TRAYECTORIA

¿Por qué involucrarnos con Amigos de Varela?: Isabel Saint Malo de Alvarado

En mi vida profesional tuve el privilegio de interactuar, desde un organismo internacional, con todos los gobiernos que hemos tenido en democracia, promoviendo la construcción de acuerdos nacionales, con la más amplia participación ciudadana. Este camino me permitió conocer de cerca los liderazgos de diversos partidos políticos, ministros de Estado, presidentes y autoridades de toda índole.

Fue en uno de estos esfuerzos, la Concertación Nacional para el Desarrollo, convocada por el presidente Martín Torrijos, que pude conocer a Juan Carlos Varela en su calidad de líder del partido de oposición más importante en el momento. El entonces presidente del Partido Panameñista, en lugar de tomar el camino fácil de no participar del esfuerzo de diálogo, camino que vi a muchos otros en oposición tomar en diversos momentos, asumió el reto de participar en un esfuerzo convocado por el gobierno de un partido opositor, su mayor opositor. Su participación fue de altura, en ningún momento politiquera, defendiendo los más altos intereses nacionales y de esto puede dar fe el resto de los participantes.

Ya, en su calidad de vicepresidente de la República, en el marco de las protestas y lamentables hechos ocurridos en Bocas del Toro en el año 2008, como resultado de la aplicación de la Ley 30, mejor conocida como “Ley Chorizo”, el entonces vicepresidente solicitó mi participación como facilitadora del recién acordado diálogo, según el cual se ponía fin a las protestas que dejaran muertos y heridos. Luego de reflexionar ante tan importante reto, consideré que me correspondía asumirlo y tratar, humildemente, de aplicar algo de lo aprendido en mis años con el PNUD, a fin de intentar sostener un diálogo amplio, transparente, participativo y democrático. Mi única condición expresada al vicepresidente en ese momento, fue que como facilitadora sería independiente, definiría la metodología en consulta con los participantes, llevaría la mesa según las normas aprobadas por estos y bajo ninguna circunstancia sería mi tarea la de representar al Gobierno, negociar por este o impulsar sus posiciones, entendiendo que esto reñía con la labor que se encomendaba.

Fueron tres meses duros por decir lo menos, la tranquilidad nacional colgaba de un hilo y el diálogo parecía no avanzar por momentos y desfallecer por otros. Hubo dos pilares que me sostuvieron y me dieron el marco para actuar como facilitadora independiente y llevar el esfuerzo a buen término; las iglesias, representadas en la Iglesia católica y el Comité Ecuménico y el vicepresidente de la República, Juan Carlos Varela.

Este último, a pesar de posiciones encontradas a lo interno del Gobierno, mantuvo siempre su compromiso de permitirme actuar según mi criterio y con independencia, para asegurar que el diálogo se llevara según los valores acordados. Esta es mi experiencia con Juan Carlos Varela. Nunca pensé que me vería involucrada apoyando un esfuerzo político. Mi trayectoria ha sido y seguirá siendo siempre la de trabajar por mi país y en esa línea he estado y estoy dispuesta a trabajar con cualquier partido y cualquier candidato, siempre y cuando coincidamos en los valores democráticos en los que creo y a los cuales he dedicado toda mi vida profesional.

El país vive momentos difíciles, nuestra institucionalidad democrática, que ya era débil, se resquebraja cada vez más, no se percibe la tan necesaria separación de poderes y respeto a las normas y el Estado al servicio de unos pocos es evidente. Necesitamos, con urgencia, un líder transparente, que esté dispuesto a enfrentarse en defensa de esos valores que respetamos y que esté, sobre todo, comprometido con este país y con su gente.

Me tomó algo de tiempo tomar la decisión de involucrarme con Amigos de Varela, un grupo de personas quienes de manera formal y estructurados en mesas de trabajo, estamos trabajando en una propuesta de gobierno para Juan Carlos Varela, porque créame amigo lector, la política está tan desprestigiada en nuestro país que lo menos arriesgado es mantenerse al margen. No obstante, estoy convencida de que lo más arriesgado para el país es que quienes apostamos a que la política y los políticos cambien, nos quedemos cruzados de brazos esperando a que se dé el milagro. El tiempo dirá si acerté o no al sumarme a este esfuerzo, pero me quedará la conciencia tranquila de haber hecho mi mejor esfuerzo para lograr que un panameño decente vuelva a tomar las riendas de nuestro querido Panamá.

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