapta su discurso a las circunstancias para que la memoria histórica no le alcance.

¿Recuerdan cuando era el orgulloso vicepresidente del gobierno Martinelli? Entonces aseguró con firmeza (vía Twitter, que esa era el estilo de la época) que Noriega debía cumplir su sentencia en la cárcel. Hace unos meses, cuando al exdictador le dio por pedir disculpas a medias, Varela aseguró que Panamá debía perdonar al anciano. Este fin de semana, en los actos por los caídos de Albrook, dio un nuevo giro y le dio por pedir a Noriega que pida disculpas otra vez. ¿Bipolar? No, no lo creo. Este es el tipo de memoria que alimentan las élites y Varela es un digno representante de esta.

Estos juegos de distracción tienen varios efectos beneficiosos sobre la élite. Por una parte, como nunca vamos a presenciar un trabajo de verdad y justicia serio, todos aquellos que se lucraron, se posicionaron o empujaron al régimen militar (muchos de ellos son ahora prohombres de la sociedad panameña) pueden estar tranquilos. El ajuste de cuentas es con “la historia” oficial, no con ellos y ellas. Por otra, la amnesia que fomenta esta memoria fragmentada protege la “historia” mitificada alrededor del origen y nacimiento de nuestras élites. Nadie se va a parar a investigar de dónde proviene, por ejemplo, la fortuna del presidente. El mismo presidente que en la Conferencia Mundial del Trabajo de la OIT del pasado junio dijo que “el desarrollo no se trata solamente de acumular riqueza”, confesaba en su parcial y también fragmentaria declaración de bienes que acumula unos 30 millones de dólares. Nadie se va a parar a investigar la relación de Varela con la red de lavado de activos procedentes de las apuestas ilegales que pagó su yate de 2.5 millones de dólares (por cierto, cuando era vicepresidente de la cosa nostra de Martinelli). Nadie se va a preguntar cómo en su declaración de bienes no aparece ningún vehículo (terrestre) ni segunda residencia. Y seguro que nadie indagará sobre el origen de la fortuna familiar de Varela Hermanos y su estrecha relación con otros empresarios del patio que ya se han beneficiado ampliamente de estos dos años de gobierno.

Pongo el ejemplo de Varela, pero en realidad es solo el hombre visible de este pequeño club de amigos que manejan el país a su antojo y en cuya “historia” Martinelli solo fue un error, una disfuncionalidad, un advenedizo que se salió de control.

“El desarrollo no se trata solo de acumular riqueza”, pero la riqueza sí se trata de un modelo concreto de desarrollo que excluye a las mayorías y privilegia al club privado. Y, mientras, para despistar, rezamos en público, abrazamos a los pobres y hacemos actos de justicia histórica. El problema, como siempre, es que la historia la escriben los manzanillos del club de la élite y al resto… al resto le toca aprenderla de memoria en sus pobres escuelas.

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