CAMBIAR EL RUMBO

¡Basta ya!, por Panamá: Irma J. González T.

Los eventos sociopolíticos ocurridos durante estos últimos años en nuestro país, y con más énfasis en los últimos meses, nos obligan a detenernos y a preguntar: ¿Hacia dónde conducimos el Estado?

Ya no son otros los que (como decíamos antaño) mancillan a la patria noble. Somos los propios panameños los que hemos construido grandes obras físicas, pero también hemos socavado la nacionalidad al destruir, en franca complicidad ciudadana (unos por acción, algunos por omisión y otros por comisión), la hermosa y desinteresada tierra que nos vio nacer.

También destruimos los valores heredados de nuestros antecesores; la justicia y la gallardía para ejercerla; el sentido de humanidad, honradez, responsabilidad, conciencia nacional y amor a la patria, solidaridad y honestidad; el respeto a la ley y al hermano; la dignidad personal, familiar y nacional y el sueño de un futuro mejor para todos.

Pareciera que, anestesiados, estamos viendo una película ajena a nuestras propias vidas. Que la podredumbre emite miasmas y pestilentes olores que no nos afectan.

¡Alto, conciudadanos! Detrás de ese crecimiento físico selectivo no hay espacios para el sano y equilibrado desarrollo del ser humano.

El imperante enanismo que se ha extendido como el musgo, no sirve de estrato para edificar el gran país.

¿Qué otro fondo queremos tocar, para reaccionar y corregir el rumbo?

¿Cuándo retomaremos el camino de la justicia, la verdad, el respeto por lo humano, la responsabilidad ciudadana y la defensa del bien común?

A cada cual le toca hacer un alto y, desde su puesto de acción, en donde esté, desde su condición –edad, género y ocupación– elija la luz y deje atrás el oscurantismo del “juega vivo”; la inacción que espera que otro resuelva; la actitud crítica sin oferta de solución; la irresponsabilidad de comprar al otro o venderse; el apropiarse de lo ajeno; la complicidad para delinquir; la asociación para evadir la ley.

Toda esa opacidad solo acarrea, de forma inevitable, desventura. La inequidad y la falta de ejercicio de lo justo arrasan con lo que encuentran a su paso, sin esquivar a inocentes.

La naturaleza de cuanto existe tiende a la homeostasis. Si no hacemos ahora lo necesario para corregir el rumbo, los pesos y contrapesos buscarán su propio equilibrio dinámico.

¡Basta ya! ¡Panamá merece justicia, unión y paz! Corrijamos el rumbo, por esta patria que nos ha dado muestras de amor fecundo a todos.

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