LA HISTORIA SE REPITE

Arnulfo, cual Cid Campeador: Jorge Gamboa Arosemena

Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, vivió una España dividida y acosada por el moro extranjero. Su brazo y sus espadas, Tizona y Colada, no descansaron sino hasta 1099, cuando ganó su última batalla ya muerto, montado o mejor dicho, amarrado en su caballo Babieca. Valencia era atacada por los moros y cuenta la historia o la leyenda que sus compañeros lo ataron a su caballo y lo enviaron al frente de batalla, que por su fama de guerrero invencible, hizo correr al enemigo.

Por cuestiones de la dialéctica histórica, la joven Panamá, dividida y acosada por extranjeros y panameños sin valores, obliga a ciudadanos comprometidos a reclamar respeto y dignidad, creándose Acción Comunal allá por 1923. Ya para 1931, Arnulfo Arias, junto a tantos otros patriotas insurreccionan el país y hacen la revolución que, por ser almas nobles, ceden a la presión para supuestamente constitucionalizar el movimiento.

La lucha era contra la oligarquía rapaz, aupada por los gringos y con su instrumento, la institución armada. Así fue en 1941, 1951 y 1968 que los mismos tres actores históricos se coluden para derrocar a este político nacionalista y comprometido social. Hoy la historia se repite en espiral, como reza la frase célebre de Arnulfo Arias. Pero ya está muerto desde hace 23 años. Su Panamá sigue acosada por hijos que solo la ven como negocio para usufructuar en beneficio propio, entregados a intereses foráneos y por la remilitarización, elementos que siguen atentando contra el bien común.

Esta dialéctica histórica le abre una nueva oportunidad a Arnulfo Arias, ya que Mireya Moscoso refiere verse obligada a trasladar sus restos a una nueva morada en su nativa Penonomé, razón por la cual la exhumación y traslado va a ser aprovechada para rendirle una serie de homenajes póstumos, luego que su pueblo, en 1988 le brindó el funeral más apoteósico rendido a panameño alguno, a pesar de estar bajo el régimen que lo había derrocado.

Cual Cid Campeador, Arnulfo después de muerto debe ganarle a un gobierno antipanameñista, por antinacional, militarista y oligárquico, dirigido por el que parece ser la reencarnación de uno de sus enemigos, José Antonio Remón Cantera, politicastro autócrata que llegó a presidente por votos, en 1952.

Remón concentró todos los poderes desde antes, cuando en noviembre de 1949, al borde de ser removido de la comandancia de la Policía por acciones censurables, permite un recuento de votos que lleva a Arias a la presidencia después de un fraude. Pero año y medio después, 10 de mayo de 1951, lo derroca cruentamente, devolviendo el poder a la oligarquía a la que Remón servía y pertenecía por vocación.

Proporciones guardadas, por sus objetivos y prácticas, Martinelli parece reeditar a Remón y Arnulfo Arias debe, como el legendario Cid Campeador, ganarle la batalla, no solo a Martinelli, sino a lo que él representa.

Esos actos de exhumación y traslado, mas no funeral, porque no se puede hacer dos veces funerales a un difunto que ya se le hizo un funeral, deben producir la unificación del panameñismo con la doctrina de Acción Comunal, esa enunciada por Arias el 22 de diciembre de 1939, que resumida era: Panamá para los panameños, en función de los más pobres, situaciones de las que el panameñismo se ha alejado por dirigentes que han perdido la brújula política.

Ya infinidad de panameñistas, molirenas, civilistas e independientes, abierta o discretamente tildan a Martinelli, si no de dictador, por lo menos de autócrata, que para los efectos es lo mismo, por todos los controles que tiene y con su actitud de hacer lo que quiere por encima de Constitución, leyes y prudencia.

Bueno es culantro pero no tanto. Sería inconcebible que en un homenaje póstumo a Martin Luther King, hable un Ku Klux Klan, o que en un acto recordatorio de Hugo Spadafora hable una hija de Noriega o en acto a Omar Torrijos llegue Mireya Moscoso. Mientras no se den una serie de presupuestos, el agua y el aceite no se mezclan.

En los actos de traslado de los restos del Dr. Arnulfo Arias no pueden estar quienes profesan posiciones políticas disímiles bajo el subterfugio de rendirle honores. Aquellos llamados torrijistas, o esos que no creen en el nacionalismo y la democracia y que han maltratado e irrespetado a panameñistas, no pueden, cínicamente, estar en un homenaje póstumo al mayor exponente de la doctrina panameñista.

¿O, qué es panameñismo?...

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