EL MALCONTENTO

Bab Giakwa busca pila bautismal: Paco Gómez Nadal

Estos “indios” no se enteran. Insisten en pintar al heroico Vasco Núñez de Balboa como un rufián cuando lo que ocurre es que tienen envidia... envidia de sus barbas, envidia de sus caballos, envidia de su poderoso falo conquistador, envidia de su pila bautismal. Reconozcan que es lo máximo que la pila bautismal de uno cobre tanta importancia 538 años después de haber nacido. Claro, que a saber si la famosa pila es la que fue o un pedazo de piedra extremeña bautizada como tal cuando el paje pasó a ser “adelantado” y había que (re) construir su propio mito de origen.

En realidad, el pobre Balboa importa poco en toda la historia esquizofrénica que se representa esta semana en Panamá y que pasa totalmente inadvertida en su España de origen, tan desagradecida siempre con los que forjaron su “grandeza” de otrora. El señor hizo lo que tantos otros en su época: servir a la codicia y a la rapiña con la mayor crueldad posible (en el siglo XXI le llamaríamos efectividad). Fueron otros los que lo rescataron de olvido. Explica en un ensayo muy lúcido Félix Javier Chirú Barrios, que al inicio del siglo XX Panamá estaba escaso de héroes, de memoria mítica para construir el armazón histórico que justificara una gesta independentista puesta en duda y convencer a sus ciudadanos de que podían asirse a una línea histórica de próceres meritorios. Ahí aparece Núñez de Balboa: el español que ensanchó el imperio colonial y, de alguna manera, el primer panameño sin saber que lo estaba siendo.

Las conmemoraciones históricas de héroes o de gestas son lo más parecido a una fiesta infantil contratada en el centro comercial de moda. Se prepara una gran mentira de attrezzo espectacular para hacer creer a los niños que la vida es una especie de paraíso construido de golosinas donde nada duele y donde es la fiesta y el amor lo que dirige nuestro destino. Los políticos saben, desde que Roma lo acuñó, que nos gusta “el pan y circo” y que no hay nada como los fastos del pasado para olvidar a los nefastos del hoy.

Los gringos falsean cada año su hazaña independentista para eliminar de la memoria a los piratas, los cimarrones y los desterrados irlandeses que expulsaron al Reino Unido con constancia y violencia de ese territorio. Los países vecinos hacen lo propio al conmemorar unas independencias plagadas de vendettas, de intereses de poderosos señores criollos y de promesas incumplidas a los revolucionarios negros de Haití o a los indígenas que engrosaron las filas de los ejércitos “liberadores”.

Panamá no iba a ser menos. Vasco Núñez de Balboa es una disculpa, una cortina de humo útil para celebrar la nada, ocultar el todo y gastar plata. Pero, fundamentalmente, y aquí está lo grave del asunto, es la prueba de que la colonialidad sigue carcomiendo la estructura de una sociedad que no se ha podido liberar de la (s) metrópoli (s) ni cultural ni económicamente. Para ello, se inventan un Balboa “mejor” que otros conquistadores, aunque el nada sospechoso de radical de Bartolomé de las Casas escribiera que: “la costumbre de Vasco Núñez y su compañía era dar tormentos a los indios que prendían, para que descubriesen los pueblos de los señores que más oro tenían y mayor abundancia de comida: iba de noche a dar sobre ellos a fuego y sangre... Escribió Vasco Núñez al Almirante que había ahorcado 30 caciques y había de ahorcar cuantos prendiese”.

Está más que escrito, lean a Arysteides Turpana, cómo el oloroso “adelantado” no descubrió nada, sino que tuvo la suerte de toparse con el dule Bab Giakwa (Panquiaco), que fue el que le mostró lo que los de aquí sabían desde siempre: la existencia de un inmenso y poderoso mar al que él rebautizó como Mar del Sur. A Bab Giakwa lo que le faltó es una pila bautismal: que siendo un bárbaro desconocedor de la única fe posible no se puede ser ni héroe nacional ni anverso de una moneda de entidad.

Los “indios” andan tratando de construir la pila bautismal de Bab Giakwa y yo me alegro. Esa pila es la de la dignidad y la memoria histórica; esa pila es la de la reescritura de la historia desde su perspectiva; esa pila es la de denunciar que las autoridades, los libros de texto de las escuelas y el discurso mediático general siguen permeados hasta la médula de colonialidad. Frente a la actitud arrastrada y mentirosa de los que esta semana jalearán el “avistamiento” del Mar del Sur, frente al vergonzoso despilfarro en la celebración de una Cumbre Iberoamericana marcada por el colonialismo y la falta de democracia, frente a la estupidez de los que fotocopian el discurso hegemónico y le ponen su firma.... Me quedo con los ignorantes “indios”, reivindico el “salvajismo” frente a la decadente modernidad occidental y me doy un relajante baño de burbujas en la pila bautismal del conquistador. Bab Giakwa ya encontró una más digna.

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