GENTE COMPETENTE

¿Amiguismo político o educación?: Dante Domínguez

¿Vale la pena estudiar en Panamá? La pregunta podrá sonar radical, y su respuesta muy obvia. Pues claro que vale la pena. Estudiar te da la oportunidad de mejores empleos y es la única manera de salir adelante. Son las respuestas más comunes que damos.

A final de cuentas, la educación es una actividad para cultivar el capital intelectual y promover la conciencia social, ¿Cómo se podría considerar una pérdida de tiempo estudiar? ¿Realmente vale la pena hacerlo en Panamá? Según los gobiernos, al parecer, no (salvo que existiese alguna licenciatura en “manzanillería”). Y es que vemos cómo los directores de instituciones gubernamentales y autoridades nacionales, etc., son personas cuyo único mérito es ser alfombra de los dirigentes políticos.

Tomemos como ejemplo una situación actual: Grimaldo Córdoba. ¿En qué momento alguien cuestionó la veracidad de sus “estudios académicos”? Es una cara conocida, “muy querido”, dirán algunos que intentan justificarlo. “Cualquiera comete un error, somos seres humanos”, agregarán sus defensores. Pregunto, si yo tuviese un hijo, y con mucho esfuerzo le ayudara con los gastos universitarios y fuera testigo de todas las noches que pasa en vela preparándose para cumplir académicamente, ¿me gustaría que alguien, por el simple hecho de ser querido por su gente, le robara (porque es un vil robo) su oportunidad de ejercer en el campo para el que estudió?

Otro ejemplo es la Autoridad Nacional de Administración de Tierras (Anati). Habiendo tantos topógrafos, ingenieros civiles, industriales e infinidad de personas preparadas y aptas, pero sin oportunidades de ejercer, la Anati decide nombrar como directores regionales a personas que ni siquiera poseen estudios técnicos, mucho menos licenciaturas o ingenierías. ¿Cómo se sentirá aquel topógrafo o ingeniero con tantos conocimientos, preparación y años invertidos en su educación, siendo subordinado de individuos que, de a malas, saben escribir bien? A esos nunca les interesó terminar una carrera universitaria, porque apostaron por la vía más fácil, ser manzanillos políticos.

Según los gobiernos y sus políticas (cultura del amiguismo), no vale la pena estudiar. Al parecer, invertir infinidad de años para adquirir cocimientos académicos no vale de nada, porque al final si no somos amigos de la persona correcta, es imposible ejercer en el Gobierno.

Estamos como estamos, porque el Gobierno no posee perfiles predefinidos de colaboradores para sus instituciones. Se desvalora la preparación académica y la experiencia en pro de los rostros más conocidos. Pareciera que la educación no es la solución a la pobreza. La solución es invertir toda una vida, lamiendo las botas de los políticos.

Pobre de mi amado Panamá y sus fines de la educación. Aquellos fines que de forma muy inocente idealizan el objetivo de la educación, y se enfocan en el bienestar del país, en los valores y en la calidad educativa en pro del desarrollo nacional. Simples nociones que algún idealista ignorante de la vida redactó, mera ficción para un pueblo que, a conciencia, baja la mirada y se deja someter a injusticias.

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